<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://agitadoresculturales.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Agitadores culturales</title><description>Agitadores Culturales es un espacio abierto a la difusi&#xF3;n y reflexi&#xF3;n sobre la cultura y la gesti&#xF3;n cultural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribe tu art&#xED;culo, comentario o propuestas de trabajo sobre cultura y su gesti&#xF3;n en Agitadores Culturales</description><link>https://agitadoresculturales.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>EL MALESTAR EN LOS ESTUDIOS CULTURALES</title><link>https://agitadoresculturales.blogia.com/2007/011201-el-malestar-en-los-estudios-culturales.php</link><guid isPermaLink="true">https://agitadoresculturales.blogia.com/2007/011201-el-malestar-en-los-estudios-culturales.php</guid><description><![CDATA[<h2 style="text-align: justify"><br /></h2>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong>N&Eacute;STOR GARC&Iacute;A CANCLINI, El malestar en los estudios culturales</strong><br /> <br /> No encuentro un t&eacute;rmino mejor para caracterizar la situaci&oacute;n actual de los estudios culturales que la f&oacute;rmula inventada por los economistas para describir la crisis de los a&ntilde;os ochenta: estanflaci&oacute;n, o sea, estancamiento con inflaci&oacute;n. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se multiplican los congresos, libros y revistas dedicados a estudios culturales, pero el torrente de art&iacute;culos y ponencias casi nunca ofrece m&aacute;s audacias que ejercicios de aplicaci&oacute;n de las preguntas habituales de un poeta del siglo XVII, un texto ajeno al canon o un movimiento de resistencia marginal que a&uacute;n no hab&iacute;an sido reorganizados bajo este estilo indagatorio. <br /> <br /> La proliferaci&oacute;n de peque&ntilde;os debates amplificados por internet puede dar la apariencia de dinamismo en los estudios culturales, pero &ndash;como suele ocurrir en otros &aacute;mbitos con la oferta y la demanda&ndash; tanta abundancia, circulando globalizadamente, tiende a extenuarse pronto; no deja tiempo para que los nuevos conceptos e hip&oacute;tesis se prueben en investigaciones de largo plazo, y pasamos corriendo a imaginar lo que se va a usar en la pr&oacute;xima temporada, qu&eacute; modelo nos vamos a poner en el siguiente congreso internacional.<br /> <br /> Hay, sin embargo, algunos productos que escapan a ese mercado, a estos desfiles vertiginosos. Despu&eacute;s de veinte o treinta a&ntilde;os de estudios culturales, es posible reconocer que esta corriente gener&oacute; algunos resultados mejores que la &eacute;poca de fast- thinkers en que le toc&oacute; desenvolverse.<br /> <br /> Unas cuantas investigaciones han contribuido a pensar de otro modolos v&iacute;nculos con la cultura y la sociedad de los textos literarios, el folclor, las im&aacute;genes art&iacute;sticas y los procesos comunicacionales. En algunos casos, sobre todo en Am&eacute;rica Latina, al estudiarse conjuntamente la interacci&oacute;n de estos campos disciplinarios con sucontexto se viene produciendo una renovaci&oacute;n de las humanidades y las ciencias sociales. <br /> <br /> En Estados Unidos, los cultural studies han modificado significativamente el an&aacute;lisis de los discursos, dentro del territorio human&iacute;stico, pero son escasas las investigaciones emp&iacute;ricas: en esa especie de enciclopedia de esta corriente que es el libro coordinado por Lawrence Grossberg, Any Nelson y Pamela Treichler, no se encuentra a lo largo de sus 800 p&aacute;ginas casi ning&uacute;n dato duro, gr&aacute;ficas, muy pocos materiales emp&iacute;ricos, pese a que varios textos hablan de la comunicaci&oacute;n, el consumo y la mercantilizaci&oacute;n de la cultura. De sus cuarenta art&iacute;culos ni uno est&aacute; dedicado a la econom&iacute;a de la cultura. Ante tales carencias es comprensible que muchos cient&iacute;ficos sociales desconf&iacute;en de este tipo de an&aacute;lisis.<br /> <br /> El otro aspecto cr&iacute;tico que deseo destacar es que la enorme contribuci&oacute;n realizada por los estudios culturales para trabajar transdisciplinariamente y con procesos interculturales &ndash;dos rasgos de esta tendencia&ndash; no va acompa&ntilde;ada por una reflexi&oacute;n te&oacute;rica y epistemol&oacute;gica. Sin esto &uacute;ltimo, puede ocurrir lo que tantas veces se ha dicho de los estudios literarios, del folclor y de otros campos disciplinarios: que se estancan en la aplicaci&oacute;n rutinaria de una metodolog&iacute;a poco dispuesta a cuestionar te&oacute;ricamente su pr&aacute;ctica.<br /> <br /> Creo que los estudios culturales pueden librarse del riesgo de convertirse en una nueva ortodoxia fascinada con su poder innovador y sus avances en muchas instituciones acad&eacute;micas, en la medida en que encaremos los puntos te&oacute;ricos ciegos, trabajemos las inconsistencias epistemol&oacute;gicas a las que nos llev&oacute; movernos en las fronteras entre disciplinas y entre culturas, y evitemos "resolver" estas incertidumbres con los eclecticismos apurados o el ensayismo de ocasi&oacute;n a que nos impulsan las condiciones actuales de la producci&oacute;n "empresarial" de conocimiento y su difusi&oacute;n mercadot&eacute;cnica. Lo digo as&iacute; para insinuar que el &eacute;nfasis te&oacute;rico epistemol&oacute;gico, al que me limitar&eacute; por restricciones de tiempo, no puede hacernos olvidar que nuestras incertidumbres est&aacute;n relacionadas con la descomposici&oacute;n del orden social, econ&oacute;mico y universitario liberal, con la irrupci&oacute;n y las derrotas de movimientos sociales cuestionadores en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y con el desmoronamiento de paradigmas pretendidamente cient&iacute;ficos que guiaron la acci&oacute;n social y pol&iacute;tica. Se ver&aacute; al final que esta revisi&oacute;n te&oacute;rica tiene consecuencias en uno de los territorios al que los estudios culturales ha prestado m&aacute;s atenci&oacute;n: la construcci&oacute;n del poder a partir de la cultura.<br /> <br /> <strong>&iquest;C&oacute;mo narramos los desencuentros?</strong> <br /> <br /> Quiero situar estas preocupaciones en relaci&oacute;n con procesos de fin de siglo que por el momento, para entendernos, voy a sintetizar como las estrategias de construcci&oacute;n, circulaci&oacute;n y consumo de estereotipos interculturales. Llegu&eacute; a este asunto luego de estudiar varios a&ntilde;os las pol&iacute;ticas culturales y su transformaci&oacute;n en el contexto de libre comercio e integraci&oacute;n regional y global.<br /> <br /> Desde que comenz&oacute; a gestionarse el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, M&eacute;xico y Canad&aacute;, as&iacute; como otros posteriores entre pa&iacute;ses latinoamericanos (Mercosur, Grupo de los Tres, etc.) y de &eacute;stos con Estados Unidos, es evidente que estos acuerdos no s&oacute;lo liberalizan el comercio, sino que conceden aunque sea un peque&ntilde;o lugar a cuestiones culturales, se acompa&ntilde;an con un incremento del intercambio sociocultural multinacional y favorecen actividades que antes no exist&iacute;an o eran d&eacute;biles. Se est&aacute;n haciendo nuevos convenios entre empresas editoriales y de televisi&oacute;n, entre universidades y centros art&iacute;sticos de varios pa&iacute;ses, e innumerables reuniones sobre la articulaci&oacute;n de programas educativos, cient&iacute;ficos y art&iacute;sticos de las naciones involucradas. Est&aacute;n cambiando las im&aacute;genes que cada sociedad tiene de las otras y las influencias rec&iacute;procas en los estilos de vida.<br /> <br /> &iquest;Con qu&eacute; instrumentos intelectuales enfrentamos esta situaci&oacute;n? En los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os se han escrito muchos art&iacute;culos y desarrollado pol&eacute;micas sobre los nuevos procesos culturales &ndash;sobre todo a nivel period&iacute;stico&ndash; por parte de intelectuales, funcionarios p&uacute;blicos y empresarios. Pero pocos se preguntan si los instrumentos y modelos conceptuales empleados en el pasado sirven para analizar la nueva etapa. En Estados Unidos y en los pa&iacute;ses latinoamericanos se est&aacute;n revisando las pol&iacute;ticas culturales, pero raras veces toman como eje este novedoso proceso de integraci&oacute;n; apenas reorganizan sus instituciones culturales de acuerdo con el adelgazamiento de los presupuestos estatales y seg&uacute;n criterios empresariales. <br /> <br /> De manera que los an&aacute;lisis del intercambio cultural no se apoyan en un paradigma consistente, adecuado a la situaci&oacute;n de fin de siglo, sino sobre la funci&oacute;n de la cultura en la interacci&oacute;n entre todas estas sociedades. Sin pretender ser exhaustivo, voy a referirme a dos narrativas que quiz&aacute; sean las m&aacute;s influyentes.<br /> <br /> 1. La inconmensurabilidad ideol&oacute;gica. Este primer relato aparece en debates sobre el libre comercio en Am&eacute;rica del Norte que tienen en cuenta la cultura y las comunicaciones no s&oacute;lo como parte de los intercambios econ&oacute;micos sino tambi&eacute;n como claves para los logros o fracasos de tales interacciones. La compatibilidad en los estilos culturales de desarrollo es considerada un ingrediente b&aacute;sico para realizar cualquier integraci&oacute;n multinacional y para que se desenvuelva con &eacute;xito. Algunos autores jerarquizan "la similitud en las orientaciones hacia la democracia" y la coincidencia o convergencia de las modalidades de desarrollo econ&oacute;mico (R. Inglehart et al., Convergencia en Norteam&eacute;rica, pol&iacute;tica y cultura, 1994). <br /> <br /> Pero dudan acerca de la integraci&oacute;n norteamericana, debido a que el predominio de la tradici&oacute;n protestante de Estados Unidos y Canad&aacute; habr&iacute;a generado en esas sociedades ciertas virtudes ("trabajo, humildad, frugalidad, servicio y honestidad") que contrastar&iacute;an con las que la tradici&oacute;n cat&oacute;lica habr&iacute;a promovido preferentemente en M&eacute;xico ("la recreaci&oacute;n, la grandiosidad, la generosidad, la desigualdad y la hombr&iacute;a") (R. Inglehart et al., op. cit.).<br /> <br /> Los mismos autores sostienen que quiz&aacute; tales divergencias hist&oacute;ricas no sean tan importantes si pensamos que el proceso de integraci&oacute;n, iniciado a mediados de este siglo, favorece la apertura de las sociedades y lleva a aceptar nuevos marcos conceptuales para transformarlas. En los pa&iacute;ses de Norteam&eacute;rica la convergencia se lograr&iacute;a al tener intereses compartidos por desarrollar econom&iacute;as de libre mercado y formas pol&iacute;ticas democr&aacute;ticas, y dar menor peso a las instituciones nacionales en beneficio de la globalizaci&oacute;n. Pero sabemos que estos tres puntos supuestamente comunes motivan controversias en las tres naciones: su cuestionamiento se acentu&oacute; durante los debates sobre si se firmaba o no el TLC, y en los tres primeros a&ntilde;os de su aplicaci&oacute;n. Los autores citados, pese a su visi&oacute;n optimista de la liberaci&oacute;n comercial, reconocen que &eacute;sta "produce oposici&oacute;n pol&iacute;tica porque atrae claramente la atenci&oacute;n hacia dilemas antiguos o de reciente aparici&oacute;n". <br /> <br /> La agudizaci&oacute;n de conflictos fronterizos y migratorios en los a&ntilde;os recientes pone en evidencia los dilemas culturales irresueltos; por ejemplo, la integraci&oacute;n multi&eacute;tnica, la coexistencia de nuevos migrantes con residentes antiguos, y el reconocimiento pleno de los derechos de las minor&iacute;as y de las regiones dentro de cada pa&iacute;s. El aumento de las relaciones favorecido por la integraci&oacute;n est&aacute; revelando la escasa pertinencia de la narrativa sobre la inconmensurabilidad ideol&oacute;gica.<br /> <br /> 2. La "americanizaci&oacute;n&rdquo; de Am&eacute;rica Latina y la latinizaci&oacute;n de E.U. Algunas de estas cuestiones son m&aacute;s consideradas en otra narrativa, con una extensa historia, que examina las relaciones entre estas sociedades como si lo principal fuera la creciente "americanizaci&oacute;n" de la cultura en los pa&iacute;ses latinoamericanos y, en sentido inverso, la latinizaci&oacute;n y mexicanizaci&oacute;n de algunas zonas de Estados Unidos. <br /> <br /> Carlos Monsiv&aacute;is ha escrito que tales preocupaciones son tard&iacute;as, porque Am&eacute;rica Latina viene americaniz&aacute;ndose desde hace muchas d&eacute;cadas y esta americanizaci&oacute;n ha sido "las m&aacute;s de las veces fallida y epid&eacute;rmica" (C. Monsiv&aacute;is, "De la cultura mexicana en v&iacute;speras del Tratado de Libre Comercio", en G. Guevara Niebla y N. Garc&iacute;a Canclini (eds.), La educaci&oacute;n y la cultura ante el Tratado de Libre Comercio, 1994). Admite este autor que el proceso se ha acentuado con la dependencia econ&oacute;mica y tecnol&oacute;gica, pero ello no elimina la conservaci&oacute;n de una lengua diferente en M&eacute;xico &ndash;por m&aacute;s palabras inglesas que se incorporen&ndash;, ni la fidelidad a tradiciones religiosas, gastron&oacute;micas, y formas de organizaci&oacute;n familiar diferentes de las de Estados Unidos. Por otra parte, tambi&eacute;n toma en cuenta &ndash;como otros&ndash; las crecientes migraciones de mexicanos hacia Estados Unidos, que influyen en la cultura pol&iacute;tica y jur&iacute;dica, los h&aacute;bitos de consumo y las estrategias educativas, art&iacute;sticas y comunicacionales de estados como California, Arizona y Texas. <br /> <br /> Sin embargo, la discriminaci&oacute;n, las deportaciones, la exclusi&oacute;n cada vez m&aacute;s severa de muchos migrantes latinos de los beneficios del "american way of life" vuelven cada vez m&aacute;s conflictiva la presencia de "hispanos": al menos, no permiten pronosticar un avance limitado y unidireccional de los grupos mexicanos y latinoamericanos en Estados Unidos, ni permiten asegurar que la cultura latina vaya a trascender su lugar perif&eacute;rico dentro de este pa&iacute;s.<br /> <br /> &iquest;Proveen los estudios culturales un paradigma cient&iacute;ficamente m&aacute;s v&aacute;lido para superar el car&aacute;cter insatisfactorio de estas narrativas? (Quiero aclarar que tomo en bloque, bajo la denominaci&oacute;n de estudios culturales, vastos conjuntos de trabajos que, si bien poseen los rasgos antes se&ntilde;alados, presentan diferencias entre los practicantes estadounidenses y latinoamericanos, as&iacute; como dentro de cada regi&oacute;n. <br /> <br /> No tengo espacio aqu&iacute; m&aacute;s que para remitir a textos en que varios autores distinguimos tales variaciones: J. Beverley, "Estudios culturales y vocaci&oacute;n pol&iacute;tica" (Revista de cr&iacute;tica cultural, N. 12, 1996); N. Garc&iacute;a Canclini, Culturas en globalizaci&oacute;n (1996); L. Grossberg et al, Cultural studies (1992); F. Jameson, "Conflictos interdisciplinarios en la investigaci&oacute;n sobre cultura" (Alteridades, N. 5, 1993); N. Richard, "Signos culturales y mediaciones acad&eacute;micas" (B. Gonz&aacute;lez, Cultura y tercer mundo, 1996); G. Y&uacute;dice, "Tradiciones comparativas de estudios culturales: Am&eacute;rica Latina y Estados Unidos" (Alteridades, N. 5, 1993).<br /> <br /> Tanto la perspectiva transdisciplinaria de los estudios culturales como algunas investigaciones emp&iacute;ricas, y por supuesto la intensificaci&oacute;n de intercambios comunicacionales, econ&oacute;micos y migratorios entre Estados Unidos y Am&eacute;rica Latina, han mejorado el conocimiento rec&iacute;proco entre estas sociedades. Se diferencian con m&aacute;s cuidado sus diversas regiones y sectores y, por lo tanto, se van superando las definiciones difusas de las identidades nacionales, que las conciben como esencias atemporales y autocontenidas "amenazadas" por el contacto con "los otros". Al ofrecer visiones m&aacute;s profundas de la multiculturalidad y sus diferencias, de la desterritorializaci&oacute;n y la reterritorializaci&oacute;n, los estudios culturales permiten retrabajar la informaci&oacute;n sobre la inconmensurabilidad ideol&oacute;gica entre las sociedades, y sobre la americanizaci&oacute;n y la latinizaci&oacute;n.<br /> <br /> Pese a estos avances conceptuales y emp&iacute;ricos, no puede afirmarse que los estudios culturales constituyan ya un paradigma coherente y consistente (L. Grossberg et al. op. cit.; F. Jameson, op. cit.). En cierto modo, ofrecen tambi&eacute;n una narrativa, o varias en conflicto, con divergencias acerca del modo de estudiar la cultura y su relaci&oacute;n con los contextos sociales. <br /> <br /> De acuerdo con la afirmaci&oacute;n de Frederic Jameson de que los estudios culturales son menos "una disciplina novedosa" que el intento de "construir un bloque hist&oacute;rico", pueden interpretarse las contribuciones de esta corriente al intercambio Am&eacute;rica Latina-EstadosUnidos como la narrativa m&aacute;s avanzada, con mejor elaboraci&oacute;n cr&iacute;tica, pero a&uacute;n dependiente de los proyectos socioculturales y pol&iacute;ticos con que se tratan de encarar las contradicciones. Me refiero a las contradicciones entre lo local, lo nacional y lo global, entre el multiculturalismo hegem&oacute;nico y el de las minor&iacute;as en Estados Unidos, entre las concepciones oficiales de la pluriculturalidad en Am&eacute;rica Latina y las posiciones de los sectores que no se sienten representados por ellas.<br /> <br /> Como parte de este proceso, los estudios culturales configuran hoy un &aacute;mbito clave de interlocuci&oacute;n entre los especialistas de la cultura estadounidense y latinoamericana y, por tanto, pueden examinarse como un espacio de elaboraci&oacute;n intelectual de los intercambios entre ambas culturas. Pero para que esta elaboraci&oacute;n avance con rigor es necesario trabajar sobre las divergencias te&oacute;ricas y las inconsistencias epistemol&oacute;gicas responsables de que no pueda hablarse en los estudios culturales de paradigmas o modelos cient&iacute;ficos sino de narrativas. <br /> <br /> Cuando menciono paradigmas o modelos no estoy regresando al cientificismo que postulaba un saber de validez universal, cuya formalizaci&oacute;n abstracta lo volver&iacute;a aplicable a cualquier sociedad y cultura. Pero tampoco me parece satisfactoria la complacencia posmoderna que acepta la reducci&oacute;n del saber a narrativas m&uacute;ltiples. No veo por qu&eacute; abandonar la aspiraci&oacute;n de universalidad del conocimiento, la b&uacute;squeda de una racionalidad interculturalmente compartida que d&eacute; coherencia a los enunciados b&aacute;sicos y los contraste emp&iacute;ricamente. Ha sido este tipo de trabajo el que ha puesto de manifiesto que diferentes culturas poseen l&oacute;gicas y estrategias diferentes para acceder a lo real y validar sus conocimientos, m&aacute;s intelectuales en algunos casos, m&aacute;s ligadas a la "sensibilidad" y a la "imaginaci&oacute;n" en otros. <br /> <br /> Pero creo que el relativismo antropol&oacute;gico que se queda en un simple reconocimiento desjerarquizado de estas diferencias ha mostrado suficientes limitaciones como para que no nos instalemos en &eacute;l. La necesidad de construir un saber v&aacute;lido interculturalmente se vuelve m&aacute;s imperiosa en una &eacute;poca en que las culturas y las sociedades se confrontan todo el tiempo en los intercambios econ&oacute;micos y comunicacionales, las migraciones y el turismo. Precisamos desarrollar pol&iacute;ticas ciudadanas que se basen en una &eacute;tica transcultural, sostenida por un saber que combine el reconocimiento de diferentes estilos sociales con reglas racionales de convivencia multi&eacute;tnica y supranacional.<br /> <br /> <strong>Revisiones te&oacute;ricas</strong><br /> <br /> a) Un primer requisito para trabajar en esta direcci&oacute;n es redefinir el objeto de los estudios culturales: de la identidad a la heterogeneidad y la hibridaci&oacute;n multiculturales. Ya no basta con decir que no hay identidades caracterizables por esencias autocontenidas y ahist&oacute;ricas, e intentar entenderlas como las maneras en que las comunidades se imaginan y construyen historias sobre su origen y desarrollo. <br /> <br /> En un mundo tan interconectado, las sedimentaciones identitarias (etnias, naciones, <br /> clases) se reestructuran en medio de conjuntos inter&eacute;tnicos, transclasistas y transnacionales. Las maneras diversas en que los miembros de cada etnia, clase y naci&oacute;n se apropian de los repertorios heterog&eacute;neos de bienes y mensajes disponibles en los circuitos transnacionales genera nuevas formas de segmentaci&oacute;n. Estudiar procesos culturales es, por esto, m&aacute;s que afirmar una identidad autosuficiente, conocer formas de situarse en medio de la heterogeneidad y entender c&oacute;mo se producen las hibridaciones.<br /> <br /> Si bien aqu&iacute; me interesa destacar el argumento te&oacute;rico, quiero recordar la tesis de David Theo Goldberg acerca de que "la historia del monoculturalismo" muestra c&oacute;mo los pensamientos centrados en la identidad y la diferencia conducen a menudo a pol&iacute;ticas de homogeneizaci&oacute;n fundamentalista. Por lo tanto, convertir en concepto eje la heterogeneidad es no s&oacute;lo un requisito de adecuaci&oacute;n te&oacute;rica al car&aacute;cter multicultural de los procesos contempor&aacute;neos, sino una operaci&oacute;n necesaria para desarrollar pol&iacute;ticas multiculturales democr&aacute;ticas y plurales, capaces de reconocer la cr&iacute;tica, la polisemia y la heteroglosia.<br /> <br /> b) En segundo lugar, pensar los v&iacute;nculos entre cultura, sociedad y saber, no s&oacute;lo en relaci&oacute;n con las diferencias sino con la desigualdad, requiere ocuparse de la totalidad social. No estoy hablando de las nociones compactas de totalidad pseudouniversalistas y en realidad etnoc&eacute;ntricas, por ejemplo las hegelianas o marxistas, sino de las modalidades abiertas de interacci&oacute;n transnacional que propicia la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y cultural.<br /> <br /> En este punto, cabe se&ntilde;alar una diferencia significativa entre los estudios culturales de Estados Unidos y los de Am&eacute;rica Latina. Me parece que la discrepancia clave entre la multiculturalidad estadounidense y lo que en Am&eacute;rica Latina m&aacute;s bien se ha llamado pluralismo o heterogeneidad cultural reside en que, como explican varios autores, en Estados Unidos "multiculturalismo significa separatismo" (R. Hughes, Culture of Complaint. The Fraying of America, 1993; Ch. Taylor, "The Politics of Recognition", en D. T. Goldberg (ed.), Multiculturalism: A critical reader, 1994; M. Walzer, "Individus et communaut&eacute;s: les deux pluralismes", en Esprit, junio, 1995). De acuerdo con Peter McLaren, conviene distinguir entre un multiculturalismo conservador, otro liberal y otro liberal de izquierda. <br /> <br /> Para el primero, el separatismo entre las etnias se halla subordinado a la hegemon&iacute;a de los WASP y su canon que estipula lo que se debe leer y aprender para ser culturalmente correcto. El multiculturalismo liberal postula la igualdad natural y la equivalencia cognitiva entre razas, en tanto el de la izquierda explica las violaciones de esa igualdad por el acceso inequitativo a los bienes. <br /> <br /> Pero s&oacute;lo unos pocos autores, entre ellos McLaren, sostienen la necesidad de "legitimar m&uacute;ltiples tradiciones de conocimiento" a la vez, y hacer predominar las construcciones solidarias sobre las reivindicaciones de cada grupo. Por eso, pensadores como Michael Walzer expresan su preocupaci&oacute;n porque "el conflicto agudo hoy en la vida norteamericana no opone el multiculturalismo a alguna hegemon&iacute;a o singularidad", a "una identidad norteamericana vigorosa e independiente", sino "la multitud de grupos a la multitud de individuos..." "Todas las voces son fuertes, las entonaciones son variadas y el resultado no es una m&uacute;sica armoniosa &ndash;contrariamente a la antigua imagen del pluralismo como sinfon&iacute;a en la cual cada grupo toca su parte (pero &iquest;qui&eacute;n escribi&oacute; la m&uacute;sica?)&ndash; sino una cacofon&iacute;a" (M. Walzer, op. cit.).<br /> <br /> En Am&eacute;rica Latina, las relaciones entre cultura hegem&oacute;nica y heterogeneidad se desenvolvieron de otro modo. Lo que podr&iacute;a llamarse el canon en las culturas latinoamericanas debe hist&oacute;ricamente m&aacute;s a Europa que a Estados Unidos y a nuestras culturas aut&oacute;ctonas, pero a lo largo del siglo XX combina influencias de diferentes pa&iacute;ses europeos y las vincula de un modo heterodoxo formando tradiciones nacionales. <br /> <br /> Autores como Jorge Luis Borges y Carlos Fuentes dan cita en sus obras a las tradiciones de sus sociedades de origen junto a expresionistas alemanes, surrealistas franceses, novelistas checos, italianos, irlandeses, autores que se desconocen entre s&iacute;, pero que escritores de pa&iacute;ses perif&eacute;ricos, como dec&iacute;a Borges, exagerando, "podemos manejar" "sin supersticiones", con "irreverencia". <br /> <br /> Si bien Borges y Fuentes podr&iacute;an ser casos extremos, encuentro en los especialistas en humanidades y ciencias sociales, y en general en la producci&oacute;n cultural de nuestro continente, una apropiaci&oacute;n h&iacute;brida de los c&aacute;nones metropolitanos y una utilizaci&oacute;n cr&iacute;tica en relaci&oacute;n con variadas necesidades nacionales. De un modo an&aacute;logo puede hablarse de la ductilidad hibridadora de los migrantes, y en general de las culturas populares latinoamericanas. Adem&aacute;s, las sociedades de Am&eacute;rica Latina no se formaron con el modelo de las pertenencias &eacute;tnico-comunitarias, porque las voluminosas migraciones extranjeras en muchos pa&iacute;ses se fusionaron en las nuevas naciones. El paradigma de estas integraciones fue la idea laica de rep&uacute;blica, con una apertura simult&aacute;nea a las modulaciones que ese modelo franc&eacute;s fue adquiriendo en otras culturas europeas y en la constituci&oacute;n estadounidense.<br /> <br /> Esta historia diferente y desigual de Estados Unidos y de Am&eacute;rica Latina hace que no predomine en los pa&iacute;ses latinoamericanos la tendencia a resolver los conflictos multiculturales mediante pol&iacute;ticas de acci&oacute;n afirmativa. Las desigualdades en los procesos de integraci&oacute;n nacional engendraron en Am&eacute;rica Latina fundamentalismos nacionalistas y etnicistas, que tambi&eacute;n promueven autoafirmaciones excluyentes &ndash;absolutizan un solo patrimonio cultural, que ilusamente se cree puro&ndash; para resistir la hibridaci&oacute;n. <br /> <br /> Hay analog&iacute;as entre el &eacute;nfasis separatista, basado en la autoestima como clave para la reivindicaci&oacute;n de los derechos de las minor&iacute;as en Estados Unidos, y algunos movimientos ind&iacute;genas y nacionalistas latinoamericanos que interpretan maniqueamente la historia colocando todas las virtudes del lado propio y atribuyendo la falta de desarrollo a los dem&aacute;s. Sin embargo, no fue la tendencia prevaleciente en nuestra historia pol&iacute;tica. Menos a&uacute;n en este tiempo de globalizaci&oacute;n que vuelve m&aacute;s evidente la constituci&oacute;n h&iacute;brida de las identidades &eacute;tnicas y nacionales, y la interdependencia asim&eacute;trica, desigual, pero insoslayable en medio de la cual deben defenderse los derechos de cada grupo. Por eso, movimientos que surgen de demandas &eacute;tnicas y regionales, como el zapatismo de Chiapas, sit&uacute;an su problem&aacute;tica particular en un debate sobre la naci&oacute;n y sobre c&oacute;mo reubicarla en los conflictos internacionales. O sea, en una cr&iacute;tica general sobre la modernidad (S. Zerme&ntilde;o, <em>La sociedad derrotada. El desorden mexicano de fin de siglo</em>, 1996). Difunden sus reivindicaciones por los medios masivos de comunicaci&oacute;n, por internet, y disputan as&iacute; esos espacios en vista de una inserci&oacute;n m&aacute;s justa en la sociedad civil.<br /> <br /> Los estudios culturales latinoamericanos que me parecen m&aacute;s fecundos (por ejemplo R. Bartra, <em>La jaula de la melancol&iacute;a</em>, 1987; B. Sarlo, <em>Escenas de la vida posmoderna</em>, 1994) analizan las injusticias en las pol&iacute;ticas de representaci&oacute;n, pero en vez de enfrentarlas mediante el separatismo de la acci&oacute;n afirmativa, ubican las demandas insatisfechas como parte de la necesaria reforma del Estado-naci&oacute;n. En tanto las reivindicaciones de los ofendidos y los estudios que las interpretan se canalizan de este modo, muestran su prop&oacute;sito de hacer conmensurable la heterogeneidad y volverla productiva.<br /> <br /> <strong>&iquest;Desde d&oacute;nde hablan los estudios culturales?</strong><br /> <br /> Esta diferencia en los modos de concebir la multiculturalidad depende de los lugares de enunciaci&oacute;n o los puestos de observaci&oacute;n de los investigadores. En el pensamiento norteamericano se hallan constantes cuestionamientos a las concepciones universalistas que han contrabandeado, bajo apariencias de objetividad, las perspectivas coloniales, occidentales, masculinas, blancas y de otros sectores. Algunas de estas cr&iacute;ticas desconstruccionistas han sido elaboradas tambi&eacute;n en las ciencias sociales y las humanidades latinoamericanas: pensadores nacionalistas, marxistas y otros asociados a la teor&iacute;a de la dependencia plantearon objeciones semejantes a teor&iacute;as sociales y culturales metropolitanas y utilizaron creativamente, desde la d&eacute;cada del sesenta, las obras de Gramsci y Fanon, que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os los cultural studies estadounidenses &ndash;y algunos latinoamericanistas&ndash; proponen como novedades sin ninguna referencia a las reelaboraciones hechas en Am&eacute;rica Latina de tales autores, con objetivos an&aacute;logos. <br /> <br /> En otros aspectos, como los aportes del pensamiento feminista a los estudios culturales, su desarrollo es d&eacute;bil en casi todos los principales especialistas latinoamericanos, aunque el di&aacute;logo m&aacute;s fluido con la academia anglosajona est&aacute; reequilibrando un poco esta carencia (H. Buarque, "O estranho horizonte da cr&iacute;tica feminista no Brasil", en C. Rinc&oacute;n, et al. Nuevo texto cr&iacute;tico, N. 14-15, 1995).<br /> <br /> No puedo extenderme aqu&iacute; en una cuesti&oacute;n pol&eacute;mica y compleja, pero su importancia me anima a concluir se&ntilde;al&aacute;ndola. Despu&eacute;s de haberse atribuido en los a&ntilde;os sesenta y setenta poderes especiales para generar conocimientos "m&aacute;s verdaderos" a ciertas posiciones sociales (colonizados, subalternos, obreros y campesinos) ahora muchos pensamos que no existen tales poderes, que eran una ilusi&oacute;n que la historia se ha encargado de desvanecer.<br /> <br /> En concordancia con el desplazamiento te&oacute;rico sugerido antes &ndash;de la identidad a la heterogeneidad y la hibridaci&oacute;n&ndash;, considero que el especialista en cultura gana poco estudiando el mundo desde identidades parciales (metr&oacute;polis, naciones perif&eacute;ricas o poscoloniales, &eacute;lites, grupos subalternos, disciplinas aisladas) sino desde las intersecciones.<br /> <br /> Adoptar el punto de vista de los oprimidos o excluidos puede servir, en la etapa de descubrimiento, para generar hip&oacute;tesis o contrahip&oacute;tesis, para hacer visibles campos de lo real descuidados por el conocimiento hegem&oacute;nico. Pero en el momento de la justificaci&oacute;n epistemol&oacute;gica conviene desplazarse entre las intersecciones, en las zonas donde las narrativas se oponen y se cruzan. S&oacute;lo en esos escenarios de tensi&oacute;n, encuentro y conflicto es posible pasar de las narraciones sectoriales (o francamente sectarias) a la elaboraci&oacute;n de conocimientos capaces de deconstruir y controlar los condicionamientos de cada enunciaci&oacute;n.<br /> <br /> Esto implica pasar tambi&eacute;n de concebir los estudios culturales s&oacute;lo como un an&aacute;lisis hermen&eacute;utico a un trabajo cient&iacute;fico que combine la significaci&oacute;n y los hechos, los discursos y sus arraigos emp&iacute;ricos. En suma, se trata de construir una racionalidad que pueda entender las razones de cada uno y la estructura de los conflictos y las negociaciones.<br /> <br /> En la medida en que el especialista en estudios culturales quiere realizar un trabajo cient&iacute;fico consistente, su objetivo final no es representar la voz de los silenciados sino entender y nombrar los lugares donde sus demandas o su vida cotidiana entran en conflicto con los otros. Las categor&iacute;as de contradicci&oacute;n y conflicto est&aacute;n, por lo tanto, en el centro de esta manera de concebir los estudios culturales. Pero no para ver el mundo desde un solo lugar de la contradicci&oacute;n sino para comprender su estructura actual y su din&aacute;mica posible. Las utop&iacute;as de cambio y justicia, en este sentido, pueden articularse con el proyecto de los estudios culturales, no como prescripci&oacute;n del modo en que deben seleccionarse y organizarse los datos sino como est&iacute;mulo para indagar bajo qu&eacute; condiciones (reales) lo real pueda dejar de ser la repetici&oacute;n de la desigualdad y la discriminaci&oacute;n, para convertirse en escena del reconocimiento de los otros. Retomo aqu&iacute; una propuesta de Paul Ricoeur cuando, en su cr&iacute;tica al multiculturalismo norteamericano, sugiere pasar del &eacute;nfasis sobre la identidad a una pol&iacute;tica de reconocimiento. "En la noci&oacute;n de identidad hay solamente la idea de lo mismo, en tanto reconocimiento es un concepto que integra directamente la alteridad, que permite una dial&eacute;ctica de lo mismo y de lo otro. La reivindicaci&oacute;n de la identidad tiene siempre algo de violento respecto del otro. Al contrario, la b&uacute;squeda del reconocimiento implica la reciprocidad" (P. Ricoeur, La critique et la conviction: entretien avec F. Azouvi et M. Launay, 1995).<br /> <br /> Aun para producir bloques hist&oacute;ricos que promuevan pol&iacute;ticas contrahegem&oacute;nicas (J. Beverly, op. cit.) &ndash;inter&eacute;s que comparto&ndash; es conveniente distinguir entre conocimiento, acci&oacute;n y actuaci&oacute;n; o sea, entre ciencia, pol&iacute;tica y teatro. Un conocimiento descentrado de la propia perspectiva, que no quede subordinado a las posibilidades de actuar transformadoramente o de dramatizar la propia posici&oacute;n en los conflictos, puede ayudar a comprender mejor las m&uacute;ltiples perspectivas en cuya interacci&oacute;n se forma cada estructura intercultural. Los estudios culturales, entendidos como estudios cient&iacute;ficos, pueden ser ese modo de renunciar a la parcialidad del propio punto de vista para reivindicarlo como sujeto no delirante de la acci&oacute;n pol&iacute;tica.</p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Fri, 12 Jan 2007 12:36:00 +0000</pubDate></item><item><title>Books@Google</title><link>https://agitadoresculturales.blogia.com/2007/011101-books-google.php</link><guid isPermaLink="true">https://agitadoresculturales.blogia.com/2007/011101-books-google.php</guid><description><![CDATA[<h2>Books@Google</h2>      <h4> By <a href="http://www.nybooks.com/authors/86">Jason Epstein</a></h4><p>&nbsp;</p><p>The expanding jumble of art, science, metaphysics, practical knowledge, merchandise, gossip, and other trivia stored electronically on the World Wide Web is directly descended from the unprocessed babble transmitted haphazardly by word of mouth and from place to place from which our ancestors forged the wisdom of our species. For millennia this babble had been held in tribal memory, in languages and cultures long forgotten, until the exigencies of burgeoning commerce some six thousand years ago&mdash;a recent event in the long career of <em>Homo sapiens</em>&mdash;compelled the invention of written language, the sine qua non of today&#39;s documented world including the Web itself.</p> <p>The invention during World War II of electronic memory and of the World Wide Web a mere seventeen years ago originally as a way for scientists to communicate with distant colleagues is a further&mdash;perhaps the ultimate&mdash; evolution of the momentous transition from collective memory dependent largely on mnemonic verse to prosaic inscription on clay, stone, and paper. With these primitive tools human beings were at last able to record, in language of great beauty and profound understanding, the lore and wisdom accumulated during our long prehistory. What further triumphs of the human spirit may be shaped from the World Wide Web, should our species survive its current folly, are beyond imagining.</p> <p>In 1998 two Stanford graduate students, Larry Page and Sergey Brin, founded Google.com, a search engine that uses a better technology than had previously existed for indexing and retrieving information from the immense miscellany of the World Wide Web and for ranking the Web sites that contain this information according to their relevance to particular queries based on the number of links from the rest of the Internet to a given item. This PageRank system transformed the Web from its original purpose as a scientists&#39; grapevine and from the random babble it soon became a searchable resource providing factual data of variable quality to millions of users. And once again it was the exigencies of commerce that transformed Google itself from an ingenious search technology without a business plan to a hugely profitable enterprise offering a variety of services including e-mail, news, video, maps, and its current, expensive, and utterly heroic, if not quixotic, effort to digitize the public domain contents of the books and other holdings of major libraries. This new program would provide users wherever in the world Internet connections exist access to millions of titles while enabling libraries themselves to serve millions of users without adding a foot of shelf space or incurring a penny of delivery expense.</p><p>Spurred by Google&#39;s initiative and by the lower costs, higher profits, and immense reach of unmediated digital distribution, book publishers and other copyright holders must at last overcome their historic inertia and agree, like music publishers, to market their proprietary titles in digital form either to be read on line or, more likely, to be printed on demand at point of sale, in either case for a fee equal to the publishers&#39; normal costs and profit and the authors&#39; contractual royalty, thus for the first time in human history creating the theoretical possibility that every book ever printed in whatever language will be available to everyone on earth with access to the Internet.</p> <hr class="section-break" /> <p class="initial">Not everyone welcomes the revolution wrought by Google. Jean-No&euml;l Jeanneney, director of the Biblioth&egrave;que Nationale, worries in <em>Google and the Myth of Universal Knowledge</em> that national libraries, including his own, will suffer under Google&#39;s worldwide dominance, but nothing prevents the Biblioth&egrave;que Nationale and its counterparts from digitizing their own collections or permitting Google to do it for them as Oxford&#39;s Bodleian Library has done. Chris Anderson, the editor of <em>Wired</em>, has expanded his influential essay "The Long Tail" into a best-selling book in which he shows that the vast "shelf space" of the Web permits virtually limitless digital content whose variety creates heretofore unexpected demand for relatively obscure or specialized items in a heterogeneous marketplace whose aggregate audience with its multiform interests far exceeds that for best sellers, whose current dominance reflects today&#39;s highly centralized retail structure dependent on quick turnover of largely undifferentiated items.</p> <p>The radical decentralization of the digital marketplace has already been demonstrated in the music industry and preliminary evidence suggests that greater choice will, as Chris Anderson foresees, create greater demand for a wide range of books as well. An obvious example is books in Spanish to serve the 40 million Hispanics now living in the United States and poorly served by sparse retailers. According to Mark Sandler of the University of Michigan Library, in an essay in <em>Libraries and Google</em>, an experiment by the library involving the digitization of 10,000 "low use" monographs offered on the Web produced "between 500,000 and one million hits per month. In the past, these works were accessible," Sandler writes,</p> <blockquote>to a base population of 40,000 students, faculty, and staff. That&#39;s about four readers for each book included in the project. When electronic versions of these works were made accessible to the entire world, suddenly 40,000 potential readers became 4 billion, and the odds of consumer interest jumped from 4:1 to 400,000:1. Add to that the extent to which Web access overcomes the impediments of physical delivery&mdash;request a book (sight unseen) from storage, wait twenty-four hours for delivery, come physically to the library to pick it up, etc. Electronically, we&#39;re talking about instant gratification of a one in a million need. This is a service dream come true for libraries and library users, especially those without immediate access to a great research library collection.</blockquote> <p>Fear of a worldwide Google monopoly may therefore be unfounded as rivals add specialized segments to Google&#39;s own long and lengthening tail.</p> <p>Google was not the first search engine to filter the contents of the Web but its PageRank innovation has become the most popular way to arrange Web sites on a given subject according to their possible relevance to specific queries. Google&#39;s inventors were also not the first to grasp the commercial implications of a technology that brings millions of searchers to specific topics and thus guides self-selected customers to a vast range of goods and services; but Google&#39;s unique technology provides the most efficient means for juxtaposing ads with appropriate search results. Hundreds of thousands of advertisers, most of them small businesses, bidding at auction for placement adjacent to Web sites of interest to their potential customers, now pay Google for each time a searcher clicks through to their site, making Google one of the richest corporations in the world: in effect an interactive yellow pages of infinite variety serving a radically democratized world market.</p> <p>The self-proclaimed goal of Google&#39;s idealistic founders is to practice virtue, which is reflected in the company&#39;s unofficial motto, "don&#39;t be evil." The confrontation of founders who wish to do only good with the complex reality of their astonishing commercial achievement is an issue of biblical scope which calls to mind the expulsion, naked and trembling, of our ancestral parents from prelapsarian Eden into a world where choice is obligatory and error inevitable, a blessing and a burden upon themselves and what Milton called, with mixed feelings, their hapless seed.</p> <p>Google&#39;s innocence did not survive its well-known encounter with the government of China, which demanded in January that Google&#39;s search and news services delete certain politically offensive sites, to which Google agreed. "On balance," Google&#39;s communicators explained, "we believe that having a service with links that work and [that] omits a fractional number is better than having a service that is not available at all. It was a difficult trade-off for us to make, but one we felt ultimately serves the best interests of our users located in China." Google is a public company, responsible to its stockholders and challenged by Yahoo, Microsoft, and other powerful rivals whose corporate creeds are silent on the question of good and evil. For Google and its competitors China is an indispensable market. That Google&#39;s "trade-off" "ultimately serves" its "users" is at best a half- truth since it actually serves the Chinese censors to the disadvantage of its users. A similar half-truth is the mention of an unspecified "fractional number" of omitted sites, when the whole truth is that only sites objectionable to the government of China were omitted.<a name="fnr1" title="fnr1"></a><sup><a href="http://www.nybooks.com/articles/19436#fn1">[1]</a></sup>  Welcome then to the real world where Google&#39;s privacy policy is another product of lawyerly weaseling:</p> <blockquote>We may share private information...[if] we conclude that we are required by law or [believe] that access, preservation or disclosure of such information is reasonably necessary to protect the rights, property or safety of Google, its users or the public.</blockquote> <p>"In other words," writes John Battelle, the author of <em>The Search</em>, an informative, enthusiastic, but not uncrit-ical account of Google&#39;s extraordinary achievement, "if Google decides that tracking and acting upon your private information is in its best interest, it can and it will."</p> <p>The privacy policy and the China statement are typical corporate duplicity, less evil than sordid by the lofty standards of two Stanford graduate students who conceived their corporate motto before they found themselves knee-deep in real-world mud. Google&#39;s encounter with the complex laws of copyright is a more interesting case involving a novel contradiction within the law created by the technology of digitization. Copyright law permits so-called "fair use," that is the right to copy short citations from protected works without payment, for instance in reviews and scholarly articles. Before digitization this was simply a matter of finding the desired citation in a printed text and copying it with attribution into one&#39;s own work. But for Google to provide this opportunity to its users, it must first digitize the entire text, which violates the provision of copyright law that forbids copying more than a brief passage. Lawyers for Google and the publishers will continue to exchange Talmudisms on this conflict until book publishers decide to enter the digital world to everyone&#39;s advantage including their own and that of their authors. The issue will then be moot. Meanwhile the lawyers quibble and bill.</p> <p>According to David Vise in <em>The Google Story</em>, another excellent history to place alongside Battelle&#39;s <em>The Search</em>, the idea for Google Book Search occurred to Larry Page, Google&#39;s co-founder, when he was still a Ph.D. candidate at Stanford and recalled his difficulty as a high school student in finding the manuals he needed for assembling electronic gadgets. In graduate school he encountered a more severe version of the problem. "Right now," he said, "it is really hard for scholars to work outside their area of expertise because of the physical limitations of libraries." What he envisioned was an electronic library loan system in which libraries would lend one another titles digitally rather than ship physical copies. From this practical insight grew Google Book Search with its commitment to digitize as many as 20 million public domain titles from the collections of major libraries and to challenge publishers of protected works by copying their authors&#39; property to permit allowable citations. How money is to be made from this vast project remains unclear and may have been a matter of indifference to the public-spirited Page when he conceived it, but sooner or later Google and its avatars will become not only the world&#39;s multilingual library of libraries but a universal bookstore offering millions of titles to readers worldwide and monetization will follow, raising the theoretical possibility that every book ever printed in whatever language may indeed be accessed wherever Internet connections exist.</p> <p>Page&#39;s original conception for Google Book Search seems to have been that books, like the manuals he needed in high school, are data mines which users can search as they search the Web. But most books, unlike manuals, dictionaries, almanacs, cookbooks, scholarly journals, student trots, and so on, cannot be adequately represented by Googling such subjects as Achilles/wrath or Othello/jealousy or Ahab/whales. The <em>Iliad</em>, the plays of Shakespeare, <em>Moby-Dick</em> are themselves information to be read and pondered in their entirety. As digitization and its long tail adjust to the norms of human nature this misconception will cure itself as will the related error that books transmitted electronically will necessarily be read on electronic devices. Only those who have not read the <em>Iliad</em> or <em>Moby-Dick</em>, or <em>Bleak House</em> or <em>Swann&#39;s Way</em> or <em>The</em> <em>Origin of Species</em>, will entertain this improbability. Until human beings themselves evolve as electronic receivers, readers will select such books as these&mdash;the embodiment of civilizations&mdash;as files from the World Wide Web, whence they will be transmitted either to a personal computer and printed out&mdash;a cumbersome procedure resulting in a stack of unbound sheets&mdash;or, much more satisfactorily, to a nearby machine not much bigger than an ATM which will automatically print, bind, and trim requested titles on demand that are indistinguishable from factory-made books, to be read as books have been read for centuries.</p> <p>Meanwhile Google, together with the Gutenberg Project and the Open Content Alliance, and similar programs, has turned a new page in the history of civilizations leaving to us the privilege and the burden of carrying the story further. As part of this effort, On Demand Books, a company in which I have an interest, has installed in the World Bank bookstore in Washington, D.C., an experimental version of a machine such as I have just described, one that receives a digital file and automatically prints and binds on demand a library-quality paperback at low cost, within minutes and with minimal human intervention&mdash;an ATM for books. A second experimental machine has been sent to the Alexandrina Library in Egypt and will soon be printing books in Arabic. A newer version will be installed later this year or early next year in the New York Public Library.<a name="fnr2" title="fnr2"></a><sup><a href="http://www.nybooks.com/articles/19436#fn2">[2]</a></sup></p>                    <h5>Notes</h5>           <p><a name="fn1" title="fn1"></a><sup><a href="http://www.nybooks.com/articles/19436#fnr1">[1]</a></sup> Wikipedia, unlike Google, Yahoo, and Microsoft, refused to restrict its content, and for the last year has been banned in China.</p> <p><a name="fn2" title="fn2"></a><sup><a href="http://www.nybooks.com/articles/19436#fnr2">[2]</a></sup> See Jason Epstein, "The Future of Books," <em>Technology Review</em>, January 2005.</p><p>&nbsp;</p><p>Font:</p><p>The New York Review of Books, </p><p>october 2006&nbsp;</p><p> http://www.nybooks.com/index</p>]]></description><pubDate>Thu, 11 Jan 2007 13:21:00 +0000</pubDate></item><item><title>Profesionales de la cultura</title><link>https://agitadoresculturales.blogia.com/2007/010701-profesionales-de-la-cultura.php</link><guid isPermaLink="true">https://agitadoresculturales.blogia.com/2007/010701-profesionales-de-la-cultura.php</guid><description><![CDATA[<h1 align="justify">Profesionales de la cultura</h1><div> 		</div><h3 align="justify">Proliferan los cursos de especializaci&oacute;n en gesti&oacute;n cultural, una profesi&oacute;n por reconocer y cada vez m&aacute;s especializada </h3><p align="justify"><strong>AMAYA IR&Iacute;BAR</strong> * El Pa&iacute;s * 12/11/2006 <br /></p><p align="justify">Los alumnos de la tercera promoci&oacute;n del M&aacute;ster en Administraci&oacute;n de Empresas e Instituciones Culturales del Instituto Universitario de Posgrado (IUP) y del posgrado en Gesti&oacute;n Cultural de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) acaban de empezar sus clases. Son s&oacute;lo un ejemplo de la proliferaci&oacute;n de t&iacute;tulos de especializaci&oacute;n de gestores culturales, una profesi&oacute;n en auge, pero que carece de reconocimiento oficial. Una encuesta de Santillana Formaci&oacute;n, filial del Grupo PRISA, editor de EL PA&Iacute;S, sobre 1.180 candidatos a sus programas espec&iacute;ficos revela que los futuros gestores son licenciados universitarios, trabajan en el &aacute;mbito de la comunicaci&oacute;n y la cultura y quieren completar su formaci&oacute;n.</p><p align="justify">El organizador de un concierto, el gerente de un teatro o sala de exposiciones y el responsable del &aacute;rea de cultura de un ayuntamiento. Todos ellos pueden considerarse gestores culturales, una profesi&oacute;n que, en sentido amplio, ejercen todos aquellos que hacen de intermediarios entre los artistas y el p&uacute;blico, en el sector p&uacute;blico y en el privado, resume Cristina Ram&iacute;rez, presidenta de la Asociaci&oacute;n de Gestores y T&eacute;cnicos de Cultura de Madrid (Agetec), que tiene alrededor de un centenar de socios.</p><p align="justify">La existencia de esta asociaci&oacute;n y de otras similares en la mayor&iacute;a de las comunidades aut&oacute;nomas no quiere decir que esta profesi&oacute;n est&eacute; considerada como tal. De hecho, cuesta incluso saber cu&aacute;ntos gestores culturales hay en Espa&ntilde;a. Seg&uacute;n el Anuario de la Cultura, que edita el Ministerio de Cultura, la industria cultural emplea a casi 500.000 personas (el &uacute;ltimo dato es del a&ntilde;o 2004), aunque es dif&iacute;cil saber cu&aacute;ntas de ellas est&aacute;n en puestos de gesti&oacute;n.</p><p align="justify">Lo que est&aacute; claro es que se trata de una profesi&oacute;n, que, seg&uacute;n Ram&iacute;rez, no ha dejado de crecer desde la llegada de la democracia, hace m&aacute;s de 30 a&ntilde;os, hoy en d&iacute;a vive cierto <em>boom.</em> Al menos a juzgar por el aumento de la oferta formativa especializada. Sobre todo de posgrado. Entre los nuevos programas oficiales de este ciclo aprobados el pasado mes de junio, al menos tres instituciones ofrecen m&aacute;steres o programas de doctorado en gesti&oacute;n cultural: la Universidad de Barcelona, la de Valencia y la Polit&eacute;cnica de Valencia. A estos t&iacute;tulos reconocidos por el Ministerio de Educaci&oacute;n habr&iacute;a que a&ntilde;adir los t&iacute;tulos propios de centros p&uacute;blicos y privados.</p><p align="justify">Uno de ellos es el que ofrece el Instituto Universitario de Posgrado (IUP), una entidad de formaci&oacute;n superior impulsada por las universidades Carlos III de Madrid, Alicante y Aut&oacute;noma de Barcelona, y Santillana Formaci&oacute;n desde hace tres a&ntilde;os. &Aacute;ngel Casta&ntilde;o, responsable de Promoci&oacute;n de la instituci&oacute;n, asegura que entre los <em>nichos </em>de empleo para estos profesionales est&aacute; la Administraci&oacute;n p&uacute;blica y las fundaciones: "El sue&ntilde;o de muchos es llegar a gestionar salas polivalentes, como La Casa Encendida en Madrid", un centro cultural de la obra social de Caja Madrid, que alberga exposiciones, talleres, biblioteca...</p><p align="justify">Los nuevos negocios culturales, incluidos los audiovisuales, est&aacute;n cambiando el perfil de los gestores. "Es necesaria una profesionalizaci&oacute;n", reconoce la presidenta de la asociaci&oacute;n madrile&ntilde;a, que es tambi&eacute;n coordinadora del &aacute;rea de cultura en el Ayuntamiento de San Fernando de Henares (Madrid), quien subraya que se trata de "una profesi&oacute;n compleja y que exige formaci&oacute;n continua".</p><p align="justify">Para &Aacute;ngel Casta&ntilde;o, "la idea debe ser formar gente que sepa hacer negocio, adem&aacute;s de ser entusiastas de la cultura". Y que est&eacute;n cada vez m&aacute;s especializados.</p><p align="justify">Una encuesta realizada por el IUP a 1.180 de sus candidatos a alguno de los programas de la entidad especializados en Comunicaci&oacute;n y Cultura revela el perfil de los gestores culturales del futuro. Son hombres y mujeres con estudios universitarios (64%) y cuya motivaci&oacute;n es complementar su formaci&oacute;n (40%) y el desarrollo profesional (25%).</p><p align="justify">Los autores de la encuesta extraen tres perfiles diferentes. Un primer grupo, formado por los m&aacute;s j&oacute;venes, que no han cumplido los 30 a&ntilde;os, est&aacute;n mejor preparados y dominan alg&uacute;n idioma extranjero. Los que est&aacute;n en la treintena ya est&aacute;n trabajando en la industria cultural y suelen ser profesionales cualificados con conocimientos amplios del sector. Por &uacute;ltimo, los mayores de 40 a&ntilde;os suelen acudir a un curso para afianzar su carrera profesional.</p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Sun, 07 Jan 2007 21:21:00 +0000</pubDate></item><item><title>Alain Touraine, Iguales y diferentes</title><link>https://agitadoresculturales.blogia.com/2006/123101-alain-touraine-iguales-y-diferentes.php</link><guid isPermaLink="true">https://agitadoresculturales.blogia.com/2006/123101-alain-touraine-iguales-y-diferentes.php</guid><description><![CDATA[<p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">Alain Touraine</span><span style="font-size: 10pt"> </span></strong></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt"><strong>Iguales y diferentes</strong></span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt"> (</span>Informe Mundial sobre la Cultura, Unesco)<br /></p>           <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Alain Touraine</span><strong><span style="font-size: 10pt"></span></strong><span style="font-size: 10pt">: Soci&oacute;logo de la Escuela de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales (EHESS). Fundador del Centro de An&aacute;lisis e Intervenci&oacute;n Sociol&oacute;gica (CADIS), Par&iacute;s (Francia)</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt"> </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt"><strong>Intereses sociales y valores culturales</strong></span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt"> </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Nuestra experiencia colectiva esta fuertemente marcada por dos transformaciones recientes: por una parte, las nuevas industrias act&uacute;an sobre la cultura y la personalidad, creando lenguajes, im&aacute;genes y representaciones del mundo y de nosotros mismos; por otra parte, entran en la econom&iacute;a mundial poblaciones que no se han modernizado poco a poco sino bruscamente, mientras que siguen viviendo en sus antiguas condiciones sociales y culturales. De un lado, pues, ya no podemos considerar que los seres humanos crean su entorno t&eacute;cnico y econ&oacute;mico, puesto que desde ahora son las industrias culturales, (en formaci&oacute;n) las que crean nuevas representaciones del ser humano; y, de otro lado, descubrimos que es posible innovar no s&oacute;lo con lo nuevo, como se pensaba en Occidente, sino tambi&eacute;n con lo viejo, movilizando los recursos culturales y sociales de cada pa&iacute;s para que pueda entrar en el sistema econ&oacute;mico mundial.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Esta doble transformaci&oacute;n hace que los problemas m&aacute;s visibles y los que dan lugar a los mayores conflictos, dramas y esperanzas, sean hoy d&iacute;a los problemas culturales, mientras que los que sol&iacute;amos llamar problemas sociales parecen mejor controlados en los pa&iacute;ses industrializados y menos vitales en los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo, donde las condiciones de la modernizaci&oacute;n son m&aacute;s importantes que los problemas internos de una sociedad industrial, todav&iacute;a en formaci&oacute;n. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Pero, si es cierto que los problemas culturales han tomado la delantera a los problemas propiamente sociales y que la reivindicaci&oacute;n de los derechos culturales tiene m&aacute;s fuerza que la de los derechos sociales, en ambos casos nos encontramos ante opciones comparables. La modernidad aparece siempre como una ruptura entre la acci&oacute;n racional frente al mundo y, por tanto, la desilusi&oacute;n ante &eacute;l, por una parte, por otra, la conciencia del propio yo, ya tome la forma de individualismo moral de Kant o la de una identidad comunitaria. Y en todas las situaciones, la llamada a la pol&iacute;tica, a la acci&oacute;n voluntaria de la sociedad sobre s&iacute; misma, es lo &uacute;nico que puede salvar la unidad de nuestra experiencia personal y colectiva.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">En las dos grandes situaciones hist&oacute;ricas consideradas, una en la que predominan los problemas sociales y otra en la que son m&aacute;s visibles los problemas culturales, se plantea la misma cuesti&oacute;n: c&oacute;mo combinar la universalidad de los derechos con el reconocimiento de los intereses sociales y los valores culturales particulares. Sin la universalidad de los derechos, una cultura se encierra en su diferencia y, a menudo, en la idea de su superioridad, mientras que la actividad t&eacute;cnica y econ&oacute;mica se reduce a la gesti&oacute;n de los medios puestos al servicio de una voluntad pol&iacute;tica. Se entra entonces en lo que Weber llamaba la guerra de los dioses y que es, de hecho, la guerra de las naciones, de los estados y de los pueblos.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&iquest;C&oacute;mo dotar de contenido real a la afirmaci&oacute;n de los derechos universales? Para esta pregunta caben tres respuestas principales.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">La primera es mantener la llamada a la universalidad de los derechos, es decir a la ciudadan&iacute;a, en nombre de Dios, de la Raza o de la Historia, aun a riesgo de aceptar las desigualdades sociales o la represi&oacute;n cultural. Inversamente, la segunda consiste en afirmar el valor universal de una cultura particular y, en consecuencia, rechazar todo pluralismo y excluir a las minor&iacute;as. La tercera ser&iacute;a extender la noci&oacute;n de derechos civiles a los sociales y culturales.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">En la &eacute;poca de la primera industrializaci&oacute;n, que afect&oacute; s&oacute;lo a algunos pa&iacute;ses del mundo occidental, estas tres respuestas produjeron, de una parte, un "republicanismo" jur&iacute;dico, indiferente u hostil a las reivindicaciones obreras; de otra, en sentido opuesto, la voluntad de crear una sociedad de trabajadores, e incluso una dictadura del proletariado; y, por &uacute;ltimo, en una tercera direcci&oacute;n, la creaci&oacute;n de una "democracia industrial", como la llaman los ingleses, que tom&oacute; despu&eacute;s la forma de la socialdemocracia o del "Estado del bienestar". Lo que nos importa hoy es reformular estas tres respuestas para adaptarlas a los problemas planteados por la afirmaci&oacute;n de los derechos culturales.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Tres respuestas</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">La primera respuesta, que atrae sobre todo a los pa&iacute;ses con tradici&oacute;n pol&iacute;tica y democr&aacute;tica m&aacute;s antigua, y en particular a Francia, es la defensa de la universalidad de la cultura y, por tanto, el rechazo de la minor&iacute;as lo que, en el mejor de los casos, supone una gran apertura de la sociedad que se identifica con valores universales. En cierta medida, es lo que pas&oacute; en el Reino Unido y en Francia, al menos cuando estos pa&iacute;ses se encontraban en situaci&oacute;n de superioridad, mientras que hoy est&aacute;n amenazados por la redistribuci&oacute;n de la riqueza y de la producci&oacute;n en el mundo. De forma a&uacute;n m&aacute;s decisiva, esta visi&oacute;n fue destruida por el movimiento feminista al afirmar que los t&eacute;rminos "hombre" y "derechos humanos" no tiene otra expresi&oacute;n que la dualidad hombre/mujer, de modo que la igualdad y la diferencia, lo universal y lo particular son ya inseparables. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">La segunda respuesta, semejante a la idea de una sociedad de trabajadores o a la dictadura del proletariado en la sociedad industrial, es la b&uacute;squeda de la pureza y la homogeneidad recurriendo a medios a menudo autoritarios, o aislando las comunidades unas de otras en nombre de un relativismo cultural sin l&iacute;mites. En algunos pa&iacute;ses, como Estados Unidos, esto se refleja en la importancia de la <em>identity politics</em>; en otros, menos privilegiados, ha llevado a un aumento del fundamentalismo y, sobre todo, de los integrismos que sirven de base a los reg&iacute;menes autoritarios.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&iquest;Es posible encontrar una tercera v&iacute;a, semejante a la que condujo a la <em>industrial democracy </em>en las primeras sociedades industrializadas? Esta pregunta tan simple define el problema m&aacute;s importante de nuestras sociedades. Al igual que en la Europa del siglo XIX, el problema fundamental, lo que se llamaba la cuesti&oacute;n social, era el de la clase obrera y la dominaci&oacute;n que sufr&iacute;a, actualmente el problema central consiste en combinar la pluralidad de las culturas con la participaci&oacute;n de todos en un mundo tecnoecon&oacute;mico del que todos los pa&iacute;ses forman parte. Se han propuesto varias respuestas a esta cuesti&oacute;n.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">La primera, que podr&iacute;amos llamar est&eacute;tica, es el reconocimiento de una diversidad cultural, y la curiosidad por las otras culturas, que tambi&eacute;n puede servir como mirada cr&iacute;tica sobre uno mismo, como ya hizo Montesquieu en sus <em>Cartas persas</em>. Fue precisamente durante la revoluci&oacute;n industrial cuando se desarroll&oacute; el inter&eacute;s por la Antig&uuml;edad, y fue el gran despegue econ&oacute;mico de la posguerra el que hizo aumentar r&aacute;pidamente, en muchos pa&iacute;ses, las visitas a museos y exposiciones. Mientras que &eacute;stos interesaban sobre todo, hasta aqu&iacute;, a quienes buscaban sus or&iacute;genes (particularmente, en el caso de Europa, en Roma, en Grecia y especialmente en Egipto), asistimos ahora a la proliferaci&oacute;n de exposiciones y museos que presenta objetos venidos de culturas consideradas diferentes o representativas de las "artes primitivas", seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Jacques Chirac. Pero los l&iacute;mites de esta respuesta est&eacute;tica son evidentes, porque este reconocimiento de culturas diferentes es tanto m&aacute;s f&aacute;cil cuanto m&aacute;s alejadas est&aacute;n y menos afectan a nuestras actividades y a nuestras relaciones sociales cotidianas.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">La segunda repuesta consiste en buscar los mismos principios universalistas en todas las culturas, por encima de sus diferencias. Es el esp&iacute;ritu que anima a todos los encuentros ecum&eacute;nicos, como el organizado por el papa Juan Pablo II en As&iacute;s, y a muchas de las actividades que emprende la UNESCO para facilitar el reconocimiento mutuo de las culturas. &iquest;No estamos todos preocupados por las mismas cuestiones fundamentales: de d&oacute;nde venimos y a d&oacute;nde vamos? &iquest;No est&aacute;n de acuerdo todas las grandes religiones en exigir el respeto a la vida y en afirmar el principio de igualdad entre todos los seres humanos? Cierto que esta respuesta parece, con frecuencia, rid&iacute;cula y que las religiones han suscitado m&aacute;s guerras que congresos ecum&eacute;nicos, como recuerda S. Huntington. Sin embargo, la filosof&iacute;a de la Ilustraci&oacute;n conserva un gran atractivo para todos los que sit&uacute;an la comunicaci&oacute;n y, por tanto, la relaci&oacute;n, por encima de la producci&oacute;n. Esta posici&oacute;n se refleja especialmente, en nuestros d&iacute;as, en la filosof&iacute;a alemana, con Habermas y Apel y su b&uacute;squeda de las condiciones universales de la comunicaci&oacute;n entre actores diferentes. No obstante, es dif&iacute;cil que la comunicaci&oacute;n y el reconocimiento del otro puedan establecerse entre individuos o grupos sociales situados en relaci&oacute;n de desigualdad, de dominio o de dependencia. &iquest;No volveremos entonces a las ilusiones del republicanismo y, en consecuencia, al rechazo de los derechos culturales de ciertas categor&iacute;as, en nombre de la universalidad de los derechos pol&iacute;ticos?</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Es preciso, pues, buscar otra soluci&oacute;n, en la l&iacute;nea de lo que fue la creaci&oacute;n lenta, dif&iacute;cil y siempre parcial de una democracia industrial, en los pa&iacute;ses que emprendieron primero una modernizaci&oacute;n capitalista. B&uacute;squeda dif&iacute;cil, que a muchos se antoja imposible, en un mundo en movimiento, sin principio y sin centro, y donde parece m&aacute;s racional aceptar una diversidad, regulada &uacute;nicamente por el mercado. Esta es la posici&oacute;n posmoderna, a la vez radical en su destrucci&oacute;n de todos los principios universalistas, a los que se acusa de ser ideolog&iacute;as de los pa&iacute;ses o las clases dominantes, y ultraliberal, ya que s&oacute;lo el mercado puede asegurar una comunicaci&oacute;n sin integraci&oacute;n.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Creo, sin embrago, que se puede encontrar una respuesta. Si el mundo t&eacute;cnico y el de las identidades culturales se han alejado cada vez m&aacute;s uno de otro, s&oacute;lo el individuo posee los medios para aproximarlos, e incluso siente la necesidad de hacerlo, ya que su unidad, la coherencia de su personalidad, se ve amenazada por esta separaci&oacute;n. Esta combinaci&oacute;n es posible, porque se trata de ligar el universo de los medios, en el que todo el mundo participa, con el de los fines, los valores, que son cada vez m&aacute;s diferentes. No hay, pues, que buscar la universalidad en un principio superior, como lo hacen quienes, con Hannah Arendt, tratan de reconstruir la pol&iacute;tica y su principio de igualdad por encima de las desigualdades sociales; por el contrario, hay que buscarla en la necesidad de cada individuo y de cada colectividad de ser definidos, a la vez, por sus identidades y por su participaci&oacute;n en el mundo tecnoecon&oacute;mico.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Esta idea lleva a superar las soluciones propuestas. Se trata de reconocer la diversidad de las culturas, de afirmar los derechos culturales de cada uno y, en particular, de las minor&iacute;as y, por tanto, de combinar igualdad y diferencia. Destacados antrop&oacute;logos, como Clifford Geertz o Louis Dumont, han afirmado que estos dos t&eacute;rminos eran incompatibles. Lo son en efecto dentro de un sistema social muy consolidado, siempre jerarquizado, donde la diferencia entra&ntilde;a desigualdad. Pero en una sociedad abierta, donde desaparecen los principios reguladores, no hay m&aacute;s desigualdad que la econ&oacute;mica o la militar y, en consecuencia, las diferencias culturales pueden combinarse con un mundo econ&oacute;mico no igualitario a trav&eacute;s de lo que yo llamo el "sujeto", es decir, la voluntad de cada uno de constituirse en protagonista, combinando la acci&oacute;n instrumental y la identidad cultural.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Esta afirmaci&oacute;n conlleva una objeci&oacute;n inmediata: si la construcci&oacute;n del sujeto es personal, &iquest;no quedar&aacute; encerrada en la vida privada, mientras que la vida p&uacute;blica se abandona a las desigualdades econ&oacute;micas y a la guerra de los dioses? Objeci&oacute;n tan evidente como f&aacute;cil de contrarrestar, ya que un agente social no puede afirmar su derecho a ser un sujeto, sin reconoc&eacute;rselo al mismo tiempo a los dem&aacute;s. Y, de modo m&aacute;s inmediato, un actor no puede ser un sujeto m&aacute;s que entrando en relaci&oacute;n con otro actor al que reconoce y que lo reconoce como sujeto. A decir verdad, la democracia s&oacute;lo puede definirse hoy como el sistema pol&iacute;tico que protege y fomenta el reconocimiento mutuo de los actores, en su esfuerzo por combinar su participaci&oacute;n en el mundo tecnoecon&oacute;mico con la protecci&oacute;n de su identidad cultural. Un ejemplo ser&aacute; suficiente para comprender esta idea. Cuando una minor&iacute;a se encuentra en una sociedad &ndash;por ejemplo, cuando los inmigrantes vienen a trabajar y a vivir en una sociedad que les es extra&ntilde;a -, su integraci&oacute;n en esta sociedad no puede realizarse ni por fusi&oacute;n en ella ni, contrariamente, por su aislamiento de la comunidad, sino &uacute;nicamente mediante la combinaci&oacute;n de un acceso igualitario al trabajo y a la renta, y el reconocimiento de su identidad. Siguiendo a Simmel, ser&aacute; preciso que se integren como extranjeros, es decir, como iguales y diferentes a la vez. Por el contrario, vemos con frecuencia c&oacute;mo se fomenta la desigualdad de los inmigrantes, releg&aacute;ndolos a trabajos no cualificados, a la precariedad y el desempleo y, al mismo tiempo, se los considera semejantes, rehus&aacute;ndoles los signos de su identidad cultural.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Identidad cultural y gesti&oacute;n democr&aacute;tica</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Es posible aplicar un razonamiento an&aacute;logo a categor&iacute;as distintas de las &eacute;tnicas, como las religiosas o las sexuales. En el primer caso, se trata de ir m&aacute;s all&aacute; de la simple tolerancia, que limita las creencias religiosas a la vida privada, y tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de un laicismo que afirma la inferioridad y la irracionalidad de las conductas religiosas. Se trata de permitir que las minor&iacute;as religiosas combinen su participaci&oacute;n en la vida econ&oacute;mica con la afirmaci&oacute;n de su identidad religiosa, que, por su parte, debe definirse por s&iacute; misma y no por la pertenencia hist&oacute;rica a una comunidad, la mayor&iacute;a de cuyas reglas son propias y espec&iacute;ficas y no pueden justificarse o explicarse por la creencias religiosas.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">En cuanto a las conductas sexuales, en muchos pa&iacute;ses el reconocimiento de los homosexuales ha progresado mucho en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, no s&oacute;lo como reconocimiento de una diferencia sino, sobre todo, como un aspecto particular de la relaci&oacute;n que cada uno trata de establecer entre sexualidad y cultura, mientras se aleja la concepci&oacute;n puritana y represiva sobre la que se bas&oacute; durante mucho tiempo la cultura occidental.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Si descartamos las posiciones agresivas, que proclaman la necesidad de crear comunidades homog&eacute;neas y puras, lo que s&oacute;lo puede conducir a sociedades totalitarias, definidas por su lucha contra el enemigo interior, existen dos grandes respuestas al problema planteado: la afirmaci&oacute;n de un orden pol&iacute;tico superior, fundado en la igualdad de los ciudadanos, que se opone a la desigualdad de los agentes sociales, o, en sentido diametralmente opuesto, la llamada a abordar las diferencias mediante el reconocimiento del derecho de todos a combinar actividad t&eacute;cnica e identidad cultural en un mundo en el que ya no pensamos que la modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica y la racionalizaci&oacute;n supongan necesariamente el triunfo de un tipo de moral, de creencia o de organizaci&oacute;n social. El pensamiento de Max Weber no explica los fundamentos culturales de la modernidad, sino las razones culturales de cierto tipo de modernizaci&oacute;n, el capitalismo, es decir, la ruptura de todas la ligaduras que un&iacute;an la econom&iacute;a a culturas y formas de organizaci&oacute;n social. Hemos entrado actualmente en sociedades propiamente t&eacute;cnicas, o sea, operativas e instrumentales, que no imponen ninguna cultura ni ninguna forma de organizaci&oacute;n social. Y, al mismo tiempo, vemos aparecer formas de modernizaci&oacute;n diferentes, mientras que hasta ahora muchos pensaban que s&oacute;lo hab&iacute;a un &uacute;nico <em>best way, </em>como dec&iacute;a Taylor, y que los nuevos pa&iacute;ses industriales deb&iacute;an seguir las huellas dejadas por los que los hab&iacute;an precedido en la v&iacute;a de la modernizaci&oacute;n.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Esta combinaci&oacute;n de una identidad cultural, en especial &eacute;tnica o religiosa, y una gesti&oacute;n democr&aacute;tica que garantiza, reforz&aacute;ndolos, los derechos de cada uno a convertirse en "sujeto", se realiza, en casi todos los casos, en un marco nacional, y la conciencia nacional no se reduce nunca al funcionamiento de instituciones democr&aacute;ticas al servicio de derechos universales. La cl&aacute;sica oposici&oacute;n entre la naci&oacute;n-instituci&oacute;n, a la francesa, y la naci&oacute;n-comunidad, a la alemana, tiene un valor anal&iacute;tico, pero no describe bien la realidad. Por parte alemana, de Herder a Fichte, los creadores de la conciencia nacional alemana han estado fuertemente influidos por la filosof&iacute;a de la Ilustraci&oacute;n y quer&iacute;an que tambi&eacute;n Alemania, y no s&oacute;lo Francia y el Reino Unido, pudiera identificarse con la raz&oacute;n y el progreso. Del lado franc&eacute;s, de Michelet a Renan y al general De Gaulle, la idea de naci&oacute;n ha sido siempre una realidad tangible y emocional, m&aacute;s relacionada con la memoria que con principios e instituciones. Se puede esperar que una naci&oacute;n-comunidad rechace m&aacute;s f&aacute;cilmente a las minor&iacute;as y, en efecto, la adquisici&oacute;n de la nacionalidad es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil en Alemania que en Francia y el Reino Unido, la conciencia nacional est&aacute; fuertemente ligada a una conciencia de "pa&iacute;s", es decir, de colectividad restringida, de regiones o unidades m&aacute;s peque&ntilde;as. No es muy distinta la situaci&oacute;n americana, donde la conciencia nacional, muy fuerte, se combina con la de pertenencia a la nacionalidad de origen. As&iacute; pues, la etnicidad no se opone a la nacionalidad: por el contrario, cuando la conciencia nacional es m&aacute;s democr&aacute;tica es cuando la conciencia &eacute;tnica (sea nacional o religiosa) se puede combinar con ella. El caso m&aacute;s claro, en los pa&iacute;ses occidentales, es el de los jud&iacute;os, en los que se asocia una fuerte conciencia comunitaria y un fuerte sentimiento de pertenencia nacional. Si la naci&oacute;n se define s&oacute;lo por sus instituciones representativas, se corre el riesgo de dejar el sentimiento de pertenencia nacional en las manos de populistas y demagogos.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Hay que comprender esta observaci&oacute;n. Con raz&oacute;n se cuestiona cada vez m&aacute;s la pretensi&oacute;n de universalidad del modelo que Europa invent&oacute; y puso en pr&aacute;ctica al comienzo de su modernizaci&oacute;n. Este modelo no se basaba s&oacute;lo en la racionalizaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en lo que &eacute;sta implicaba, a saber, una separaci&oacute;n lo m&aacute;s completa posible entre lo racional y lo irracional, de modo que en la cima de la sociedad se concentraba todo lo que se consideraba racional, mientras que lo que se consideraba irracional se colocaba en situaci&oacute;n de inferioridad o dependencia. De aqu&iacute; proceden las representaciones dicot&oacute;micas que han dominado la vida y el pensamiento de Occidente. El individuo adulto var&oacute;n, sin necesidades o incluso propietario de su vivienda, se consider&oacute; como el portador de la modernidad, mientras que los ni&ntilde;os, las mujeres, los trabajadores dependientes y los habitantes de las colonias se consideraban dominados por sus pasiones. Raz&oacute;n contra creencias, inter&eacute;s contra pasi&oacute;n: estas contraposiciones, muy jerarquizadas, han dominado el mundo occidental y explican a la vez el &eacute;xito extraordinario de los pa&iacute;ses que aplicaron esta idea, con el Reino Unido a la cabeza, y la violencia de los conflictos internos en estas sociedades fundadas en la represi&oacute;n y en el esp&iacute;ritu de c&aacute;lculo. La historia de los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os est&aacute; marcada por la rebeli&oacute;n de los dominados: obreros, colonias, mujeres, y ahora tambi&eacute;n los ni&ntilde;os, cuyos derechos han comenzado a tomarse en consideraci&oacute;n, con toda justicia. Se ha iniciado un gran movimiento, que yo llamo la recomposici&oacute;n del mundo y que nos afecta a todos: las tradiciones culturales, como la imaginaci&oacute;n y la sexualidad o, de modo m&aacute;s general, lo relacionado con el cuerpo, invaden los dominios del c&aacute;lculo racional y debilitan la visi&oacute;n capitalista que proteg&iacute;a a los empresarios racionales de toda presi&oacute;n procedente de las categor&iacute;as inferiores. Lo que estaba separado y jerarquizado tiende a aproximarse y a comunicarse. &iquest;C&oacute;mo es posible mantener la idea de una sociedad gobernada por la raz&oacute;n, por la igualdad abstracta por encima de todas las singularidades sociales y culturales, en un mundo donde la dominaci&oacute;n de clases, el orden colonial y la dependencia de las mujeres se han visto violenta y justamente cuestionados? Las destrucci&oacute;n de las antiguas desigualdades no puede conducir ni a la idea confusa de un mestizaje generalizado, ni a la imagen d&eacute;bil y desesperante de un mundo unificado por el consumo de masas. Por el contrario, s&oacute;lo debe conducir al reconocimiento por todos del gran movimiento hacia la recomposici&oacute;n del mundo, o sea, hacia el di&aacute;logo entre las identidades culturales y la raz&oacute;n instrumental, liberada ya de su papel de legitimadora del poder de una clase o de una naci&oacute;n. En este sentido, la acci&oacute;n de los ecologistas ha sido la m&aacute;s importante, ya que defienden a la vez las condiciones de supervivencia del mundo y la diversidad de especies y culturas. S&oacute;lo por esta v&iacute;a se puede encontrar un desarrollo sostenible, cuyos aspectos centrales sean la diversidad cultural y el respeto a los proyectos personales y colectivos.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Hay muchos obst&aacute;culos que impiden progresar m&aacute;s deprisa en esta v&iacute;a; los m&aacute;s importantes son los que nos hacen impotentes frente a la disociaci&oacute;n de la econom&iacute;a globalizada y las culturas particulares, lo que lleva a la desaparici&oacute;n o a la disoluci&oacute;n de todos los proyectos sociales y culturales, de todas las concepciones activas del desarrollo.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Opciones y obst&aacute;culos</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Debemos huir de la elecci&oacute;n imposible entre la cultura de masas que une al mundo entero en el consumo de los mismos productos y un diferencialismo que nos confina a todos en comunidades cerradas, incapaces de comunicarse entre ellas, a no ser a trav&eacute;s del mercado o de la guerra. Elecci&oacute;n imposible, en efecto, pero que se impone a muchos en un universo donde el centro se define por la intensidad de los intercambios econ&oacute;micos, de informaci&oacute;n y, sobre todo, financieros, y la p&eacute;rdida por las fronteras que levantan entre ellas las comunidades m&aacute;s y m&aacute;s obsesionadas por las amenazas que pesan sobre ellas.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Es f&aacute;cil comprender los peligros de esta situaci&oacute;n, porque ya los hemos vivido. A principios de este siglo, conocimos una apertura de los intercambios mundiales a&uacute;n mayor que lo que hoy llamamos "globalizaci&oacute;n". En aquella &eacute;poca aparecieron, como hoy, nuevos pa&iacute;ses industrializados, que eran entonces Alemania y Jap&oacute;n. El triunfo del capitalismo financiero condujo a enfrentamientos dram&aacute;ticos: no s&oacute;lo las naciones europeas combatieron a muerte entre ellas, sino que pa&iacute;ses perif&eacute;ricos, o que comenzaban a participar en los intercambios capitalistas, como M&eacute;xico, Rusia y China, conocieron revoluciones que a veces desembocaron en un nacionalismo relativamente modernizador, y a veces en reg&iacute;menes totalitarios.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Vivimos hoy bajo la ilusi&oacute;n de que el modelo americano se puede generalizar; que es posible y necesaria la complementariedad de las grandes redes t&eacute;cnicas, econ&oacute;micas y financieras modernas, con una fragmentaci&oacute;n cultural que ha permitido la afirmaci&oacute;n de muchas minor&iacute;as, pero tambi&eacute;n ha hecho m&aacute;s dif&iacute;cil la comunicaci&oacute;n entre ellas. En Estados Unidos, esta cohabitaci&oacute;n ha sido posible gracias al brillante &eacute;xito de la econom&iacute;a y, al mismo tiempo, por la fuerza de las instituciones y los mecanismo jur&iacute;dicos que, desde hace tiempo, han buscado y conseguido la integraci&oacute;n de una sociedad de or&iacute;genes muy diversos. Pero la situaci&oacute;n americana nos recuerda la violencia de los conflictos que engendr&oacute;, todav&iacute;a no hace mucho, y tambi&eacute;n las otras partes del mundo se dan cuenta de su impotencia para manejar una situaci&oacute;n potencialmente explosiva, que puede llevar f&aacute;cilmente a la ruptura de todas las instituciones y toda la posibilidad de vida colectiva organizada.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">La conclusi&oacute;n a que llevan estas observaciones sobre el presente y el pasado es que hay que huir de la elecci&oacute;n entre dos soluciones extremas: la desaparici&oacute;n de las diferencias en una sociedad de masas o el enfrentamiento directo de las diferencias y las comunidades. Por el contrario, es preciso aprender a combinar las dos. Creo que la UNESCO est&aacute; en el buen camino con sus grandes debates sobre la democracia, el desarrollo, la educaci&oacute;n y, sobre todo, los derechos humanos, combinando los principios universalistas con las diferencias culturales y con la participaci&oacute;n de todos en las actividades e intercambios econ&oacute;micos. La idea que nunca se debe sacrificar es que la paz en cada sociedad y entre las sociedades no puede existir sin el reconocimiento prioritario de un principio universal, que prevalece a la vez sobre la raz&oacute;n instrumental que reina en la econom&iacute;a, y sobre la diversidad de las culturas. Hay que respetar que muchos sean partidarios de las soluciones elaboradas por la democracia griega, del papel clave otorgado a la ciudadan&iacute;a; pero &iquest;c&oacute;mo cumplir este principio de orden, cuando vivimos en el movimiento, el cambio, la multiplicidad de los intercambios culturales y econ&oacute;micos? &iquest;No ha llegado la hora de afirmar el derecho de cada uno a elegir su camino, a combinar igualdad y diferencia en su discurrir por la vida, en la construcci&oacute;n y la defensa de su vida personal, en lugar de buscar un principio superior orden? As&iacute; como hay que resistirse a las afirmaciones superficiales de quienes profetizan la desaparici&oacute;n a corto plazo de los estados y de toda forma de control de una econom&iacute;a que desborda todas las fronteras y todas las normas jur&iacute;dicas, tambi&eacute;n es cierto que se ha debilitado la imagen de la ciudad griega o la de los estados modernos, sobre todo en Europa y en las dos Am&eacute;ricas, regiones que han cre&iacute;do en la omnipotencia de la ley y de la educaci&oacute;n. Lo que quiere decir que, tras la gran revoluci&oacute;n capitalista que se ha extendido por el mundo en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, es preciso construir nuevas mediaciones pol&iacute;ticas y sociales para limitar la disociaci&oacute;n, que hoy es patente y peligrosa, entre una econom&iacute;a efectivamente globalizada e identidades culturales cada vez m&aacute;s encerradas en la defensa de una esencia amenazada. &iquest;Y c&oacute;mo no subrayar, al dirigirme a la UNESCO, las implicaciones de esta idea sobre la educaci&oacute;n? Occidente ha mantenido, durante mucho tiempo, una concepci&oacute;n basada en el <em>Bildung, </em>es decir, en el acceso de los j&oacute;venes a los valores superiores, la verdad, la belleza, el bien, con los que cada pa&iacute;s trata de identificarse, lo que llev&oacute; a transmitir conocimientos y valores m&aacute;s que a preparar a los ni&ntilde;os para la vida. Tiempo es ya de que centremos la educaci&oacute;n en los j&oacute;venes para ayudarlos, no a perder sus particularismos en nombre de la universalidad, sino por el contrario, a vivir y a innovar combinando las actividades t&eacute;cnicas y las motivaciones culturales y psicol&oacute;gicas. La educaci&oacute;n no debe ser un medio para reforzar la sociedad; debe ponerse al servicio de la formaci&oacute;n de personalidades capaces de innovar, de resistir y de comunicar, afirmando su derecho universal a participar en la modernidad t&eacute;cnica con una personalidad, una memoria, una lengua y unos deseos propios, y reconociendo el mismo derecho a los dem&aacute;s. Si no impulsamos estas soluciones, el mundo conocer&aacute; desgarramientos m&aacute;s profundos que los que provoc&oacute; la lucha de clases. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt"> </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><br /><span style="font-size: 10pt"></span></p>]]></description><pubDate>Sun, 31 Dec 2006 17:15:00 +0000</pubDate></item><item><title>Agitadores culturales es una plataforma abierta</title><link>https://agitadoresculturales.blogia.com/2006/121804-agitadores-culturales-es-una-plataforma-abierta.php</link><guid isPermaLink="true">https://agitadoresculturales.blogia.com/2006/121804-agitadores-culturales-es-una-plataforma-abierta.php</guid><description><![CDATA[<p>Agitadores Culturales es un espacio abierto a la difusi&oacute;n y reflexi&oacute;n sobre la cultura y la gesti&oacute;n cultural. </p><p><a href="/admin.php?opcion=escribirnuevo">Escribe tu art&iacute;culo, comentario o propuestas de trabajo sobre cultura y su gesti&oacute;n en Agitadores Culturales</a></p><p>o env&iacute;anos un email a gestoresculturalessinfronteras@gmail.com<a href="/gestoresculturalesinfronteras@gmail.com"></a> </p>]]></description><pubDate>Mon, 18 Dec 2006 14:38:00 +0000</pubDate></item><item><title>&#x91;Los nuevos desaf&#xED;os de la cooperaci&#xF3;n cultural europea'</title><link>https://agitadoresculturales.blogia.com/2006/121803--los-nuevos-desafios-de-la-cooperacion-cultural-europea-.php</link><guid isPermaLink="true">https://agitadoresculturales.blogia.com/2006/121803--los-nuevos-desafios-de-la-cooperacion-cultural-europea-.php</guid><description><![CDATA[<strong><span style="font-family: "Trebuchet MS""></span></strong><span style="font-size: 10pt"></span><strong><span style="font-size: 10pt">&lsquo;Los nuevos desaf&iacute;os de la cooperaci&oacute;n cultural europea&#39;</span></strong>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&nbsp;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Raymond Weber</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&nbsp;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Este art&iacute;culo no es la obra de un funcionario internacional que exponga los &laquo;conocimientos adquiridos&raquo; en su experiencia pr&aacute;ctica en el &aacute;mbito de la cooperaci&oacute;n cultural europea, ni la obra de un universitario y un investigador que desde una ilusoria &laquo;torre de marfil&raquo; analice su historial, su situaci&oacute;n actual y sus desaf&iacute;os de futuro.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoBodyText">Pretendo m&aacute;s bien compartir algunas experiencias y an&aacute;lisis, y tambi&eacute;n presentar muchas inquietudes y preguntas que me vienen al pensamiento despu&eacute;s de m&aacute;s de un cuarto de siglo de compromiso en la cooperaci&oacute;n cultural europea, como responsable de las relaciones culturales internacionales en mi pa&iacute;s, Luxemburgo, o como actor en organizaciones como la UNESCO y el Consejo de Europa, como docente (en el Colegio de Europa en Brujas) y formador (en formaciones de administradores culturales), como mediador en y entre proyectos culturales, como animador de instituciones o de redes, como en el caso de la Laiterie (Centro Europeo para la Creaci&oacute;n Joven, en Estrasburgo), las Pepini&egrave;res - canteras o viveros - Europeas para J&oacute;venes Artistas (programa europeo de residencia de artistas), el Colegio Europeo de Cooperaci&oacute;n Cultural (asociaci&oacute;n que fomenta la cooperaci&oacute;n entre las &laquo;redes&raquo; de los distintos institutos culturales en el extranjero) o el Centro Cultural de Encuentro Abbaye Neumunster (Luxemburgo), especialmente para la puesta en marcha de un instituto cultural com&uacute;n entre Francia, Alemania y Luxemburgo.</p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Todos estos compromisos me han ense&ntilde;ado como m&iacute;nimo dos cosas: <strong>modestia y fe</strong> . Modestia, por un lado porque no se puede tener una visi&oacute;n completa de la cooperaci&oacute;n cultural en Europa, y por el otro, porque uno se da cuenta de que cualquier acci&oacute;n cultural permanece fr&aacute;gil y aleatoria. Todo an&aacute;lisis ser&aacute;, necesariamente, incompleto y, en consecuencia, subjetivo. Fe, porque la creaci&oacute;n art&iacute;stica y el desarrollo cultural se acaban imponiendo en todas partes, como medios de supervivencia (como hemos visto en Sarajevo), como vectores de la dignidad humana (como en el di&aacute;logo intercultural), como fuerzas de emancipaci&oacute;n en nuestras sociedades, como &laquo;elementos que dan sentido&raquo; a nuestras vidas o, sencillamente, como fuentes de desarrollo y de felicidad personales.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">1.Estado de la cuesti&oacute;n</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">La visi&oacute;n que se ofrece al &laquo;espectador&raquo; de la cooperaci&oacute;n cultural europea es a la vez rica y contrastada. Es rica, porque es cada vez m&aacute;s multipolar y los distintos actores muestran una riqueza de creatividad y un dinamismo de invenci&oacute;n e innovaci&oacute;n extraordinarios. Es contrastada, porque presenta una diversidad de situaciones, de pol&iacute;ticas culturales, de estructuras y de m&eacute;todos de trabajo sobre los que las &laquo;pol&iacute;ticas culturales&raquo; de las grandes instituciones y organizaciones (como la Uni&oacute;n Europea y el Consejo de Europa) parecen tener pocos efectos estructurantes.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Dicho de otra manera: <strong>no existe una pol&iacute;tica cultural europea &uacute;nica y com&uacute;n. </strong>Personalmente, yo a&ntilde;adir&iacute;a: &iexcl;por suerte!, aunque lamento la falta de ambici&oacute;n cultural europea de la mayor&iacute;a de las mujeres y de los hombres pol&iacute;ticos y la ausencia cruel de los medios presupuestarios consiguientes para programas y proyectos culturales europeos.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Lo que me parece m&aacute;s sorprendente es lo siguiente:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">la mayor&iacute;a de <strong>pol&iacute;ticas culturales nacionales </strong>est&aacute;n <strong>en crisis</strong>, en lo que se refiere a los contenidos, las estructuras y los m&eacute;todos de trabajo. Construidas sobre un Estado benefactor cada vez m&aacute;s fr&aacute;gil (en Europa del Oeste) o buscando a&uacute;n su legitimidad en un sistema democr&aacute;tico (en Europa del Este), les resulta dif&iacute;cil definir los nuevos papeles del Estado y de los poderes p&uacute;blicos, pero tambi&eacute;n de la sociedad civil, en sociedades cada vez m&aacute;s multiculturales, globalizadas, que experimentan cambios profundos y han perdido la mayor&iacute;a de sus referentes tradicionales. En todas partes, las estructuras y los equipamientos culturales parecen demasiado pesados, mal adaptados a las emergencias art&iacute;sticas y a las nuevas pr&aacute;cticas culturales, e incapaces de responder a las nuevas necesidades de proximidad, de movilizaci&oacute;n de recursos, de solidaridad, de capacidad de escucha, de participaci&oacute;n e implicaci&oacute;n del tejido asociativo. Ante estos desarrollos, los poderes p&uacute;blicos reaccionan por un lado mediante desestatizaciones y privaciones de determinados equipamientos culturales, y por el otro mediante externalizaciones y contractualizaciones de determinadas misiones de servicio p&uacute;blico; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">la <strong>diplomacia cultural</strong>, que hasta ahora ha sido considerada el tercer pilar de los Asuntos Exteriores (al lado de los pilares de la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a), a duras penas consigue pasar de una funci&oacute;n de &laquo;escaparate del pa&iacute;s&raquo; a una funci&oacute;n de &laquo;di&aacute;logo intercultural&raquo;, que integrar&iacute;a, adem&aacute;s, la dimensi&oacute;n europea e internacional, mediante cooperaciones a medio y largo plazo. La pol&iacute;tica europea, que deber&iacute;a convertirse progresivamente en una pol&iacute;tica &laquo;interior&raquo;, como m&iacute;nimo en los 15 pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea, no ha encontrado todav&iacute;a su legitimidad, ni en los artistas y los intelectuales, ni en los responsables pol&iacute;ticos; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">las <strong>pol&iacute;ticas culturales locales </strong>(especialmente las de las grandes ciudades) y regionales parecen m&aacute;s conscientes de la necesidad de hacer de la cultura un instrumento importante de una pol&iacute;tica de desarrollo, de fomento y de encuentro, especialmente con sus ciudades y regiones compa&ntilde;eras. Ciertamente, el riesgo de una &laquo;instrumentalizaci&oacute;n&raquo; de la cultura al servicio de los objetivos econ&oacute;micos y sociales es importante, pero muchas iniciativas sostenidas por las ciudades y regiones, a menudo al margen de sus instituciones oficiales (en los eriales industriales o en los barrios y extrarradios mestizos) muestran que los artistas sacan provecho de ello y mantienen a la vez su autonom&iacute;a; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">en realidad, <strong>algunos grandes grupos</strong> se ocupan de gran parte de las &laquo;nuevas&raquo; pol&iacute;ticas culturales, grupos que han invertido en los sectores econ&oacute;micos anclados en el &aacute;mbito cultural (especialmente en las <strong>industrias culturales</strong>, los medios de comunicaci&oacute;n y las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n). En ellos se llevan a cabo elecciones culturalmente decisivas, la mayor&iacute;a de las veces lejos de Europa, en contextos que se escapan de los procedimientos democr&aacute;ticos y basados en imperativos que son los de la rentabilidad. Se trata de AOL-Time Warner, Microsoft, Disney, Sony, Vivendi o Bertelsmann, que actualmente dominan el paisaje de la sociedad en red y el de la producci&oacute;n y la difusi&oacute;n culturales; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">el <strong>Consejo de Europa</strong> puede prevalerse de programas culturales importantes desde hace aproximadamente cincuenta a&ntilde;os. Estos programas han pasado por etapas diversas: reconciliaci&oacute;n, (re)conocimiento rec&iacute;proco, creaci&oacute;n de un discurso com&uacute;n, puesta en com&uacute;n de soluciones, toma de conciencia de los retos multiculturales. El funcionamiento del Consejo ha sido - y sigue siendo - un funcionamiento triple: intelectual (foro de discusi&oacute;n de los grandes retos), normativo (&laquo;fabricaci&oacute;n&raquo; de convenciones, recomendaciones y resoluciones) y operativo (programas y acciones sobre el terreno). <br /> Pero, por encima de todo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ha tenido un papel irreemplazable en la &laquo;integraci&oacute;n europea&raquo; de los pa&iacute;ses de Europa central y oriental. A pesar de unos presupuestos irrisorios, ha sido capaz de ayudar a sus pa&iacute;ses a dotarse de legislaciones culturales adaptadas y a escoger ellos mismos pol&iacute;ticas culturales democr&aacute;ticas, con las legislaciones pertinentes, objetivos claros, administraciones transparentes y eficaces, sistemas de formaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n claramente estructurados. &iquest;Ser&aacute; capaz de conseguir, en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, evitar que tengamos una Europa cultural de dos velocidades, con los &laquo;ricos&raquo; por un lado, es decir los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea y los pa&iacute;ses culturales, y los &laquo;rechazados&raquo;, del otro? As&iacute; mismo, dentro de los pa&iacute;ses europeos, &iquest;habr&aacute; tambi&eacute;n un abismo entre los &laquo;ciudadanos europeos&raquo;, es decir, los que pueden viajar y tener derechos culturales, y los dem&aacute;s?;<br /> despu&eacute;s de haber conseguido mantener los v&iacute;nculos entre artistas, intelectuales y universitarios de los dos &laquo;bloques&raquo; de la Europa anterior a 1989, incluso en los peores momentos de la guerra fr&iacute;a, la <strong>UNESCO</strong> s&oacute;lo se puede implicar marginalmente en la regi&oacute;n europea en su conjunto. Sus intervenciones est&aacute;n m&aacute;s centradas, ya sea en temas (como la diversidad cultural, la cultura de la paz, las c&aacute;tedras UNESCO en el &aacute;mbito de los derechos humanos y de las pol&iacute;ticas culturales, los monumentos y emplazamientos del patrimonio mundial), ya sea en &aacute;reas geogr&aacute;ficas (la regi&oacute;n cauc&aacute;sica, Bosnia Herzegovina, Kosovo, etc.); </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">la <strong>OSCE</strong> (Organizaci&oacute;n para la Seguridad y la Cooperaci&oacute;n en Europa) no se ha interesado en absoluto, al menos hasta ahora, por la cultura y las pol&iacute;ticas culturales. Tras organizar un &laquo;Foro Cultural&raquo; en Budapest, en 1985, reuni&oacute; a todos los estados europeos, as&iacute; como a Canad&aacute; y a los Estados Unidos, en un &laquo;Coloquio sobre el patrimonio cultural&raquo; en Cracovia, en 1991. Si el Foro de Budapest no tuvo conclusiones ni continuaci&oacute;n, el Coloquio de Cracovia produjo un Documento final interesante que redefine los fundamentos de la cooperaci&oacute;n cultural europea tras la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n y la implosi&oacute;n del sistema comunista. Sin embargo, dicho texto no engendr&oacute; ni una estrategia opcional, ni un programa concreto; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">la acci&oacute;n cultural de la <strong>Uni&oacute;n Europea</strong> es todav&iacute;a reciente (unos buenos diez a&ntilde;os). Sin duda, cabe recordar aqu&iacute; que si los primeros tratados de lo que hoy se ha convertido en la Uni&oacute;n Europea no preve&iacute;an acciones ni pol&iacute;ticas culturales, no era por olvido, sino por una voluntad claramente establecida y asumida: nada de constituci&oacute;n ni de cultura, en los inicios, sino una cooperaci&oacute;n pragm&aacute;tica en lo que se refiere a las industrias del carb&oacute;n y del acero (CECA), m&aacute;s adelante el Euratom. Si actualmente la cultura empieza a tener efectos estructurantes en el &aacute;mbito de los medios de comunicaci&oacute;n, de la educaci&oacute;n, de la cohesi&oacute;n social y del desarrollo regional, sobre todo gracias a programas importantes y a una implicaci&oacute;n significativa de los fondos estructurales comunitarios, no se puede decir lo mismo del sector art&iacute;stico y cultural propiamente dicho, que contin&uacute;a siendo &laquo;no prioritario&raquo; a nivel de las pol&iacute;ticas comunitarias, en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos y presupuestarios. Hay que a&ntilde;adir que, para ciertos pa&iacute;ses de la UE, la acci&oacute;n comunitaria en el &aacute;mbito cultural debe seguir tan limitada como sea posible, basada en el principio de la &laquo;subsidiariedad&raquo; y en un proceso de decisi&oacute;n que exige la unanimidad (en el s&iacute; del Consejo de Ministros) y la codecisi&oacute;n con el Parlamento Europeo para cualquier decisi&oacute;n del programa; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">sin duda, el desarrollo m&aacute;s prometedor de la cooperaci&oacute;n cultural en Europa, estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, es el desarrollo extraordinario de la <strong>&laquo;sociedad civil&raquo; y </strong>de las <strong>organizaciones no gubernamentales</strong>: asociaciones, fundaciones, redes culturales, etc. Aqu&iacute; se encuentra una mayor creatividad, innovaci&oacute;n, dinamismo, voluntad de cooperaci&oacute;n transfonterera, a pesar (o a causa) de la fragilidad financiera de estas organizaciones. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&iquest;Qu&eacute; balance provisional se deriva de estas primeras observaciones?</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Por un lado, tenemos expresiones art&iacute;sticas y pr&aacute;cticas culturales ricas, innovadoras y numerosas; por otro lado, pol&iacute;ticas culturales, organizaciones internacionales y estructuras de cooperaci&oacute;n que, aunque se est&aacute;n modificando, a&uacute;n aparecen demasiado marcadas por un esp&iacute;ritu jer&aacute;rquico, por instituciones demasiado pesadas, por la dificultad de cooperar y por la falta de transparencia, especialmente en los procesos de toma de decisiones. En resumen, si existe la Europa cultural desde ahora, sobre todo gracias a los artistas y a las redes culturales, <strong>todav&iacute;a debemos inventar una pol&iacute;tica cultural europea com&uacute;n</strong>, no para influir en los contenidos art&iacute;sticos y culturales, sino para promover y desarrollar los marcos (jur&iacute;dicos, fiscales, financieros, etc.) de la cooperaci&oacute;n cultural entre todos los copart&iacute;cipes. Si bien los esfuerzos para definir una (y una &uacute;nica) identidad europea, &uacute;nicamente a partir de nuestra historia y nuestro patrimonio comunes, me parecen bastante irrisorios, deber&iacute;amos ponernos de acuerdo en <strong>una &laquo;especificidad europea&raquo;</strong>, como gesti&oacute;n y como proyecto de futuro.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">A mi parecer, resulta in&uacute;til a&ntilde;adir que una Europa cultural as&iacute; ser&iacute;a simplemente una Europa abierta al resto del mundo, sin miedo a la mezcla y que ofrecer&iacute;a hospitalidad..</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">2. Las recientes evoluciones del concepto de &laquo;cultura&raquo;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Me gustar&iacute;a partir de la definici&oacute;n de la cultura que ofreci&oacute; la UNESCO en 1982 en M&eacute;jico, durante la Conferencia Mundial sobre pol&iacute;ticas culturales:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&laquo;Actualmente, la pol&iacute;tica puede considerarse como el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos, que caracterizan a una sociedad o a un grupo social. Adem&aacute;s de las artes y las letras, la cultura engloba los modos de vida, los derechos humanos fundamentales, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.&raquo; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Y un poco m&aacute;s lejos, la Declaraci&oacute;n de M&eacute;jico contin&uacute;a as&iacute;: &laquo;La cultura otorga al hombre la capacidad de reflexi&oacute;n sobre s&iacute; mismo. Es ella la que hace de nosotros seres espec&iacute;ficamente humanos, racionales y &eacute;ticamente comprometidos. Es por ella que discernimos valores y elegimos. Es por ella que el hombre se expresa, toma conciencia de s&iacute; mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuesti&oacute;n sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevos significados y crea obras que le trascienden.&raquo;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Dicha definici&oacute;n de la cultura, que el Consejo de Europa retom&oacute; dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en su Declaraci&oacute;n europea sobre los objetivos culturales (4&ordf; Conferencia de Ministros europeos de Cultura, Berl&iacute;n 1984), constituye de alg&uacute;n modo el calder&oacute;n de una <strong>reflexi&oacute;n </strong>en profundidad <strong>sobre los conceptos de base de las pol&iacute;ticas y de la acci&oacute;n culturales </strong>caracter&iacute;sticas de <strong>los a&ntilde;os 70</strong> (y que han dado curso a los cambios de valores de los a&ntilde;os 60 y al &laquo;nacimiento&raquo; de lo que R. Inglehardt denomina valores &laquo;postmaterialistas&raquo;. Justamente en esta &eacute;poca &laquo;nacen&raquo; conceptos como los siguientes: democracia cultural, finalidades culturales del desarrollo, cultura para todos (&laquo;Kultur f&uuml;r alle&raquo;, de Hilmar Hoffmann, Frankfurt/M. 1979), cultura como derecho del ciudadano (&laquo;B&uuml;rgerrecht - Kulturrecht&raquo;, de Hermann Glaser, Francfort/M. 1983), desarrollo de la comunidad, animaci&oacute;n sociocultural y &laquo;Soziokultur&raquo;, etc. Uno de los textos m&aacute;s significativos y &laquo;prof&eacute;ticos&raquo; de este per&iacute;odo sigue siendo la Declaraci&oacute;n de Arc-et-Senans (1972) que subraya que &laquo;se trata de reconocer al hombre el derecho de ser autor de modos de vida y de pr&aacute;cticas sociales que tengan una significaci&oacute;n. Por lo tanto, hay motivo para administrar las condiciones de creatividad dondequiera que se sit&uacute;en, para reconocer la diversidad cultural, garantizando la existencia y el desarrollo de los medios m&aacute;s d&eacute;biles&raquo;.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Justamente en este per&iacute;odo el espacio cultural jug&oacute; plenamente su papel de experimentador social. Esta experimentaci&oacute;n, esta liberaci&oacute;n de la palabra y de las actitudes, se observaba igual de bien en los comportamientos cotidianos (la liberalizaci&oacute;n de las costumbres), en las nuevas experiencias comunitarias (especialmente en el movimiento <em>hippie</em>), en formas in&eacute;ditas de solidaridad, en experiencias de la contracultura o en el arte vanguardista, que en la aparici&oacute;n de nuevos movimientos asociativos. En ese punto se hac&iacute;an visibles las cuestiones y las exigencias que influir&iacute;an lentamente en el paisaje pol&iacute;tico.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">En este contexto emergieron los discursos que volv&iacute;an a hacer expl&iacute;citos de manera cr&iacute;tica los v&iacute;nculos entre la cultura y la pol&iacute;tica, y tambi&eacute;n se construy&oacute; un nuevo imaginario para las pol&iacute;ticas culturales que consist&iacute;a, por ejemplo, en sustituir la antigua pol&iacute;tica de democratizaci&oacute;n de la cultura por una pol&iacute;tica de democracia cultural. En consecuencia, las pol&iacute;ticas culturales, que insist&iacute;an tanto en los procesos culturales como en los &laquo;resultados&raquo;, estaban marcadas por un ideal de participaci&oacute;n pol&iacute;tica, por una amplia descentralizaci&oacute;n, por una multiplicaci&oacute;n de los dispositivos culturales (como en las &laquo;<em>Maisons de la Culture</em>&raquo; - Casas de Cultura- en Francia o los centros culturales en B&eacute;lgica) y por un refuerzo del tejido asociativo. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">Los a&ntilde;os 80 </span></strong><span style="font-size: 10pt">son <strong>m&aacute;s &laquo;pragm&aacute;ticos&raquo;</strong>: la <strong>crisis econ&oacute;mica</strong>, por un lado, y la profesionalizaci&oacute;n creciente del sector cultural, por otro, obligan a los responsables y a los actores culturales a abordar de una manera m&aacute;s profunda el &laquo;&iquest;c&oacute;mo?&raquo; de la pol&iacute;tica cultural y a situarse con relaci&oacute;n al desarrollo econ&oacute;mico, que se convierte en el objetivo principal. Es el inicio de la econom&iacute;a de la cultura, de la gesti&oacute;n y el m&aacute;rqueting culturales, del renacimiento urbano por la cultura (v&eacute;ase Glasgow), del establecimiento de formaciones de administradores, de gestores y de &laquo;ingenieros&raquo; culturales, del recurso m&aacute;s sistem&aacute;tico a fuentes de financiaci&oacute;n que no provengan de los poderes p&uacute;blicos (esponsorizaci&oacute;n privada y de empresa).</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">En lo que respecta a <strong>los a&ntilde;os 90</strong>, vienen marcados por la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n, la desaparici&oacute;n del tel&oacute;n de acero y la implosi&oacute;n del sistema comunista. Frente a la mundializaci&oacute;n, por un lado, y a la construcci&oacute;n europea por otro (en virtud del Tratado de Maastricht, en 1992, la Comunidad Europea, que hasta entonces hab&iacute;a funcionado sobre una base esencialmente econ&oacute;mica, se convierte en la &laquo;Uni&oacute;n Europea&raquo;, m&aacute;s pol&iacute;tica, y da una base legal a una acci&oacute;n de Bruselas en el &aacute;mbito cultural), los problemas de identidades culturales y de minor&iacute;as, nacionales o no, resurgen con fuerza y violencia, como se ha podido ver en el caso de Bosnia Herzegovina, de Kosovo, y actualmente de Macedonia. Tras su ampliaci&oacute;n y liberalizaci&oacute;n respecto a otros &aacute;mbitos, la cultura corre cada vez m&aacute;s el riesgo de convertirse en un instrumento, especialmente de la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a y lo social. Finalmente, mientras que los a&ntilde;os 80 se caracterizaron por las relaciones entre la cultura y la econom&iacute;a, los 90 se caracterizaron por las relaciones entre la cultura y la <strong>cohesi&oacute;n social</strong>. Las razones esenciales son la mundializaci&oacute;n, la crisis del Estado benefactor, el aumento del paro estructural y la metamorfosis del trabajo, la crisis del urbanismo moderno y la transformaci&oacute;n de los sistemas de valores y de representaciones de la sociedad.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">3. An&aacute;lisis de la situaci&oacute;n actual</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&iquest;En qu&eacute; punto nos encontramos actualmente?</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&middot; por un lado, han cambiado <strong>muchos conceptos de base de la cultura y de la pol&iacute;tica cultural</strong>, si no de expresi&oacute;n, al menos de sentido. Citar&eacute; algunos ejemplos:<br /> la democratizaci&oacute;n de la cultura ha dado paso a la democracia cultural;<br /> la &laquo;Soziokultur&raquo; y la animaci&oacute;n sociocultural dan paso cada vez m&aacute;s al desarrollo cultural;<br /> donde se hablaba de &laquo;monumentos&raquo; y &laquo;emplazamientos&raquo;, hoy en d&iacute;a se habla de patrimonio cultural, de paisaje cultural e incluso de entorno cultural;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">&middot; la vida cultural ha experimentado profundas transformaciones</span></strong><span style="font-size: 10pt">: aparecen nuevas expresiones art&iacute;sticas, se desarrollan nuevas pr&aacute;cticas culturales, se liberaliza la cultura, el proyecto y la peque&ntilde;a estructura de proximidad superan a menudo al equipamiento pesado, se concede una mayor importancia a los &laquo;m&aacute;rgenes&raquo;: eriales industriales, barrios mestizos, extrarradios innovadores donde se viven a la vez nuevas expresiones culturales y otros v&iacute;nculos de solidaridad, de alg&uacute;n modo &laquo;biodegradables&raquo;. Se generaliza la red como modo de funcionamiento y de cooperaci&oacute;n, paralelamente al fortalecimiento de los deseos de movilidad y a las necesidades de formaci&oacute;n de los distintos actores culturales. Aparecen nuevas &laquo;profesiones&raquo; culturales, especialmente en el &aacute;mbito de la mediaci&oacute;n y de la proximidad, as&iacute; como en la interdisciplinariedad. Finalmente, uno se da cuenta de la necesidad de gestionar de un modo distinto las &laquo;temporalidades culturales&raquo;: se ha pasado de los productos clave en mano a procesos colectivos, a trayectos personales, a la experimentaci&oacute;n en com&uacute;n; de los cambios ef&iacute;meros a las cooperaciones que se sit&uacute;an en el tiempo;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">&middot; la &laquo;reconciliaci&oacute;n&raquo; de Europa consigo misma sigue estando</span></strong><span style="font-size: 10pt">, al menos en lo que a cultura se refiere, ampliamente <strong>inacabada</strong>. Es cierto que han desaparecido las fronteras ideol&oacute;gicas; sin embargo, no ha sucedido lo mismo con las fronteras que existen en nuestras cabezas. Andre&iuml; Plesu, antiguo Ministro de Cultura y de Asuntos Exteriores de Ruman&iacute;a, caracteriz&oacute; correctamente la situaci&oacute;n en los a&ntilde;os 90, cuando hablaba del &laquo;velo de incomprensi&oacute;n&raquo; que sustitu&iacute;a al tel&oacute;n de acero. Asimismo, en septiembre de 1999, nos advert&iacute;a del peligro de ver desaparecer la diversidad cultural de Europa central y oriental en el molde de homogeneizaci&oacute;n del &laquo;acervo comunitario&raquo;;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">por otro lado, han cambiado profundamente los <strong>modos de funcionamiento y los m&eacute;todos de trabajo de la cultura</strong>: al parecer, se da m&aacute;s prioridad a los proyectos que a las instituciones, a los procesos/trayectos que los productos, a la cooperaci&oacute;n que a los intercambios, a la confrontaci&oacute;n y al di&aacute;logo que a los consensos d&eacute;biles, a la connectividad que a la exclusividad, a los pasos &laquo;ascendentes o <em>bottom up</em>&raquo;, flexibles y que funcionen en red, m&aacute;s que a m&eacute;todos r&iacute;gidos, &laquo;descendentes o <em>top down</em>&raquo; y jerarquicoburocr&aacute;ticos; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">as&iacute;, parece ser que a la definici&oacute;n esencialmente antropol&oacute;gica de la cultura preconizada en M&eacute;jico, en 1982, se han a&ntilde;adido nuevas aportaciones. Como, por ejemplo, <strong>una lectura m&aacute;s &laquo;hermen&eacute;utica&raquo; de la cultura</strong>, como conjunto de los recursos de sentido compartidos por los actores que pertenecen a los mismos conjuntos sociohist&oacute;ricos. Entendida de este modo, la cultura aparece como el horizonte a partir del cual se forma nuestra familiaridad con el mundo, a trav&eacute;s del cual comprendemos c&oacute;mo construimos nuestra relaci&oacute;n con los dem&aacute;s y con nosotros mismos. &laquo;Llamo cultura, escribe J&uuml;rgen Habermas, a la reserva del saber en la que los participantes de la comunidad puedan acceder a interpretaciones cuando se enfrenten a cualquier realidad en el mundo&raquo; (en: &laquo;Th&eacute;orie de l&#39;agir communicationnel&raquo;, - Teor&iacute;a del comportamiento comunicacional -, Fayard 1987). </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Existe otra interpretaci&oacute;n de la cultura que parece importante actualmente: la de C. Castoriadis (en: &laquo;La mont&eacute;e de l&#39;insignifiance. Les carrefours du labyrinthe&raquo;, - El aumento de la insignificancia. Las encrucijadas del laberinto -, Seuil 1996). Frente a la imagen de una cultura que sencillamente siempre estar&iacute;a ah&iacute;, insiste en su <strong>dimensi&oacute;n procesual</strong>, en el trabajo imaginativo y reflexivo que se opera en ella sin descanso. Lo que constituir&iacute;a la especificidad cultural de la modernidad, es que, en lo sucesivo, se cuestiona sin cesar la validez de los contenidos culturales (representaciones, sistemas de valores, instituciones, etc.), y la cultura, como la Bildung (en el sentido que le otorga E. Cassirer) se convierte en ese poder y ese deseo de formaci&oacute;n por medio de los cuales los humanos intentan dar sentido a su existencia, a su ser en com&uacute;n, a su entorno. Es tambi&eacute;n de este modo que la cultura deja de ser por encima de todo una cuesti&oacute;n de reproducci&oacute;n, para convertirse en una cuesti&oacute;n de producci&oacute;n: se convierte a la vez en un espacio donde se liberan esperas de reconocimiento y un espacio de experimentaci&oacute;n (v&eacute;ase, sobre todo, Charles Taylor, en: &laquo;Les sources du moi&raquo;, - Las fuentes del yo-, Seuil 1998). Esta manera de ver las cosas nos permite evitar reducir la cultura y la identidad a su dimensi&oacute;n retrospectiva, y verlas como construcciones, como procesos permanentes hechos de pr&eacute;stamos, de mestizajes y de intercambios, gracias a un movimiento dial&eacute;ctico entre un espacio de experiencia y un horizonte de espera del otro (v&eacute;ase R. Koselleck, in: &laquo;Le r&egrave;gne de la critique&raquo;, - El reino de la cr&iacute;tica -, Minuit 1979).</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Una &uacute;ltima interpretaci&oacute;n de la cultura nos hace comprender que con la modernidad el trabajo cultural se impone tal vez m&aacute;s por sus m&eacute;todos que por sus objetos y que, por lo tanto, no se trata tanto de designar por &laquo;cultura&raquo; un determinado tipo de pr&aacute;cticas como de <strong>buscar la trascendencia &eacute;tica o pol&iacute;tica de dichas pr&aacute;cticas</strong> (v&eacute;anse las discusiones de los &uacute;ltimos foros de las redes culturales europeas, Ljubljana 2000 y Bruselas 2001);</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">&middot; las pol&iacute;ticas culturales y sus estructuras</span></strong><span style="font-size: 10pt">, por su parte, est&aacute;n sometidas a <strong>desestructuraciones/reestructuraciones permanentes</strong>: donde se privilegiaba la homogeneizaci&oacute;n, hoy se pone de relieve la diversidad cultural; donde prevalec&iacute;a la l&oacute;gica comunitaria, se habla de la necesidad de salvaguardar el espacio p&uacute;blico. Donde todo se solucionaba entre poderes p&uacute;blicos, ahora se hacer intervenir el mercado, por una parte, y la sociedad civil y los mundos econ&oacute;mico y social, por otra: en un mundo cultural cada vez m&aacute;s multipolar, se impone el concepto de &laquo;colaboraci&oacute;n&raquo;. Finalmente, donde predominaba lo nacional, la integraci&oacute;n de la pol&iacute;tica cultural en lo transfronterero y lo nacional se convierte en un procedimiento com&uacute;n. Los conceptos que parecen ser predominantes hoy son los siguientes: descentralizaci&oacute;n, desestatizaci&oacute;n, desinstitucionalizaci&oacute;n, privatizaci&oacute;n.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Anta&ntilde;o, en el Estado benefactor y en las pol&iacute;ticas culturales que se refer&iacute;an al mismo, se conceb&iacute;a la creaci&oacute;n/creatividad como un instrumento &laquo;p&uacute;blico&raquo; al servicio de un determinado n&uacute;mero de valores sociales compartidos. Actualmente, dicha situaci&oacute;n se echa a perder porque la subjetividad y la creatividad son comercializadas y privatizadas cada vez m&aacute;s, cuando no son utilizadas como identidades colectivas inamovibles. Por otra parte, las pol&iacute;ticas culturales se han visto en la incapacidad de despejar, desde el punto de vista conceptual y operacional, las dimensiones culturales de las migraciones, de la exclusi&oacute;n social, del paro y de la mutaci&oacute;n del trabajo, y de replantear la acci&oacute;n cultural en interacci&oacute;n din&aacute;mica con los derechos humanos y la democracia.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Por lo tanto, cabe plantearse si las pol&iacute;ticas culturales, actualmente, m&aacute;s que gestionar directamente pesados equipamientos culturales y definir programas m&aacute;s o menos apremiantes, no deber&iacute;an resituarse a partir de los valores y los derechos culturales y contentarse con definir estrategias generales, como &laquo;recipientes&raquo; de medidas posibles, siempre susceptibles de debate y de puesta en pr&aacute;ctica por parte de los actores implicados. De este modo, la cultura pasar&iacute;a a ser, a la vez, el lugar de todas las libertades m&aacute;s fuertes y de todas las pluralidades, y el factor de todos los v&iacute;nculos y de todas las responsabilidades. Esto permitir&iacute;a al Estado concentrarse m&aacute;s en su papel de garante (de la libertad de expresi&oacute;n y de la igualdad de todos los ciudadanos frente a la cultura), de &aacute;rbitro y de mediador (especialmente en la &laquo;gesti&oacute;n&raquo; de la multiculturalidad), de &laquo;arquitecto&raquo; del espacio p&uacute;blico y de promotor de una seguridad y una fiabilidad culturales. Seguridad cultural, en el sentido de protecci&oacute;n de identidades abiertas, interactivas, creadoras. Fiabilidad cultural, en el sentido de desarrollo y explotaci&oacute;n de esta seguridad como un bien com&uacute;n que vincule entre ellas a las personas contempor&aacute;neas, solidariamente con las de otras generaciones pasadas y futuras. &iquest;No es este el verdadero principio de la paz?</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&middot; finalmente, las <strong>organizaciones internacionales</strong> deber&iacute;an integrar mejor, en sus procesos de toma de decisiones y en su programaci&oacute;n, a las autoridades territoriales, por una parte, y a las asociaciones, ONGs y redes culturales, de otra.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Podr&iacute;an garantizar, especialmente, el ejercicio de la ciudadan&iacute;a en el seno de espacios p&uacute;blicos organizados democr&aacute;ticamente, como una conexi&oacute;n de sistemas de observaci&oacute;n, de discusi&oacute;n, de &laquo;conservatorio de valores&raquo;, de decisi&oacute;n y de &laquo;supervisi&oacute;n&raquo;. M&aacute;s que pretender dar &laquo;consignas&raquo; y querer gestionar la riqueza de las culturas europeas, deber&iacute;an concentrarse en la promoci&oacute;n de las sinergias entre actores culturales, p&uacute;blicos, civiles y privados, en la organizaci&oacute;n de la cooperaci&oacute;n cultural entre culturas y disciplinas distintas, en el fortalecimiento de las estructuras de debate p&uacute;blico y en la &laquo;capacitaci&oacute;n&raquo; de los actores culturales, especialmente los m&aacute;s d&eacute;biles y fr&aacute;giles.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Todas estas cuestiones nos incitan a abordar las pol&iacute;ticas culturales no s&oacute;lo ya bajo el punto de vista del&laquo;&iquest;c&oacute;mo?&raquo;, sino tambi&eacute;n del &laquo;&iquest;por qu&eacute;?&raquo;.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&iquest;Qu&eacute; conclusiones, provisionales, podemos extraer de estas lecturas diacr&oacute;nicas de los conceptos de cultura?</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">la cultura y el patrimonio cultural se han convertido en las apuestas de la sociedad</span></strong><span style="font-size: 10pt">: esto implica a la vez ventajas (se reconoce la dimensi&oacute;n cultural en otros &aacute;mbitos pol&iacute;ticos y sociales) e inconvenientes (existe en todo momento un peligro de instrumentalizaci&oacute;n y de &laquo;sobrecarga&raquo; de la cultura). Esto plantea tambi&eacute;n el problema del &laquo;tiempo cultural&raquo;: comparado constantemente con la urgencia y el corto plazo del tiempo pol&iacute;tico y del tiempo econ&oacute;mico, el tiempo cultural tiene dificultades para que se reconozca la necesidad de &laquo;labrar&raquo; en profundidad, y en consecuencia de &laquo;perder el tiempo&raquo; en algunas ocasiones, y de sobrepasar lo ef&iacute;mero y el corto plazo;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">como se ha precisado hace poco tiempo a&uacute;n, durante la Conferencia Europea de Ministros del Patrimonio Cultural (Portoroz/Eslovenia, 6 y 7 de abril, 2001), el <strong>patrimonio cultural</strong> contin&uacute;a transform&aacute;ndose de una manera bastante radical: sus nuevas funciones ponen de manifiesto el &laquo;<strong>valor conflictivo&raquo;</strong> (&laquo;Streitwert&raquo; seg&uacute;n Gaby Dolff, en: &laquo;Prospective: Fonctions du patrimoine culturel dans une Europe en changement&raquo;, - Prospectiva: Funciones del patrimonio cultural en una Europa cambiante -, Consejo de Europa 2001) del patrimonio, la necesidad de un &laquo;<strong>trabajo sobre la memoria&raquo;</strong> (para retomar la bella expresi&oacute;n de Paul Ricoeur), el &laquo;renacimiento&raquo; del concepto de &laquo;patrimonio&raquo; como conjunto de ideales y de principios de base de la cooperaci&oacute;n cultural europea (&iexcl;f&oacute;rmula ya presente en los Estatutos del Consejo de Europa en 1949!), el papel del patrimonio en la econom&iacute;a en red y en la sociedad de la informaci&oacute;n. Se trata, por lo tanto, en este punto, de reinventar el patrimonio dentro de la perspectiva de las generaciones futuras: s&oacute;lo podr&aacute; transmitirse el patrimonio (como herencia dada y sentido a construir) si se le da un significado y se reconstruye. De este modo, el patrimonio vuelve a ser, plenamente, el horizonte de la traves&iacute;a, el campo de la transformaci&oacute;n, dimensi&oacute;n de la trascendencia y espacio de di&aacute;logo: el patrimonio es lo que transita por nosotros y lo que, al atravesarnos, nos transforma, llev&aacute;ndonos m&aacute;s all&aacute; de nosotros mismos, para reencontrarnos con el Otro, y por lo tanto con el Yo; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, <strong>la cultura </strong>ha sido objeto<strong> de conmemoraciones, de celebraciones, de fiestas, de jornadas europeas</strong>. No hay nada de enigm&aacute;tico en este &laquo;uso&raquo; pol&iacute;tico de la cultura y de las artes, si aceptamos presuponer que la sensibilidad (el gusto, el compartir sensible moment&aacute;neo, los afectos en com&uacute;n) favorece f&aacute;cilmente los contactos entre las persones y de este modo puede ponerse al servicio de una pol&iacute;tica de interacci&oacute;n. &iquest;Pero no nos arriesgamos a preservar &uacute;nicamente la cohesi&oacute;n social sin preocuparnos de dar a los ciudadanos los medios para realizar aspiraciones in&eacute;ditas y, por tanto, su historia? Como pregunta Christian Ruby (en: &laquo;l&#39;&Eacute;tat esth&eacute;thique&raquo;, - El Estado est&eacute;tico -, Castells-Labor 2000), &iquest;no nos arriesgamos a disolver las veleidades de movilizaci&oacute;n de los ciudadanos, centrando su atenci&oacute;n en las modas, las ceremonias y los espect&aacute;culos en el transcurso de los cuales s&oacute;lo se trata de &laquo;sentir algo muy fuerte&raquo;? &iquest;No existe el riesgo de que nuestros hombres pol&iacute;ticos dejen de lado estas instituciones y estos proyectos culturales que pretenden cambiar la sociedad en beneficio de una cultura populista que se orienta hacia el &laquo;inter&eacute;s humano&raquo; de la gran masa y que no hace otra cosa que reproducir los &laquo;estilos de vida&raquo; dominantes? </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">se han extendido de tal modo la cultura y el patrimonio, como conceptos, que existe el <strong>peligro de que se disuelvan y pierdan especificidad.</strong> En este contexto, me impresiona que en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os el sector cultural haya producido pocos conceptos nuevos, y en cambio m&aacute;s bien haya culturalizado conceptos que ya hayan demostrado su valor en otros lugares: desarrollo duradero, cohesi&oacute;n cultural, ciudadan&iacute;a, red, ecolog&iacute;a cultural; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">la cultura ha dejado de ser &uacute;nicamente un &aacute;mbito de la acci&oacute;n p&uacute;blica, uno m&aacute;s de los sectores de actividades: actualmente es <strong>una dimensi&oacute;n reconocida de la pol&iacute;tica p&uacute;blica</strong>. En cambio, uno tiene la impresi&oacute;n de que las nuevas funciones que el Estado y los poderes p&uacute;blicos deber&iacute;an asumir respecto a la cultura y al patrimonio cultural contin&uacute;an desdibujadas, que el Estado no es en absoluto innovador en materia de desarrollo cultural (a menudo, las innovaciones culturales tienen lugar al margen de las pol&iacute;ticas culturales oficiales y de las instituciones culturales reconocidas y sostenidas) y que a las pol&iacute;ticas culturales, frente a pr&aacute;cticas culturales nuevas, les resulta dif&iacute;cil adaptar sus estructuras. En el fondo, se puede tener la impresi&oacute;n de que el concepto cultural de los a&ntilde;os 80 intentaba dar sentido a las evoluciones de la sociedad, en un marco a la vez pol&iacute;tico y nacional, mientras que hoy, la cultura &laquo;estalla&raquo;, se liberaliza, haciendo desaparecer las fronteras entre el interior y el exterior, entre lo pol&iacute;tico y lo social, en un marco en el que parece imponerse la primac&iacute;a de lo econ&oacute;mico. En este sentido, abogo por una nueva &laquo;cultura de lo pol&iacute;tico&raquo; y por una clarificaci&oacute;n del rol del Estado, que debe permanecer esencial y central en el desarrollo cultural; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">la &laquo;<strong>diplomacia cultural&raquo;</strong> experimenta algunas dificultades en encontrar sus signos: &laquo;3er pilar&raquo;, bilateral frente a multilateral, diligencia interestatal o intercultural. En una conferencia que se celebr&oacute; en Cracovia en el mes de junio de 1999 (&laquo;Beyond Cultural Diplomacy - International Cultural Cooperation Policies: Whose Business is it anyway?&raquo;, - M&aacute;s all&aacute; de la Diplomacia Cultural - Pol&iacute;ticas de Cooperaci&oacute;n Cultural Internacional: &iquest;De qui&eacute;n es responsabilidad, de todas formas? -), CIRCLE (red que reagrupa institutos de investigaci&oacute;n e investigadores en materia de desarrollo cultural) hablaba de 4 &laquo;tendencias <em>des</em>&raquo;: desestatizaci&oacute;n, desinstitucionalizaci&oacute;n, desdiplomatizaci&oacute;n, desnacionalizaci&oacute;n. Esto es cierto, aunque puede decirse tambi&eacute;n que, frente a las &laquo;deconstrucciones / reconstrucciones&raquo;, los estados y las instituciones suelen reaccionar de manera bastante friolera y defensiva. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Lo que me parece cierto, en todo caso, es que nos estamos orientando, cada vez m&aacute;s, hacia procesos de cooperaci&oacute;n a largo plazo, interculturales e intercomunitarios, as&iacute; como hacia colaboraciones negociadas entre el Estado y la sociedad civil;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">4. Los nuevos desaf&iacute;os para la cooperaci&oacute;n cultural europea </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">1. El contexto de las relaciones culturales multilaterales</span></strong><span style="font-size: 10pt"></span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Decir que las relaciones culturales multilaterales, sin caer siquiera en la multiplicaci&oacute;n de los &laquo;neo-&raquo; y los &laquo;post-&raquo;, experimentan profundos cambios, es decir poco. Dichos cambios se deben, especialmente, a que el juego de poder y el ejercicio de la autoridad ya no se definen exclusivamente en el interior de fronteras nacionales y a que la divisi&oacute;n tradicional entre estados y actores no estatales no parece tener ser ya muy pertinente.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Una de las causas esenciales de este fen&oacute;meno es la <strong>mundializaci&oacute;n/globalizaci&oacute;n</strong>, que se ha convertido en una realidad, al menos en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses europeos. Dicha mundializaci&oacute;n a menudo comporta una asimetr&iacute;a y una falta de reciprocidad en una interdependencia generalizada, una emergencia de nuevos poderes y de crispaciones identitarias; nos obliga a replantearnos el lugar de los territorios y el concepto de soberan&iacute;a nacional y a imaginar una reconfiguraci&oacute;n del papel de los estados, as&iacute; como un nuevo formateo de las organizaciones y de las instituciones europeas e internacionales.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Las funciones del Estado han dejado de ser &uacute;nicamente encarnar una comunidad, sino tambi&eacute;n servir a una comunidad humana mundializada e interdependiente. La difusi&oacute;n de los retos &eacute;ticos por parte de las redes humanitarias o ecol&oacute;gicas m&aacute;s o menos relegadas por los movimientos sociales est&aacute; all&iacute; para recordarlo. Como precisan Bertrand Badie o Pierre Hassner (en: &laquo;Les nouvelles relations internationales: pratiques et th&eacute;ories&raquo;, - Las nuevas relaciones internacionales: pr&aacute;cticas y teor&iacute;as -, Presses de Sciences Po 1998), la teor&iacute;a de las relaciones internacionales se une a la del contrato social; tiene una dimensi&oacute;n normativa y no podr&iacute;a prescindir ni de la ciencia pol&iacute;tica ni de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">M&aacute;s que la coexistencia de dos sistemas, uno centrado en el Estado y otro multicentrado, descrita por James N. Rosenau (in: &laquo;Along de Domestic-Foreign Frontier: Exploring Governance in a Turbulent World&raquo;, - A lo largo de la Frontera Interior-Exterior. Explorando el buen gobierno en un mundo turbulento -, Cambridge University Press 1997), lo que hay que gestionar es la interpenetraci&oacute;n de los dos sistemas, hecha de competencia y complicidad. La empresa, para la que los aparatos del Estado y de las organizaciones no gubernamentales claramente no est&aacute;n preparados, resulta bastante m&aacute;s dif&iacute;cil, ya que la relativizaci&oacute;n del principio territorial ha multiplicado los espacios en los que pueden expresarse las aspiraciones y las elecciones pol&iacute;ticas. Por un lado, la multiplicaci&oacute;n de los espacios creados por la mundializaci&oacute;n (especialmente espacios de comunicaci&oacute;n) tiene como efecto debilitar la relaci&oacute;n del ciudadano con el Estado; por otro, las reivindicaciones nacionalistas favorecen la consolidaci&oacute;n de espacios pol&iacute;ticos inscritos en una realidad territorial, que debe reinventarse la mayor parte del tiempo.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Las construcciones regionales (la Uni&oacute;n Europa, evidentemente, pero tambi&eacute;n las regiones del Danubio y de los C&aacute;rpatos, del Mar Negro, del Mar B&aacute;ltico, de la Iniciativa Centroeuropea, etc.) parecen una respuesta a esta necesidad que se experimenta de nuevos espacios pol&iacute;ticos a los que conducir pol&iacute;ticas sectoriales que traspasan las fronteras en beneficio de sociedades cada vez m&aacute;s interdependientes, y hacia los cuales las fuerzas sociales podr&iacute;an dirigir expectativas que el Estado-naci&oacute;n no est&aacute; en situaci&oacute;n de satisfacer. Aqu&iacute; se crean espacios de &laquo;buen gobierno&raquo; y de &laquo;red de acci&oacute;n p&uacute;blica&raquo; con una multiplicidad de actores, p&uacute;blicos y privados, que participan en la formulaci&oacute;n y en la puesta en marcha de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Podr&iacute;an prefigurar el modo de colaboraci&oacute;n ideal entre estados, poderes p&uacute;blicos regionales y locales, redes, profesiones y otros actores de la sociedad civil. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Las nuevas visiones del mundo se caracterizan por el sentimiento de una formidable compresi&oacute;n del espacio y del tiempo y la emergencia de una organizaci&oacute;n espacial pluridimensional (seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Karoline Postel-Vinay, en: &laquo;La transformation spatiale des relations internationales&raquo;, - La transformaci&oacute;n espacial de las relaciones internacionales -, publicada en la obra colectiva: &laquo;Les nouvelles relations internationales&raquo;, - Las nuevas relaciones internacionales -, Presses des Sciences Po 1998) que nos impulsa a pensar m&aacute;s all&aacute; de la territorialidad, como nos invitan a hacer los &laquo;nuevos ge&oacute;grafos&raquo; franceses, que consideran que es la observaci&oacute;n de las interacciones la que define el &aacute;rea de la actividad humana, y que ya no es el lugar dado el que define la sociedad. Son sin duda las <strong>redes transnacionales </strong>las que &laquo;encarnan&raquo; mejor este m&aacute;s all&aacute; de la territorialidad y esta nueva dimensi&oacute;n de un &laquo;tiempo mundial&raquo;: permanentemente situados en el punto de encuentro de las din&aacute;micas transnacionales y de las l&oacute;gicas locales, se benefician de un margen de maniobra que les permite irrigar simult&aacute;neamente diversos sectores de la vida pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y cultural. Practicando, uno tras otro o simult&aacute;neamente, el contorneamiento del Estado o la participaci&oacute;n, introducen formas de expresi&oacute;n intermediarias entre la conformidad y la desviaci&oacute;n, entre el orden y el desorden.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">Los nuevos desaf&iacute;os de la cultura</span></strong><span style="font-size: 10pt"></span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Me gustar&iacute;a centrarme, en este punto, en los desaf&iacute;os m&aacute;s directamente vinculados a la cooperaci&oacute;n cultural multilateral, y me gustar&iacute;a formularlos en forma de tesis:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">&middot; la cultura es intercultural</span></strong><span style="font-size: 10pt">. La multiculturalidad de nuestras sociedades es hoy un hecho reconocido. El tema de la diversidad cultural se convierte en una estrategia central, tanto para hacer que se reconozca la especificidad cultural en las negociaciones comerciales internacionales, como para que se reconozca la identidad cultural o religiosa del otro, como persona y como comunidad, y - y no hay que olvidar esta dimensi&oacute;n de la diversidad cultural - para ayudar a las culturas emergentes a desarrollarse. Si insisto en esta perspectiva intercultural, es porque me parece la m&aacute;s pertinente y apropiada, tanto en el &aacute;mbito de los hechos (la dial&eacute;ctica, la interacci&oacute;n y la din&aacute;mica interculturales me parecen m&aacute;s adecuadas que la yuxtaposici&oacute;n, para dar cuenta de la realidad), como en el &aacute;mbito de proyecto (pol&iacute;tico, cultural y educativo), el cual, en palabras de Micheline Rey, nos hace pasar de una l&oacute;gica mono(cultural) a una l&oacute;gica inter(cultural), lo que implica no s&oacute;lo el reconocimiento de la diversidad, el di&aacute;logo y la interacci&oacute;n entre personas y comunidades, sino tambi&eacute;n el cuestionamiento en la reciprocidad y la din&aacute;mica de cambios, reales y potenciales.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Alain Touraine describi&oacute; muy bien esta perspectiva cuando en &laquo;Qu&#39;est-ce que la d&eacute;mocratie?&raquo;, - &iquest;Qu&eacute; es la democracia? -, afirma que no hay que hacer hincapi&eacute; en la distancia entre las culturas, sino en la capacidad de los individuos de construir un proyecto de vida. &Eacute;l considera que habr&iacute;a que hablar menos de confluencia entre culturas, y m&aacute;s de historias de individuos que pasan de una situaci&oacute;n a otra y que reciben de diversas sociedades y culturas los elementos que conformar&aacute;n su personalidad.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">En conclusi&oacute;n, m&aacute;s que hablar de &laquo;cultura&raquo; en singular, hablemos de culturas en plural. Como las identidades, las culturas ser&aacute;n por tanto plurales, en desarrollo permanente, en interacci&oacute;n constante. Y es que es en la confrontaci&oacute;n y el di&aacute;logo con el Otro que llegaremos a conocernos y a ser conscientes de nuestras identidades y nuestras culturas. Claude L&eacute;vi-Strauss ya hab&iacute;a hecho hincapi&eacute; en ello: el descubrimiento de la alteridad tiene que ver con una relaci&oacute;n, no con una barrera. Sobre esta cuesti&oacute;n, nuestros amigos canadienses han inventado el concepto &laquo;entrelugares de la cultura&raquo;: la cultura se construye con relaci&oacute;n al otro, en la confrontaci&oacute;n de lo id&eacute;ntico y la alteridad, del aqu&iacute; y el all&aacute;, del presente y del pasado. M&aacute;s que un lugar de comunicaci&oacute;n entre el yo y el otro, los espacios de contacto son campos interactivos donde estas entidades toman conciencia de ellas mismas y producen su identidad;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">&middot; la cultura es un v&iacute;nculo social</span></strong><span style="font-size: 10pt">, como unidad fundadora de la persona y de la sociedad. En consecuencia, el reto aqu&iacute; no es tanto luchar para reconstituir el tejido social rasgado, sino inventar un proyecto pol&iacute;tico, tanto para la sociedad como para la cultura. El v&iacute;nculo que se trata aqu&iacute; es el que existe entre el Sujeto y un imaginario social cuya cultura aparece como un elemento esencial. Este proyecto es fronterizo, en el sentido que recompone la figura de uno mismo y del otro, de lo parecido y de lo distinto; en consecuencia, los elementos que componen lo imaginario y lo simb&oacute;lico. Este proyecto es tambi&eacute;n nuevo, puesto que no se trata de &laquo;pegar parches socioculturales&raquo;, sino de reconstituir lo que, en el coraz&oacute;n mismo de la cultura, crea un v&iacute;nculo;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">&middot; la cultura es comunicaci&oacute;n.</span></strong><span style="font-size: 10pt"> Seg&uacute;n Edward T. Hall, la comunicaci&oacute;n es el n&uacute;cleo central de la cultura y, de hecho, de la vida misma. Es evidente que las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y de la comunicaci&oacute;n han cambiado radicalmente nuestra relaci&oacute;n con el espacio y el tiempo. Creo, por lo tanto, que pueden convertirse hoy en proyectos culturales, en el sentido que pueden constituir palancas importantes de deconstrucci&oacute;n/reconstrucci&oacute;n de las econom&iacute;as (y especialmente la del saber y la del conocimiento) y del ciberespacio, donde pueden favorecer la creaci&oacute;n de &laquo;un universo sin totalidad&raquo; (Pierre L&eacute;vy, en: &laquo;Cyberculture&raquo;, - Cibercultura -, Odile Jacob/Consejo de Europa 1997). Me parece evidente que la econom&iacute;a de lo virtual empieza a formar subrepticiamente una nueva sociedad mundial, una nueva cultura y una nueva democracia, acelerando la desmaterializaci&oacute;n de los flujos, aumentando los cortocircuitos informacionales, reestructurando el mercado del tratamiento de la informaci&oacute;n, generalizando la &laquo;desintermediaci&oacute;n&raquo; entre productores y consumidores de bienes y servicios. Como destaca Jeremy Rifkin, en su &uacute;ltimo libro (&laquo;L&#39;Age de l&#39;Acc&egrave;s&raquo;, - La edad del acceso -, La D&eacute;couverte/Syros 2000), la gran cuesti&oacute;n pol&iacute;tica que plantean la nueva econom&iacute;a mundial de las redes y su tendencia a promover la transformaci&oacute;n de la experiencia cultural en objeto de consumici&oacute;n mercantil es la de la preservaci&oacute;n y el desarrollo duradero de una diversidad cultural que es la sangre misma de la civilizaci&oacute;n. A fin de cuentas, lo que determina la l&oacute;gica de acceso es la naturaleza y el grado de nuestra participaci&oacute;n en el mundo. No se trata solamente de saber qui&eacute;n tiene acceso a qu&eacute;, sino qu&eacute; tipos de experiencias y de campos de actividad merecen que se desee tener acceso a ellos. La respuesta a esta pregunta determinar&aacute; la naturaleza de la sociedad que queremos construir para nosotros y para nuestros descendientes. La otra cuesti&oacute;n, que es por lo menos igual de importante, es la siguiente: ante un proyecto que se reduce cada vez m&aacute;s a una tecnoutop&iacute;a y a un determinismo tecnomercantilista, &iquest;pueden oponerse proyectos sociales, proyectos culturales y otras formas de apropiaci&oacute;n de estas tecnolog&iacute;as que penetran en la sociedad?</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">A mi parecer, estos tres desaf&iacute;os parecen conllevar otros tres:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">cultura y espacio p&uacute;blico</span></strong><span style="font-size: 10pt">: frente a las tendencias de mercantilizaci&oacute;n y de privatizaci&oacute;n de la vida cultural, parece que la creaci&oacute;n de un espacio p&uacute;blico pasa a ser crucial. J&uuml;rgen Habermas considera que hay que reformular los principios mismos de la democracia a la luz de los cambios producidos en la sociedad, para garantizar una &laquo;pol&iacute;tica deliberativa&raquo; en un &laquo;espacio comunicacional&raquo;. Lo que necesita la democracia europea, seg&uacute;n &eacute;l, es sobre todo una base social en la sociedad civil, un espacio p&uacute;blico para fundar una cultura pol&iacute;tica com&uacute;n. Esto nos obliga tambi&eacute;n a <strong>replantearnos</strong> la cuesti&oacute;n de la <strong>democracia cultural</strong>, no ya s&oacute;lo en t&eacute;rminos de los contenidos (como sucedi&oacute; en los a&ntilde;os 70), sino en t&eacute;rminos de procedimientos (v&eacute;ase Jean-Louis Genard, en &laquo;Les pouvoirs de la culture&raquo;, - Los poderes de la cultura -, Ediciones Labor 2001): pensar en el acceso a la cultura no ya simplemente a partir de libertades subjetivas (libertad de creaci&oacute;n, de expresi&oacute;n, ...) o de derechos de creencias (derecho a la educaci&oacute;n, al ocio, al acceso a los bienes culturales, ...) que evidentemente siguen siendo fundamentales, sino a partir de derechos de participaci&oacute;n, de lo que podr&iacute;a llamarse la libertad comunicacional, es decir, la posibilidad de acceder a un espacio p&uacute;blico y a una libertad de palabra.<br /> De este modo, el espacio p&uacute;blico se convierte en un espacio de intermediaci&oacute;n de saberes y funciones: permite la cr&iacute;tica mutua de los roles, individuos e instituciones, y permite comunicar los saberes complementarios; su funci&oacute;n es la de llevar a cabo, mediante el debate permanente, la clarificaci&oacute;n y el control de las funciones y de los objetivos;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">cultura y ciudadan&iacute;a</span></strong><span style="font-size: 10pt">: si la reflexi&oacute;n sobre la ciudadan&iacute;a ha vuelto al primer plano en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, es porque no disponemos manifiestamente de una mejor idea para hacer que vivan juntos los hombres, que por definici&oacute;n son diversos y desiguales, y respetar a un tiempo su dignidad, que es el valor fundador de la sociedad democr&aacute;tica. As&iacute; mismo, el fomento de una ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica no debe articularse &uacute;nicamente en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos (participaci&oacute;n y democracia) y jur&iacute;dicos (derechos y responsabilidades), sino tambi&eacute;n en t&eacute;rminos culturales (valores, identidades, sentimientos de pertenencia, responsabilizaci&oacute;n/capacitaci&oacute;n). Actualmente, la ciudadan&iacute;a aparece menos vinculada que antiguamente a un territorio particular y parece designar un estatuto y un papel, lo que permite a los individuos crearse simult&aacute;neamente diversas identidades: de aqu&iacute; viene el concepto de &laquo;ciudadan&iacute;a diferenciada&raquo; de W. Kymlicka (en: &laquo;Multicultural Citizenship: A liberal Theory of Minority Rights&raquo;, - Ciudadan&iacute;a multicultural: una teor&iacute;a liberal de los derechos de las minor&iacute;as -, Oxford University Press 1995);</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">&eacute;tica de la cooperaci&oacute;n cultural</span></strong><span style="font-size: 10pt">: es la recreaci&oacute;n permanente de los v&iacute;nculos entre libertades culturales e instituciones. Actualmente, la cooperaci&oacute;n cultural se entiende cada vez m&aacute;s, no ya como una agradable complementariedad entre los distintos actores, p&uacute;blicos y privados, sino en un sentido dial&eacute;ctico, lo que implica que los actores se modifican m&uacute;tuamente a medida que crean un v&iacute;nculo com&uacute;n. Esto nos obliga a redefinir el concepto de &laquo;democracia cultural&raquo;, a retomar la cuesti&oacute;n de los &laquo;derechos culturales&raquo; y a revisar las pol&iacute;ticas culturales en funci&oacute;n de estos derechos culturales: una pol&iacute;tica s&oacute;lo es democr&aacute;tica si se apoya en una responsabilizaci&oacute;n/capacitaci&oacute;n sistem&aacute;tica de sus actores. Por otra parte, esto implica que los actores culturales no son &uacute;nicamente los &laquo;defensores&raquo; de la diversidad cultural (que no constituye un valor por s&iacute; misma), sino que se convierten en creadores de diversidad, al realizar la riqueza cultural (que s&iacute; constituye un valor).</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Estos tres &uacute;ltimos desaf&iacute;os est&aacute;n englobados, de alg&uacute;n modo, por la exigencia, bastante reciente de un <strong>buen gobierno cultural</strong>. El buen gobierno es un sistema de regulaciones que busca interacciones. La relaci&oacute;n gobernantes-gobernados ha sido sustituida por la interacci&oacute;n de actores individuales e institucionales que comparten la responsabilidad del bien com&uacute;n, y cuyo juego democr&aacute;tico (en el espacio p&uacute;blico) es garantizado por las autoridades p&uacute;blicas, bajo control de todos los actores. Por lo tanto, se trata de inventar nuevas regulaciones, no ya centradas, sino sist&eacute;micas y de pasar de una pr&aacute;ctica de redes a una regulaci&oacute;n de sistemas, exigiendo la participaci&oacute;n de todos los actores culturales, no s&oacute;lo en la puesta en marcha de pol&iacute;ticas culturales, sino tambi&eacute;n en la definici&oacute;n de sus objetivos y de sus escalas.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">El reto de dicho buen gobierno cultural es doble: es &eacute;tico, en el sentido que pretende establecer los v&iacute;nculos con el saber, especialmente por los derechos culturales, y volver a situar la autonom&iacute;a del individuo, as&iacute; como la de los actores sociales, en el centro. Es metodol&oacute;gico, ya que busca la inclusi&oacute;n mutua de la cultura como pol&iacute;tica sectorial y de una cultura de conjunto del campo pol&iacute;tico.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Concretamente, en el &aacute;mbito de las pol&iacute;ticas culturales, tal buen gobierno cultural podr&iacute;a cambiar lo establecido de una manera bastante radical y permitir posturas de innovaci&oacute;n art&iacute;stica y cultural como las siguientes:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">saber asumir situaciones complejas y explorar situaciones contradictorias; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">practicar, retomando la expresi&oacute;n de Pierre Bongiovanni, no s&oacute;lo la interdisciplinariedad, sino sobre todo &laquo;la indisciplinariedad&raquo;, es decir, la valorizaci&oacute;n de la parte que posee cada uno de nosotros para el juego, el humor, el descarte, la impertinencia. Hoy en d&iacute;a, no se trata s&oacute;lo de mobilizar las certezas y los saberes, sino de olvidar lo aprendido para dejar espacio a las nuevas visiones, para poder volver a disponer el orden de las evidencias etiquetadas y los saberes constituidos; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">explorar la extensi&oacute;n de las posibilidades, privilegiando m&aacute;s las preguntas que las respuestas. La experimentaci&oacute;n cultural debe recobrar todo su valor; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">volver a aprender a vivir el conflicto, no como un debate, con ganadores y perdedores, sino como una din&aacute;mica creativa, una confrontaci&oacute;n abierta que desemboque en arbitrajes donde prevalgan la inteligencia y el inter&eacute;s general. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">5. Las respuestas institucionales</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">A pesar del inter&eacute;s creciente que puedan suscitar las cooperaciones culturales regionales (como por ejemplo los pa&iacute;ses del Mar B&aacute;ltico, la Iniciativa Centroeuropea, los pa&iacute;ses del Danubio y de los C&aacute;rpatos, etc.), me gustar&iacute;a limitarme aqu&iacute; al Consejo de Europa y a la Uni&oacute;n Europea y ver su acci&oacute;n, por medio de los textos de base, por una parte, y sus estrategias y programas, por otra.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">5.1. Los textos de base</span></strong><span style="font-size: 10pt"></span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">A mi parecer, la cooperaci&oacute;n cultural internacional est&aacute; marcada por distintos textos fundamentales que, por su fuerza visionaria, han determinado en gran medida las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en la materia: </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&middot; el primero de estos textos sigue siendo la <strong>Declaraci&oacute;n de los principios de la cooperaci&oacute;n internacional </strong>(UNESCO, noviembre de 1966) que, en su Art&iacute;culo 1&ordm; , &laquo;funda&raquo; toda pol&iacute;tica de cooperaci&oacute;n cultural:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&laquo; Toda cultura tiene una dignidad y un valor que deben respetarse y salvaguardarse.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Todos los pueblos tienen el derecho y el deber de desarrollar su cultura. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">En su variedad fecunda, su diversidad y la influencia rec&iacute;proca que ejercen las unas sobre las otras, todas las culturas forman parte del patrimonio com&uacute;n de la humanidad.&raquo;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&middot; el segundo texto es la <strong>Declaraci&oacute;n de Arc-et-Senans </strong>(abril de 1972), que se titula: &laquo;Prospective du D&eacute;veloppement Culturel&raquo;, - Prospectiva del desarrollo cultural -. Contrariamente a los dem&aacute;s textos, negociados entre los estados, esta declaraci&oacute;n es obra de intelectuales (como Ren&eacute; Berger, Henri Janne, Michel de Certeau, Augustin Girard, Abraham Moles, Edgar Morin, Georg Picht y Alvin Toffler). Sin duda, ello explica su pertinencia y su fuerza. En dicha declaraci&oacute;n, pueden leerse orientaciones y conclusiones como las siguientes: </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&laquo; acelerar el cambio del sistema escolar en un sistema de educaci&oacute;n permanente;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">promover un sistema diferenciado de &laquo;talleres culturales&raquo; y de &laquo;laboratorios sociales&raquo; o de cualquier otro equipamiento que permita el aprendizaje y el uso de nuevas tecnolog&iacute;as que se presten a intercambios interpersonales;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">fundar la formaci&oacute;n en el autoaprendizaje y el desarrollo del esp&iacute;ritu cr&iacute;tico por la transformaci&oacute;n de las estructuras esterilizantes...;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">sustituir la pasividad del consumo por la creatividad del individuo; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">no limitarse a la democratizaci&oacute;n de la cultura de herencia o de elite y promover una diversidad de expresiones culturales fundada en un pluralismo social;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">pasar de un sistema de cultura que s&oacute;lo pretende reproducir el estado de hecho actual para orientarse hacia la protecci&oacute;n de grupos y personas cuyas facultades creativas constituyen el mejor medio para hacer frente a situaciones provocadas por el choque del futuro.&raquo;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Hay que recordar que se trata de un texto de 1972.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&middot; el tercer texto es la <strong>Declaraci&oacute;n de M&eacute;jico sobre pol&iacute;ticas culturales</strong> (agosto de 1982), que ya he mencionado. Me gustar&iacute;a a&ntilde;adir una citaci&oacute;n extra&iacute;da del subcap&iacute;tulo sobre la cooperaci&oacute;n cultural internacional, que dice lo siguiente:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&laquo;La cooperaci&oacute;n cultural internacional debe fundamentarse en el respeto a la identidad cultural, la dignidad y el valor de cada cultura, la independencia, la soberan&iacute;a nacional y la no intervenci&oacute;n. En consecuencia, las relaciones de cooperaci&oacute;n entre las naciones deben evitar cualquier forma de subordinaci&oacute;n o de sustituci&oacute;n de una cultura a otra. Adem&aacute;s, resulta indispensable reequilibrar los intercambios y la cooperaci&oacute;n culturales para que las culturas menos conocidas, especialmente las de algunos pa&iacute;ses en desarrollo, sean objeto de una mayor difusi&oacute;n en todos los pa&iacute;ses.&raquo;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&middot; el 4&ordm; texto es el <strong>Documento final del Coloquio de Cracovia sobre el patrimonio cultural</strong> (OSCE, junio de 1991). Es el &uacute;nico texto &laquo;fuerte&raquo; de despu&eacute;s de 1989. En el pre&aacute;mbulo, remarca lo siguiente:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&laquo;Los estados participantes expresan su profunda convicci&oacute;n de que comparten valores comunes forjados por la historia y basados, entre otros, en el respeto de la persona, la libertad de conciencia, de religi&oacute;n o de convicci&oacute;n, la libertad de expresi&oacute;n, el reconocimiento de la importancia de los valores espirituales y culturales, el apego al reino del derecho, a la tolerancia y a la abertura al di&aacute;logo con las dem&aacute;s culturas.&raquo;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&middot; el 5&ordm; texto podr&iacute;a haber sido la <strong>Carta de los Derechos Fundamentales de la Uni&oacute;n Europea </strong>(Niza, diciembre 2001). Desgraciadamente, qued&oacute; en nada. A pesar del cabildeo intenso de las ONGs y de las redes culturales (y especialmente de la EFAH), s&oacute;lo hay tres peque&ntilde;as referencias a la cultura (art. 13, 22 y 25) en este texto, que podr&iacute;a convertirse en la base de una futura constituci&oacute;n europea.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">A estos textos fundamentales cabe a&ntilde;adir, evidentemente, los textos &laquo;constitucionales&raquo;, a saber, por la Uni&oacute;n Europea, el art&iacute;culo 151 del Tratado de Amsterdam (1997) y, por el Consejo de Europa, la Convenci&oacute;n Cultural Europea (1954).</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Aunque estos dos textos sin duda han permitido avances, no est&aacute; claro que actualmente creen todav&iacute;a una verdadera din&aacute;mica:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">el texto del <strong>art&iacute;culo 151</strong>, a pesar del inter&eacute;s del apartado 4 (que solicita la integraci&oacute;n de la dimensi&oacute;n cultural en las distintas pol&iacute;ticas de la Comunidad), sigue siento bastante restrictivo. Son sobre todo su funcionamiento (reglas de la unanimidad en el seno del Consejo y de codecisi&oacute;n con el Parlamento Europeo y el principio de subsidiariedad) y su financiaci&oacute;n insuficiente los que le impiden convertirse en un elemento estructurador de la cooperaci&oacute;n cultural europea; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">la <strong>Convenci&oacute;n Cultural Europea</strong>: aunque avanza pistas de acci&oacute;n (fomentar el estudio de las lenguas, de la historia y de la civilizaci&oacute;n de los dem&aacute;s, salvaguardar y promover los ideales y los principios que constituyen nuestro patrimonio com&uacute;n, adoptar una pol&iacute;tica de acci&oacute;n com&uacute;n) y aunque est&aacute; autorizada, en virtud de su art&iacute;culo 9.4., para acoger en su seno a estados incluso antes de su acceso al Consejo de Europa, hoy en d&iacute;a no permite en absoluto situar el Consejo de Europa con relaci&oacute;n a retos como la diversidad cultural, la mundializaci&oacute;n/globalizaci&oacute;n, las nuevas funciones de la cultura y del patrimonio cultural y natural, etc. Un protocolo adicional ser&iacute;a m&aacute;s que necesario. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Pero, sin duda, actualmente necesitar&iacute;amos, para relanzar la cooperaci&oacute;n cultural europea frente a los nuevos desaf&iacute;os, uno o m&aacute;s textos nuevos:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">un texto de base que podr&iacute;a ser <strong>una carta cultural europea</strong>, que redefina, sobre la base de <strong>derechos culturales</strong>, la &eacute;tica de la cooperaci&oacute;n cultural y los principios de un buen gobierno cultural europeo; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">una o varias &laquo;declinaciones&raquo; de dicho texto, por ejemplo, sobre la diversidad cultural, sobre cultura y conflicto... </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">5.2. Las estrategias y programas</span></strong><span style="font-size: 10pt"></span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&middot; el <strong>Programa &laquo;Cultura 2000&raquo; (2000-2004)</strong> de la Uni&oacute;n Europea es el programa-marco que sigue a los tres programas precedentes: Caleidoscopio, Rapha&euml;l y Ariane. Su prop&oacute;sito es contribuir al &laquo;aprovechamiento de un espacio cultural com&uacute;n a los pueblos de Europa&raquo;, favoreciendo &laquo;la cooperaci&oacute;n entre las creaciones, los actores culturales, los promotores privados y p&uacute;blicos, las acciones de las redes culturales y otros colaboradores, as&iacute; como las instituciones culturales de los estados miembros y de otros estados participantes&raquo;.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Se trata de un marco de financiaci&oacute;n, que sirve para sustentar:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">acciones espec&iacute;ficas, innovadoras y/o experimentales; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">acciones integradas en el seno de acuerdos de cooperaci&oacute;n culturales, estructurados y plurianuales; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">acontecimientos culturales especiales que tengan una dimensi&oacute;n europea y/o internacional. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Si algunos consideran que este programa puede servir de laboratorio para una futura pol&iacute;tica cultural europea, otros le reprochan, adem&aacute;s de sus medios financieros ampliamente insuficientes (167 millones de euros en 5 a&ntilde;os), la falta de transparencia en la elecci&oacute;n de los miembros del jurado y de la selecci&oacute;n, la pesada y complicada burocracia (sobre todo para una peque&ntilde;a asociaci&oacute;n o para una red claramente informal) y el insuficiente espacio concedido a la creaci&oacute;n viva, a la innovaci&oacute;n y a la interdisciplinariedad. Tambi&eacute;n constituye un problema la definici&oacute;n de la dimensi&oacute;n europea de los proyectos sostenidos: contin&uacute;a determin&aacute;ndose esencialmente por el n&uacute;mero de colaboradores; es decir, de una manera cuantitativa.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Por &uacute;ltimo, en lo que se refiere a tener en cuenta &laquo;aspectos culturales en la acci&oacute;n de la Comunidad Europea&raquo;, aunque ciertos Fondos estructurales (y especialmente el Fondo social y el Fondo regional) se han tomado a pecho este compromiso, el primero (y hasta ahora el &uacute;nico) &laquo;Rapport sur la prise en compte des aspects culturels dans l&#39;action de la Communaut&eacute; europ&eacute;enne&raquo;, - Informe sobre la consideraci&oacute;n de los aspectos culturales en la acci&oacute;n de la Comunidad Europea -, (abril 1996) muestra que la l&oacute;gica de funcionamiento de la Uni&oacute;n Europea sigue siendo esencialmente &laquo;no cultural&raquo;;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&middot; respecto al <strong>Consejo de Europa</strong>, creo que podemos decir, sin exagerar, que ha marcado profundamente la cooperaci&oacute;n cultural europea, como la conocemos hoy, por los conceptos que ha &laquo;vulgarizado&raquo; (como el desarrollo cultural y la democracia cultural, diversidad cultural e interculturalidad, ciudadan&iacute;a cultural), por algunos de sus programas (como cultura y ciudades, cultura y regiones, cultura y barrios, evaluaci&oacute;n de pol&iacute;ticas culturales), por su abertura a redes culturales y a la sociedad civil, por su apoyo a formaciones de administradores culturales, pero sobre todo tal vez porque ha considerado la cooperaci&oacute;n cultural no s&oacute;lo como un medio, sino como un principio de base de una visi&oacute;n &eacute;tica e intr&iacute;nsecamente europea del di&aacute;logo entre los pueblos.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Si bien, actualmente, las funciones &laquo;tradicionales&raquo; del Consejo de Europa en materia de cooperaci&oacute;n cultural siguen presentes (las de observatorio y de foro, de laboratorio de ideas nuevas, de conservatorio de valores, de agencia de cooperaci&oacute;n &laquo;t&eacute;cnica&raquo;), sus funciones de prospectiva y de impulsor de nuevas ideas pol&iacute;ticas y de mediador entre los distintos colaboradores en la cooperaci&oacute;n europea parecen difuminarse, por una &laquo;marginalizaci&oacute;n&raquo; de la cultura en el seno de la organizaci&oacute;n y por un empobrecimiento inquietante, tanto presupuestario como personal, de este sector. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Es cierto que en el &aacute;mbito de los discursos oficiales, la cultura sigue siendo una &laquo;prioridad&raquo;, incluso uno de los cuatro &laquo;pilares&raquo; de la organizaci&oacute;n. Sin embargo, en el &aacute;mbito de las verdaderas prioridades, es decir las que son presupuestarias, y tal como figuran en &laquo;las prioridades del Secretario General para el Consejo de Europa: 2001-2005&raquo;, queda una peque&ntilde;a frase para la cultura: &laquo;En materia de pol&iacute;tica y de acci&oacute;n culturales, es conveniente dar prioridad a las actividades que tienden a proteger la diversidad cultural y recurren a la cooperaci&oacute;n cultural como medio para prevenir los conflictos&raquo;.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Sin querer ser pesimista in&uacute;tilmente, podemos decir, por lo tanto, que como la Uni&oacute;n Europea y el Consejo de Europa no disponen de textos a la altura de los retos actuales, no han sabido desarrollar ni las estrategias ni los programas que corresponden a lo que esperan los distintos actores de la cooperaci&oacute;n cultural y a las necesidades de la construcci&oacute;n europea.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Actualmente, necesitar&iacute;amos lo siguiente:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">un <strong>Foro para el espacio p&uacute;blico europeo</strong>, que permita a los distintos actores, gubernamentales y no gubernamentales, puramente art&iacute;sticos y culturales, pero tambi&eacute;n econ&oacute;micos y sociales, reencontrarse, intercambiar y construir proyectos en com&uacute;n. Dicho foro podr&iacute;a basar sus reflexiones en los trabajos de un futuro Instituto Europeo para las Pol&iacute;ticas Culturales y en la red de observatorios que ya existen actualmente en varios pa&iacute;ses; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">una <strong>interpretaci&oacute;n din&aacute;mica del principio de &laquo;subsidiariedad&raquo;</strong> que lograr&iacute;a que lo esencial de la cooperaci&oacute;n cultural europea fuera obra de la &laquo;sociedad civil&raquo;: asociaciones, organizaciones no gubernamentales, redes culturales; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">un <strong>Fondo cultural</strong>, ricamente dotado (por ejemplo un 1% del presupuesto comunitario), que ayudar&iacute;a a los distintos proyectos europeos, de manera no burocr&aacute;tica, flexible y r&aacute;pida; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">algunos grandes &laquo;<strong>talleres europeos&raquo;</strong>, en lo que se refiere a la movilidad de los artistas y actores culturales, la formaci&oacute;n de administradores y gestores culturales, la puesta en marcha de algunas estructuras ligeras y &laquo;biodegradables&raquo; para la mediaci&oacute;n cultural, para la prevenci&oacute;n y la gesti&oacute;n creativa de los conflictos, para la formaci&oacute;n intercultural, para la ense&ntilde;anza de la historia y de las lenguas; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">de una <strong>c&eacute;lula pol&iacute;tica</strong>, vinculada directamente con el presidente de la Comisi&oacute;n Europea, encargada de velar por la puesta en marcha efectiva del apartado 4 del art&iacute;culo 151 del Tratado de Amsterdam (sobre la toma en cuenta de la dimensi&oacute;n cultural en el conjunto de pol&iacute;ticas comunitarias). Esta c&eacute;lula tambi&eacute;n coordinar&iacute;a una mejor interacci&oacute;n entre los distintos &laquo;&oacute;rganos&raquo; de la Uni&oacute;n Europea, en el &aacute;mbito cultural: Parlamento, Comit&eacute; Econ&oacute;mico y Social, Comit&eacute; de las Regiones, Consejo de Ministros, etc.; </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">una &laquo;nueva alianza&raquo;</span></strong><span style="font-size: 10pt"> entre las grandes organizaciones e instituciones internacionales (UNESCO, Consejo de Europa, UE, etc.), los estados europeos y la &laquo;sociedad civil&raquo; (organizaciones no gubernamentales, fundaciones, redes culturales, etc.), que permitir&iacute;an &laquo;delegar&raquo; lo esencial de los programas y proyectos europeos al nivel m&aacute;s adaptado (local, regional, nacional, interregional, europeo) y tambi&eacute;n a las estructuras m&aacute;s pertinentes (p&uacute;blicas, privadas o civiles). De este modo se podr&iacute;an contractualizar las misiones de &laquo;servicio p&uacute;blico europeo&raquo; a ONGs, fundaciones o redes culturales, durante varios a&ntilde;os;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><strong><span style="font-size: 10pt">una &laquo;refundaci&oacute;n&raquo; de pol&iacute;ticas culturales nacionales </span></strong><span style="font-size: 10pt">que, en lugar de centrarse en lo &laquo;nacional&raquo;, deber&iacute;an abrirse a la dimensi&oacute;n europea. &iquest;Realmente resulta tan dif&iacute;cil imaginarse las &laquo;Casas de Europa&raquo; y los institutos culturales &laquo;integrados&raquo; entre diversos pa&iacute;ses europeos?</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Por encima de todo, lo que necesitar&iacute;amos ser&iacute;a tener, como padres fundadores de Europa, tras la Segunda Guerra Mundial, una ambici&oacute;n cultural, acompa&ntilde;ada de la voluntad pol&iacute;tica y los medios presupuestarios y financieros para la puesta en marcha. De este modo, podr&iacute;amos recrear una din&aacute;mica y relanzar la cooperaci&oacute;n cultural como un conjunto de procesos que permiten asociar poderes p&uacute;blicos y sociedad civil y recrear la &laquo;plusval&iacute;a&raquo; tanto cultural como europea que tanto nos falta actualmente. De este modo, la cultura ya no ser&iacute;a considerada una actividad subsidiaria, como una &laquo;coartada&raquo; donde han fallado las otras pol&iacute;ticas, sino como una fuerza motriz de una sociedad, factor de creatividad, de di&aacute;logo y de cohesi&oacute;n, como una fuerza creadora de ciudadan&iacute;a, que permita garantizar la preservaci&oacute;n de identidades y culturas distintas.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">En palabras de Elie Wiesel: &laquo;la cultura no admite fronteras ni muros... Justamente las trasciende, como trasciende el espacio y el tiempo&raquo;.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">En toda Europa, los artistas y los actores culturales nos lo demuestran cada d&iacute;a, por medio de su creatividad, sus proyectos innovadores, su b&uacute;squeda y sus pr&aacute;cticas y m&eacute;todos constantemente &laquo;en proceso&raquo;. Corresponde a los &laquo;institucionales&raquo;, a todos los niveles, mostrarse a la altura de este desaf&iacute;o e inventar las estructuras que permitan sostener y promover esta riqueza y estas potencialidades.</span></p>   <div class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">  <hr width="50%" size="1" noshade="noshade" />  </span></div>   <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Nota: </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Raymond Weber</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">Luxemburgo. Ex Director de Cultura y patrimonio cultural y natural del Consejo de Europa Consejero del &ldquo;Centre Universitarire de Luxembourg&rdquo; para la realizaci&oacute;n del &ldquo;Institut Developpement , droits de l&rsquo;homme et cultures&rdquo;</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt">&nbsp;</span></p>]]></description><pubDate>Mon, 18 Dec 2006 14:35:00 +0000</pubDate></item><item><title>Nuevas competencias en la formaci&#xF3;n de gestores culturales ante el reto de la internacionalizaci&#xF3;n</title><link>https://agitadoresculturales.blogia.com/2006/121802-nuevas-competencias-en-la-formacion-de-gestores-culturales-ante-el-reto-de-la-internacionalizacion.php</link><guid isPermaLink="true">https://agitadoresculturales.blogia.com/2006/121802-nuevas-competencias-en-la-formacion-de-gestores-culturales-ante-el-reto-de-la-internacionalizacion.php</guid><description><![CDATA[<h2 style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Nuevas competencias en la formaci&oacute;n de gestores culturales ante el reto de la internacionalizaci&oacute;n</span></h2>  <p style="text-align: justify" class="autor"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Alfons Martinell</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt"> </span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os el sector cultural se encuentra en una constante din&aacute;mica de transformaci&oacute;n, vivida a remolque de los cambios que sufren nuestras sociedades ante los efectos de la globalizaci&oacute;n y otros fen&oacute;menos sociales y culturales de gran trascendencia. En poco tiempo se han renovado e incorporado conceptos, desplom&aacute;ndose certezas y apareciendo nuevas incertidumbres en los horizontes de los agentes culturales iberoamericanos, los cuales han de operar en unas realidades sociales y econ&oacute;micas cada vez m&aacute;s dif&iacute;ciles e injustas y la adecuaci&oacute;n a estos nuevos escenarios culturales.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">La cultura siempre ha presentado dificultades de adaptarse con prontitud a los cambios sociales, tecnol&oacute;gicos y econ&oacute;micos, y responder &aacute;gilmente a las transformaciones sociales que conlleva. Como nos recuerda Lamo de Espinosa<sup><a href="http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric02a05.htm#2a">(2)</a></sup>: </span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><em><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">&ldquo;&rdquo; Creo que el ritmo de cambio social que genera la ciencia es tan r&aacute;pido, que la cultura no puede asentarse, porque requiere un proceso de al menos tres generaciones. Si cultura son todas aquellas actitudes que aceptamos como evidentes, la ciencia no permite su asentamiento, porque innova muy deprisa y no permite generar consensos culturales acerca de ciertas conductas &ldquo;&rdquo;</span></em><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Es evidente que la cultura contempor&aacute;nea necesita de unos tiempos para situarse ante los cambios que no coinciden con sus procesos tradicionales. Quiz&aacute;s no tan extensos como nos cita el autor pero en una mayor rapidez para adaptarse a las transformaciones actuales.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">En otra perspectiva la realidad del sector cultural <sup><a href="http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric02a05.htm#3a">(3)</a></sup>actual, en su extensi&oacute;n, indefinici&oacute;n e impacto, no se encuentra estructurado e identificado como otros sectores de la vida social (econom&iacute;a, educaci&oacute;n, sanidad, etc...). Una gran contradicci&oacute;n y diversidad es presente en las estudios del sector cultural donde se puede observar en el gran numero de realidades culturales donde conviven planteamientos comunitarios cercanos al filantropismo con din&aacute;micas de mercado y producci&oacute;n industrial muy agresivas y contundentes. Pero una de sus grandes dificultades se encuentra en su propia identificaci&oacute;n como sector, con una funci&oacute;n simb&oacute;lica y pol&iacute;tica muy determinada y un impacto en el desarrollo social y econ&oacute;mico importante.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Y en tercer lugar, la perspectiva profesional de la cultura ha sufrido grandes debates entre su finalidad social y la necesaria eficacia de sus acciones. A&uacute;n existen posiciones cr&iacute;ticas sobre si es necesario una profesionalizaci&oacute;n del encargo social para la gesti&oacute;n de la cultura, que tambi&eacute;n conviven con un mercado de trabajo ( oferta y demanda) de profesionales de acuerdo con las necesidades de las pol&iacute;ticas y las organizaciones culturales.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Sin profundizar en estas perspectivas, en este art&iacute;culo, nos vamos a centrar m&aacute;s en los temas de la formaci&oacute;n de gestores y profesionales de la cultura en sus diferentes niveles y perfiles. Como dec&iacute;amos en la introducci&oacute;n la formaci&oacute;n de gestores y profesionales de la cultura tambi&eacute;n se encuentra en las mismas encrucijadas: </span></p>  <ul><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">&iquest;C&oacute;mo dar respuesta a      estos nuevos escenarios desde la formaci&oacute;n de gestores culturales? </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">&iquest;Cu&aacute;les son las      capacidades y habilidades de los gestores culturales ante los cambios en      nuestras sociedades? </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">&iquest;C&oacute;mo pueden abordarse      los retos de la globalizaci&oacute;n y el aumento de la perspectiva internacional      en la gesti&oacute;n de proyectos culturales? </span></li></ul>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Si entendemos que el capital humano es un elemento fundamental del desarrollo social y cultural, su perfil y perspectiva ha de transformarse ante unos escenarios m&aacute;s mundializados, con muchas m&aacute;s posibilidades de movilidad y la presencia de tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n que aceleran la transferencia, la circulaci&oacute;n de informaci&oacute;n y los contactos entre culturas.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Nos preguntamos si en este contexto, de movilidad e intercambio, los gestores culturales, y sus organizaciones formativas, se adaptan a estas nuevas realidades o solamente la industria cultural y las grandes corporaciones son capaces de situarse r&aacute;pidamente en este nuevo escenario.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Por otro lado la p&eacute;rdida de supremac&iacute;a de los Estados naci&oacute;n y sus diplomacias en los intercambios culturales produce un gran n&uacute;mero de conexiones transversales y horizontales, las cuales est&aacute;n dibujando un nuevo mapa de las relaciones culturales internacionales, donde las v&iacute;as de cooperaci&oacute;n se han democratizado con la presencia de la sociedad civil y el tercer sector.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Cada vez m&aacute;s agentes y organizaciones, no s&oacute;lo una elite intelectual y global<sup><a href="http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric02a05.htm#4a">(4)</a></sup>, percibe la importancia de su presencia internacional, con la voluntad de gestionar la presencia de su expresividad a nivel m&aacute;s amplio que el local. Estas nuevas pr&aacute;cticas superan las caducas formas de cooperaci&oacute;n oficial, y ante la dificultad de encontrar recursos oficiales creen en la capacidad de gesti&oacute;n de su proyecto para actuar en los canales de lo internacional. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">En este entorno las estructuras de las organizaciones culturales (tanto de la administraci&oacute;n como de la sociedad civil y una parte del sector privado) no se han adaptado a estos nuevos paradigmas por la propia dificultad, como dec&iacute;amos anteriormente, de la cultura de aceptar los cambios, y por un funcionamiento muy burocratizado, r&iacute;gido y, sobre todo, &ldquo;anacr&oacute;nico&rdquo;<sup><a href="http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric02a05.htm#5a">(5)</a></sup> para los tiempos actuales. Parad&oacute;jicamente el sector cultural, que es muy intensivo en &ldquo;personalidad&rdquo; y muy supeditado al efecto humano se caracteriza por una falta de atenci&oacute;n a los recursos personales, tanto su perspectiva capacitadora y profesionalizadora, como en la gran inestabilidad laboral sin la consolidaci&oacute;n de verdaderos equipos humanos capaces de asumir los retos de la contemporaneidad.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">A pesar de los grandes esfuerzos que se est&aacute;n realizando, desde diferentes niveles (ministerios, universidades, organizaciones internacionales, sociedad civil, etc...), hemos de evidenciar una cierta inadecuaci&oacute;n entre las necesidades reales del sector y la disponibilidad de un capital humano capacitado en las habilidades para afrontar los cambios actuales.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">La falta de capacitaci&oacute;n especifica, en estas nuevas necesidades de la gesti&oacute;n de la cultura, tiene una gran consecuencia en la creaci&oacute;n de capital humano al servicio del desarrollo cultural. Pero la inadecuaci&oacute;n de perfiles y formaciones, ancladas en formas tradicionales de la gesti&oacute;n de la cultura, no contemplan, entre otros aspectos, la internacionalizaci&oacute;n de sus proyectos, el trabajo en red y la cooperaci&oacute;n cultural. Este hecho provoca que las organizaciones culturales, b&aacute;sicamente por falta de capacitaci&oacute;n de sus dirigentes, est&aacute;n perdiendo posibilidades y oportunidades evidenciando una incapacidad de adecuaci&oacute;n a los nuevos contextos.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">A pesar de esta lectura hemos afirmar que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han producido procesos muy significativos en este sentido, que pasan b&aacute;sicamente por la incorporaci&oacute;n de estos temas en los espacios de cooperaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n por la acci&oacute;n de algunos organismos internacionales UNESCO, OEI; Consejo de Europa, CAB, AECI que de alguna manera han iniciado lo que podr&iacute;amos denominar una l&iacute;nea de formaci&oacute;n abierta al intercambio internacional en el sector cultural. Tambi&eacute;n en algunas universidades con ofertas de formaci&oacute;n internacional con alumnos de procedencia diversa que en el solo hecho de compartir y convivir en una formaci&oacute;n ya establecen perspectivas diferentes. En estos espacios se van introduciendo los valores de la diversidad cultural, la solidaridad, la cooperaci&oacute;n y el trabajo internacional.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">A continuaci&oacute;n pretendemos presentar unas reflexiones que proceden de nuestra experiencia como formadores en espacios internacionales, en la Fundaci&oacute;n Interarts como agencia de fomento de la cooperaci&oacute;n cultural internacional, participando en el programa de cultura de la OEI, y el trabajo acad&eacute;mico desarrollado en la C&aacute;tedra Unesco. En estas intervenciones hemos observado la necesidad de nuevas perspectivas para el trabajo en el espacio cultural internacional m&aacute;s pr&oacute;ximo. Todas ellas nos remiten a la necesidad del desarrollo de nuevas habilidades para los profesionales de la gesti&oacute;n de la cultura y observar algunos de los elementos que podemos incorporar en el futuro de la formaci&oacute;n dise&ntilde;ando alg&uacute;n nuevo rol o perfil de los gestores en una sociedad en procesos de internacionalizaci&oacute;n.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Hemos dividido nuestra aportaci&oacute;n en tres puntos: </span></p>  <ul><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">En primer lugar una      reflexi&oacute;n sobre los aspectos estructurales de las organizaciones      culturales; </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">A continuaci&oacute;n una      reflexi&oacute;n sobre los perfiles profesionales de la gesti&oacute;n de la cultura; </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">Y en tercer lugar la      presentaci&oacute;n de algunas de las nuevas capacidades que han de incorporar      los gestores culturales en su curr&iacute;culum. </span></li></ul>  <h3 style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Las organizaciones culturales ante la cooperaci&oacute;n cultural internacional</span></h3>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Las organizaciones culturales, de la misma manera que otras estructuras, han de adaptarse a un entorno cada vez m&aacute;s global en la denominada sociedad de la informaci&oacute;n y los procesos de globalizaci&oacute;n, reclamando, como dice Castells, la dimensi&oacute;n de &ldquo;empresa red&rdquo; que ha de provocar cambios profundos en sus estructuras b&aacute;sicamente en la dimensi&oacute;n de su proyecci&oacute;n exterior y su presencia en la escena de lo internacional. Esta variaci&oacute;n reclama una nueva &ldquo;mentalidad&rdquo; y un nuevo m&eacute;todo intelectual en los procesos de toma de decisiones que se desarrollar&aacute; desde la precisi&oacute;n en sus metas y misi&oacute;n hasta una concepci&oacute;n de sus recursos humanos como el capital fundamental de las nuevas organizaciones.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Entendemos que en la actualidad definir una pol&iacute;tica internacional, en cualquier organizaci&oacute;n cultural, se convierte en una exigencia b&aacute;sica, la cual se ha de reflejar en su estructura para pasar de una simple an&eacute;cdota a una opci&oacute;n fundamental para situar su misi&oacute;n en lo global. La organizaci&oacute;n ha de dedicar recursos y medios a su ubicaci&oacute;n en un amplio mundo cultural global, estableciendo unas metodolog&iacute;as de trabajo interno, en red, cooperaci&oacute;n, etc.. y superar situaciones de aislamiento o de funcionamiento end&oacute;geno que ha caracterizado muchas instituciones culturales. La nueva organizaci&oacute;n cultural requerir&aacute; un planteamiento de estructuraci&oacute;n en red, donde esta forma de trabajar se incorpore desde las funciones b&aacute;sicas hasta la presencia y pertenencia a redes m&aacute;s amplias, superando ciertos individualismos y aislamientos que estamos acostumbrados a observar en la acci&oacute;n cultural. En este sentido consideramos conveniente una reflexi&oacute;n sobre las nuevas formas organizativas de los proyectos culturales ante la necesidad de una mayor reticulaci&oacute;n, y en la perspectiva de un campo de acci&oacute;n m&aacute;s amplio de lo local que requerir&aacute; la gesti&oacute;n compartida con otras organizaciones contrapartes de diferentes realidades culturales. Unas nuevas organizaciones culturales para unos nuevos tiempos, una nueva forma de gesti&oacute;n y direcci&oacute;n ante el reto del proyecto internacional o de cooperaci&oacute;n. Estas nuevas necesidades se pueden precisar de diferentes formas pero pueden concretarse en: </span></p>  <ul><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">creaci&oacute;n de      departamentos especializados, </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">asumir la gesti&oacute;n por      proyectos como herramienta fundamental, </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">el trabajo de equipos      multiculturales adaptables al trabajo en situaciones muy diferentes </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">grado de movilidad de      las estructuras que permitan un equilibrio entre el desarrollo de los      objetivos de proximidad y la presencia en los &aacute;mbitos de acci&oacute;n m&aacute;s      internacional </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">una nueva mentalidad en      la direcci&oacute;n y la toma de decisiones </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">trabajo en equipo </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">invertir de formaci&oacute;n      del capital humano como factor de desarrollo </span></li><li class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt">etc.... </span></li></ul>  <h3 style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Nuevos perfiles profesionales para la gesti&oacute;n cultural</span></h3>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Es evidente que estos nuevos campos de acci&oacute;n reclaman una redefinici&oacute;n de los perfiles cl&aacute;sicos en la estructura de personal de las organizaciones culturales. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Por un lado se pueden definir ciertas especialidades que est&eacute;n preparadas espec&iacute;ficamente para encargarse de departamentos de relaciones y cooperaci&oacute;n cultural internacional, disponiendo de unos perfiles adecuados a estas funciones que requerir&aacute;n un sistema de trabajo diferente y unas competencias especificas.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Otra l&iacute;nea de acci&oacute;n puede orientarse a disponer de unos recursos humanos capaces de asumir en sus responsabilidades la dimensi&oacute;n internacional en la gesti&oacute;n de todos sus proyectos. Esta opci&oacute;n reclama una pol&iacute;tica m&aacute;s decidida en la definici&oacute;n de los perfiles de los lugares de trabajo, en la gesti&oacute;n de los recursos humanos y unos procesos de capacitaci&oacute;n permanente que permitan actuar de forma m&aacute;s integrada en lo departamental.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">En esta perspectiva no podemos olvidar incorporar las nuevas formas de trabajo que esta dimensi&oacute;n reclama. El trabajo internacional requiere en primer lugar una capacidad de proyecto como herramienta fundamental de la cooperaci&oacute;n. Pero tambi&eacute;n capacidad de movilidad, el trabajo en equipos multiculturales, la gesti&oacute;n en colaboraci&oacute;n con contrapartes con otras formas de trabajar, la adecuaci&oacute;n a formas de gesti&oacute;n y administraci&oacute;n compartidas, el dominio de diferentes lenguas y una capacidad de relaci&oacute;n y empat&iacute;a importantes.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Las organizaciones culturales, abiertas a la cooperaci&oacute;n y la dimensi&oacute;n internacional, han de admitir el gran valor que tiene su capital humano para la eficacia de su acci&oacute;n, lo que requiere una prioridad en sus objetivos si desea desarrollar estas estrategias y convertirse en una organizaci&oacute;n avanzada en la visi&oacute;n del trabajo en red </span></p>  <h3 style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana"> </span></h3>  <h3 style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Nuevas competencias habilidades para la gesti&oacute;n cultural</span></h3>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">De acuerdo con las anteriores consideraciones no podemos quedarnos solamente en el pronunciamiento y es necesario una acci&oacute;n decidida para dar respuesta a estos cambios. Entre otros, la capacitaci&oacute;n de los recursos humanos para la cultura ha de convertirse en un eje imprescindible para la introducci&oacute;n de estos nuevos planteamientos, como una adecuaci&oacute;n profunda de sus contenidos a un contexto cultural cambiante.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">La poca tradici&oacute;n y consolidaci&oacute;n de las formaciones en gesti&oacute;n cultural no favorecen estos procesos, pero la poca institucionalizaci&oacute;n acad&eacute;mica de la misma puede convertirse en un elemento favorable para esta renovaci&oacute;n urgente de sus programas, objetivos y contenidos que el sector reclama.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Esta reflexi&oacute;n puede circunscribirse a una simple incorporaci&oacute;n de alguna materia en los programas de formaci&oacute;n de gestores culturales o proponer m&oacute;dulos especializados sobre el tema. Estas dos estrategias nos parecen ajustadas a una dimensi&oacute;n de la adecuaci&oacute;n a estos nuevos contextos. Pero teniendo en cuenta la propia materia de la cultura, en sus m&uacute;ltiples &aacute;reas disciplinares y sus valores pol&iacute;ticos y sociales, consideramos que es una buena ocasi&oacute;n para una reflexi&oacute;n m&aacute;s profunda del propio contenido de la formaci&oacute;n. Nos referimos a las tendencias que se ha observado en diferentes estudios a una capacitaci&oacute;n muy orientada a la respuesta a necesidades locales y pr&oacute;ximas (pol&iacute;ticas culturales del propio pa&iacute;s o regi&oacute;n) y, sobre todo una preparaci&oacute;n a la resoluci&oacute;n de problemas muy instrumentales con un gran contenido de t&eacute;cnicas para la gesti&oacute;n adaptadas al sector. Estos elementos constituyen la base de la mayor&iacute;a de formaciones que se realizan en la actualidad, pero proponemos un avance de combinaci&oacute;n con una reflexi&oacute;n m&aacute;s amplia que se vincule con las tendencias que se est&aacute;n incorporando en el mundo de la gesti&oacute;n gen&eacute;rica y a las nuevas lecturas de los procesos culturales en un mundo globalizado. A pesar de su complejidad consideramos estos escenarios como una invitaci&oacute;n al trabajo intelectual profundo y un replanteamiento cr&iacute;tico de m&aacute;s envergadura que la simple adecuaci&oacute;n curricular. Los responsables de la formaci&oacute;n en gesti&oacute;n cultural tenemos la oportunidad de un proceso de reflexi&oacute;n que puede situar nuestros programas en las din&aacute;micas actuales en que se mueve la cultura. De esta forma, como ya dec&iacute;amos al principio, el sector puede reducir sus propias desventajas por falta de adecuaci&oacute;n a la contemporaneidad de las formas de gesti&oacute;n de la cultura.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">A continuaci&oacute;n presentamos algunos de los campos conceptuales que pueden ser motivo de debate e incorporaci&oacute;n a la capacitaci&oacute;n de los operadores culturales. Hemos dividido nuestra aportaci&oacute;n en tres grandes ejes:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><strong><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">1. Habilidades y competencias generales de los gestores culturales</span></strong><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana"> </span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Dentro de las diferentes capacidades que se pueden incorporar en una curr&iacute;cula de formaci&oacute;n de gestores culturales, consideramos imprescindible profundizar las siguientes perspectivas que se inscriben en el objetivo de este art&iacute;culo.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">El gestor cultural requiere un nivel de comprensi&oacute;n de los procesos culturales y tendencias que se desarrollan en el mundo de la cultura y el arte y los nuevos enfoques de los estudios culturales en el &aacute;mbito internacional. Los efectos de la globalizaci&oacute;n y las concentraciones urbanas, migraciones provocan un fraccionamiento de nuestras sociedades que tiene repercusiones en el mundo de la cultura. Estos conocimientos han de encontrar un equilibrio entre las realidades de los contextos pr&oacute;ximos (local, regional, nacional, etc..) con una visi&oacute;n amplia de los procesos mundializados que influyen directa o indirectamente en los diferentes &aacute;mbitos de la gesti&oacute;n cultural.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">La evoluci&oacute;n de los hechos reclama una capacidad de prospectiva y anticipaci&oacute;n a los escenarios cambiantes de nuestra sociedad, concretamente en los procesos culturales y adaptaci&oacute;n a los nuevos contextos de mundializaci&oacute;n a partir del conocimiento de nuevos lenguajes y nuevas formas expresivas. &Eacute;stos representan las innovaciones y vanguardias de nuestra expresividad que se transfiere de forma mucho m&aacute;s r&aacute;pida y constante gracias a los efectos de las nuevas tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Las habilidades b&aacute;sicas en el dise&ntilde;o y elaboraci&oacute;n de un proyecto, en todos sus elementos, fases y proyecciones, adquieren m&aacute;s importancia cuando &eacute;stos se pueden desarrollar desde la dimensi&oacute;n del servicio p&uacute;blico como de sectores empresariales y privados. En esta funci&oacute;n los gestores culturales han de disponer de recursos pr&aacute;cticos e intelectuales para la presentaci&oacute;n de propuestas a diferentes niveles de la realidad social y pol&iacute;tica. A este fin es necesario disponer de una competencia de negociaci&oacute;n entre agentes de diferentes iniciativas y la posibilidad de mediaci&oacute;n en procesos de confluencia y cogesti&oacute;n. Actualmente la gesti&oacute;n por proyectos reclama trabajar en sistemas complejos de toma de decisiones y aplicaci&oacute;n de modelos jur&iacute;dicos muy variados y en sistemas mixtos de cooperaci&oacute;n entre el sector p&uacute;blico, privado y tercer sistema, como en la gesti&oacute;n de la participaci&oacute;n de los &oacute;rganos comunitarios. En este marco las funciones directivas y de liderazgo presentan nuevas complejidades entre al eficacia de la gesti&oacute;n y la capacidad de animar procesos grupales muy variados.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">La propia realidad de la acci&oacute;n profesional de la gesti&oacute;n de la cultura reclama una competencia en objetivar su actividad y diferenciarla de otros sectores con los que la cultura est&aacute; relacionada. Esta capacidad ha de visualizar la propia identificaci&oacute;n de la acci&oacute;n profesional cuando intentamos considerar la gerencia cultural es sus especificidades. Habilidad que ha de acompa&ntilde;arse de capacidades para establecer puentes entre su propia l&oacute;gica de actuaci&oacute;n con la de otros sectores con las cuales, cada vez m&aacute;s, tendr&aacute;n de mediar y cogestionar sin perder su propia misi&oacute;n. Nos referimos a sectores por ejemplo como: turismo, empleo, medio ambiente, cohesi&oacute;n social, educaci&oacute;n, desarrollo local, econom&iacute;a, etc.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">La gesti&oacute;n de la cultura exige una gran capacidad de situarse en un contexto social y pol&iacute;tico determinado, tanto desde la dimensi&oacute;n institucional, econ&oacute;mica como legislativa. La propia complejidad del sector cultural va aumentando en la medida que se incorporan nuevas necesidades, situaciones y problemas. En este sentido el conocimiento legislativo y los marcos jur&iacute;dicos de los diferentes &aacute;mbitos culturales (patrimonio, artes esc&eacute;nicas, edici&oacute;n, etc..) y las estructuras sociales de intervenci&oacute;n (administraci&oacute;n p&uacute;blica, privado o tercer sector) exigen un amplio conocimiento de los marcos jur&iacute;dicos que inciden en la diversidad de opciones que pueden incorporarse en un proyecto cultural. Desde los aspectos de gerencia econ&oacute;mica y fiscal a los derechos de autor, de la gesti&oacute;n de recursos humanos a la protecci&oacute;n aseguradora, de las leyes de protecci&oacute;n patrimonial al establecimiento de contratos comerciales, etc. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Y por &uacute;ltimo la dimensi&oacute;n de comunicaci&oacute;n de la cultura obliga a un mayor tratamiento de las ciencias de la comunicaci&oacute;n entre los saberes de la gesti&oacute;n cultural. Aunque las pol&iacute;ticas y los medios de comunicaci&oacute;n, muchas veces, est&aacute;n lejos de las competencias de los ministerios de cultura o de las organizaciones culturales cl&aacute;sicas, no podemos dejar de reclamar una mayor atenci&oacute;n a estos aspectos. La gesti&oacute;n de la cultura ha de introducirse con m&aacute;s intensidad en el sector comunicativo (prensa, medios, etc...) intentado realizar su aporte y analizar los sistemas por los cuales exista una mayor articulaci&oacute;n. Otra dimensi&oacute;n de la comunicaci&oacute;n se ha de incorporar en los diferentes elementos para una mayor difusi&oacute;n y visibilidad de los proyectos culturales, intentando una presencia m&aacute;s activa y contempor&aacute;nea a los sistemas de comunicaci&oacute;n cultural. En este campo la cultura ha de introducirse con m&aacute;s energ&iacute;a y habilidad en los nuevos medios nacidos de las tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n superando las dificultades y resistencias que la novedad siempre ha provocado en el sector cultural.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><strong><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">2. Competencias fundamentales para la cooperaci&oacute;n e internacionalizaci&oacute;n de los proyectos de gesti&oacute;n cultural</span></strong><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana"></span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">La formaci&oacute;n de gestores culturales, ante la perspectiva de su dimensi&oacute;n internacional, ha de incorporar nuevos contenidos para una adecuaci&oacute;n a las necesidades que anteriormente hemos expresado.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">En primer lugar no podemos olvidar la capacidad de comprensi&oacute;n y expresi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica a diferentes niveles de acuerdo con las regiones geopol&iacute;ticas de referencia. Se constata la necesidad de un conocimiento b&aacute;sico del ingl&eacute;s y de las lenguas existentes en los territorios d&oacute;nde se act&uacute;a. &Eacute;ste aspecto tiene mayores facilidades en Iberoam&eacute;rica que en Europa (donde el ingl&eacute;s se est&aacute; convirtiendo en imprescindible para la cooperaci&oacute;n cultural a pesar de la gran diversidad de lenguas), pero no podemos olvidar la importancia del portugu&eacute;s por el n&uacute;mero de habitantes que habla esta lengua en nuestro espacio iberoamericano. Este dominio que viene de la formaci&oacute;n b&aacute;sica y de grado de los gestores culturales se convierte en dificultades u oportunidades para un fluido intercambio entre culturas.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Los saberes y pr&aacute;cticas acumuladas desde la experiencia en la gesti&oacute;n cultural se han dirigido m&aacute;s a un diagn&oacute;stico y gesti&oacute;n a partir de realidades muy concretas (local &ndash; nacional) y a la respuesta a necesidades de comunidades culturales bastante homog&eacute;neas. Pero la pr&aacute;ctica de la cooperaci&oacute;n cultural internacional reclama una competencia en elaborar un conocimiento a partir de conceptos culturales aplicables a cada regi&oacute;n para encontrar su correspondencia con otras. Una capacidad de comprensi&oacute;n de diferentes contextos sociales y culturales que permitan entender los procesos culturales en los cuales interviene la gesti&oacute;n cultural, aceptando la diversidad cultural que implica la interpretaci&oacute;n de realidades diferentes aceptando la complejidad como un sistema de an&aacute;lisis y desarrollo de opciones concretas, donde los modelos establecidos no podr&aacute;n aplicarse linealmente sino a trav&eacute;s de un di&aacute;logo profundo con las culturas de sus contextos.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">La interacci&oacute;n e interdependencia, entre los contextos en cooperaci&oacute;n, exige una competencia en la interpretaci&oacute;n de sistemas pol&iacute;ticos comparados en general y sistemas culturales espec&iacute;ficos entre realidades internacionales. Competencia en la comprensi&oacute;n y tratamiento de legislaci&oacute;n aplicada a los diferentes campos en que interviene la cultura (o sectores afines) de acuerdo con los proyectos a gestionar. Introduci&eacute;ndose poco a poco en la legislaci&oacute;n internacional y en la comprensi&oacute;n de las repercusiones de los tratados internacionales en la gesti&oacute;n cultural (OMC, TLC, TIP, etc..)</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Paralelamente a la incorporaci&oacute;n de la dimensi&oacute;n de cooperaci&oacute;n internacional es necesario un mayor conocimiento de las estructuras y organismos supranacionales, en general y concretamente los que act&uacute;an en el sector cultural al nivel de sus funciones, sistemas de trabajo, competencias, financiaci&oacute;n y programas que desarrollan. La distancia entre las instituciones internacionales y la gesti&oacute;n cultural ha de reducirse por medio de su desmitificaci&oacute;n de los profesionales de la cultura y un mayor conocimiento interno, porque tendr&aacute;n de relacionarse habitualmente con los laberintos, a veces burocratizados, de unas organizaciones que se encuentran entre la dificultad de actuar directamente en muchos problemas y su legitimidad en el apoyo de acciones m&aacute;s locales. De la misma forma es necesario un conocimiento de las bases patrimoniales internacionales, en un sentido amplio, que permitan situar la realidad de la cooperaci&oacute;n entre culturas.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">La cooperaci&oacute;n reclama una competencia para entender los procesos sociales, econ&oacute;micos y culturales que caracterizan la era de la informaci&oacute;n y los procesos de globalizaci&oacute;n, a partir de las reflexiones y aportaciones disciplinares diferentes. Los efectos de la mundializaci&oacute;n, de muchos problemas de la sociedad contempor&aacute;nea, reclaman una mayor ubicaci&oacute;n de la cultura ante estos nuevos retos. No podemos promover la cooperaci&oacute;n cultural sin tener en cuenta un conjunto de factores que est&aacute;n incidiendo en los grandes fraccionamientos de la poblaci&oacute;n mundial y la legitimaci&oacute;n de ciertas desigualdades e inequidades. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">En la medida que la acci&oacute;n cultural en cooperaci&oacute;n avance, y se desarrolle, tiene el reto de profundizar en sus bases te&oacute;rico-conceptuales en general, diferenci&aacute;ndola de otras formas de cooperaci&oacute;n y encontrando sus especificidades en di&aacute;logo con otros intercambios e interdependencias. La cooperaci&oacute;n para el desarrollo y, espec&iacute;ficamente, la cooperaci&oacute;n cultural como instrumento de internacionalizaci&oacute;n de los proyectos ha de evidenciar sus aportaciones y preparar a sus profesionales para su acci&oacute;n especializada.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Como dec&iacute;amos anteriormente, el conocimiento de los grandes tratados internaciones han de ir acompa&ntilde;ados de una capacidad cr&iacute;tica en el an&aacute;lisis del mercado y el comercio internacional, a escala general y espec&iacute;fica en el campo de los productos culturales y la circulaci&oacute;n de formas expresivas. La gran influencia de la industria cultural y el gran volumen de negocio que aportan, y aportaran en el futuro, no puede dejarse al margen de la capacitaci&oacute;n de los gestores culturales, tanto en su visi&oacute;n econ&oacute;mica como en el significado y trascendencia que puede tener en nuestras culturas.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">La gesti&oacute;n de proyectos de cooperaci&oacute;n exige trabajar y negociar permanentemente con contrapartes, socios o colaboradores de diferentes realidades nacionales a trav&eacute;s del instrumento del proyecto de cooperaci&oacute;n. Din&aacute;mica que necesita de sistemas de corresponsabilidad y cogesti&oacute;n que permitan el desglose de la acci&oacute;n del proyecto en actividades compartidas y resultados conjuntos. Para que una cooperaci&oacute;n tenga sus propios valores (solidaridad, igualdad, etc..) es imprescindible un trabajo de conjunto (co) para actuar desde la diferencia hacia un objetivo com&uacute;n (operar), a este fin se han de desarrollar sensibilidades y habilidades para que la cooperaci&oacute;n se d&eacute; en una relaci&oacute;n entre iguales sin ning&uacute;n tipo de jerarquizaci&oacute;n. Habilidades de trabajo en equipo pero tambi&eacute;n formaci&oacute;n actitudinal que ha dar sentido a una cooperaci&oacute;n real que aporte todas las dimensiones de los valores de la diversidad cultural</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Y por &uacute;ltimo es necesario desarrollar una competencia en interpretar las consecuencias de las decisiones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas que se suceden cotidianamente, a escala local como global. Esta competencia se orienta a la necesaria identificaci&oacute;n de los aspectos que pueden incidir en la gesti&oacute;n de la cultura y las repercusiones de situaciones m&aacute;s generales con consecuencias sobre las culturas y la diversidad cultural.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana"> </span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><strong><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">3. Competencias en el campo de la gesti&oacute;n en red culturales y proyectos de cooperaci&oacute;n.</span></strong><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana"></span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">En este itinerario de concreci&oacute;n, no queremos terminar estas reflexiones sin aportar una primera aproximaci&oacute;n a un nuevo tipo de competencias surgidas de los nuevos contextos y las consecuencias de la sociedad de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n. En este proceso de integraci&oacute;n de nuevas pr&aacute;cticas hemos de incorporar la importancias que est&aacute;n adquiriendo, y tendr&aacute;n en el futuro, las habilidades de trabajo en red, que podemos concretar en las siguientes:</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Habilidad en el trabajo en la metodolog&iacute;a de trabajo en estructuras en red interna de la organizaci&oacute;n como a escala externa de diferentes realidades</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Habilidad en la b&uacute;squeda de informaci&oacute;n de todo tipo en contextos geogr&aacute;ficos amplios.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Habilidad de establecer contactos y relaciones con otras redes y la b&uacute;squeda de socios para proyectos de nivel supranacional.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Conocimiento de las redes culturales y art&iacute;sticas existentes. Redes de cooperaci&oacute;n territorial a escala local, nacional y regiones geopol&iacute;ticas de nivel internacional. Competencia de trabajar en redes sociales y comerciales</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Comprensi&oacute;n de los conceptos de empresa / organizaci&oacute;n red y de los nuevos m&eacute;todos de producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de productos culturales en estos contextos.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Conocimiento de los aspectos jur&iacute;dicos del trabajo en red: legislaciones, derechos de autor, copyright, etc. </span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Competencia de establecer contactos con estructuras variadas que participan en las redes. En el &aacute;mbito de redes con participaci&oacute;n de organismos p&uacute;blicos hasta niveles de organizaciones no gubernamentales. Selecci&oacute;n de socios contrapartes.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Capacidad de valorar, diagnosticar e interpretar los fen&oacute;menos de transnacionalizaci&oacute;n y el trabajo en red</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Conocimiento de las formas de lo que denominamos nuevas diplomacias transversales y populares a partir del establecimiento de espacios de cooperaci&oacute;n sin la participaci&oacute;n de las estructuras del estado-naci&oacute;n cl&aacute;sicas. Diplomacias de las ciudades, cooperaci&oacute;n interregional, cooperaci&oacute;n transfronteriza, etc.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Sin pretender llegar a conclusiones podemos finalizar estos apuntes de acuerdo con los objetivos iniciales; Es necesario una reflexi&oacute;n con profundidad de las aportaciones y cr&iacute;ticas que la cooperaci&oacute;n cultural internacional sugieren a los perfiles y formaciones de la gesti&oacute;n de la cultura. Tanto en su nivel de nuevos contenidos y orientaciones a la formaci&oacute;n, como en una nueva dimensi&oacute;n del papel de la cultura en una sociedad en globalizaci&oacute;n, donde nuevas habilidades y actitudes de los profesionales de la gesti&oacute;n cultural pueden transformarse en grandes herramientas para una mayor incidencia de la cultura a una sociedad m&aacute;s justa y equitativa que desarrolle todos los valores que la diversidad cultural nos sugiere.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">En estos enfoques pretendemos provocar un debate abierto para aprovechar todas las oportunidades que la cooperaci&oacute;n cultural internacional nos ofrece para revisar nuestras miradas internas y nuestras practicas habituales. Una ocasi&oacute;n que puede producir algunos cambios y adecuaciones al sector cultural.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt"> </span></p>  <h3 style="text-align: justify"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Notas:</span></h3><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana"><a href="http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric02a05.htm#2">(2)</a> LAMO DE ESPINOSA, E. (1996) : <em>Sociedades de cultura, sociedades de ciencia,</em> Madrid. Ed Nobel.,</span>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana"><a href="http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric02a05.htm#3">(3)</a> Hemos de diferenciar el concepto amplio de cultura desde diferentes perspectivas y aportaciones disciplinares del sector cultural entendido como un campo de acci&oacute;n de las pol&iacute;ticas culturales, el mercado cultural y la vida cultural de nuestras sociedades</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana"><a href="http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric02a05.htm#4">(4)</a> Como dice Baumann, Z (2001): La sociedad individualizada, C&aacute;tedra, Madrid</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana"><a href="http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric02a05.htm#5">(5)</a> Usamos el concepto de anacr&oacute;nico desde la perspectiva que no se ha adecuado a los cambios como han hecho las organizaciones del sector productivo o de los servicios.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><strong><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Alfons Martinell Sempere</span></strong><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana"></span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Profesor Titular de la C&aacute;tedra Unesco Pol&iacute;ticas Culturales y Cooperaci&oacute;n de la Universidad de Girona.</span></p>  <p style="text-align: justify" class="texto"><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana">Presidente de la Fundaci&oacute;n Interarts. Especialista en formaci&oacute;n de gestores culturales.</span></p><p style="text-align: justify" class="MsoNormal">&nbsp;</p><p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt"><a href="http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric02a05.htm" title="OEI"> Art&iacute;culo de Pensar Iberoam&eacute;rica. Revista de Cultura de la OEI</a> </span></p>  <p style="text-align: justify" class="MsoNormal"><span style="font-size: 10pt"> </span></p>]]></description><pubDate>Mon, 18 Dec 2006 14:32:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
